El cuento de Ramón Illán Bacca

Patricia Iriarte presenta este miércoles, en La Cueva, el documental que muestra su vida y obra.

En principio, la vida de Ramón Illán Bacca gira alrededor de la literatura. Incluso, esa vida puede ser la literatura misma, al punto en que ciertos límites desaparecen. En Cuéntanos, Ramón, documental dirigido por la poeta y periodista Patricia Iriarte, la idea toma una relevancia particular: hombre y obra coinciden en un lugar compartido.

Para Iriarte, que financió el documental con una beca de creación de la Alcaldía de Barranquilla, el proyecto tenía sentido desde hace tiempo. Aparte de proponerlo para la serie “Trópicos”, de Telecaribe, tenía buenas razones para pensar en él. “Lo obvio es que el personaje es atractivo, interesante y divertido”, afirma. “Pero —agrega—, aunque Ramón fuera un señor aburrido, valía la pena, por el valor de su trabajo literario”.

Estaban los libros. En un gesto que tal vez define su naturaleza, el documental aborda la literatura a la par de la vida. Como partes indistintas de una unidad. “Era necesario, y uno de los objetivos era dedicarle un buen tiempo a la obra”, dice Iriarte. “Había que aprovechar para mostrarle a la gente esas otras cosas y enseñarle y atraerla”, agrega. La elección de hablar de esa obra fue significativa. Además de darla a conocer, le daban valor a un universo que casi siempre parodia las cosas trascendentales. Justo como pasa en ese Caribe que representa Ramón, un hombre que navega entre Debussy y el cine mexicano de los cincuentas.

Algo de eso sufrió Iriarte. Parte del reto era el retrato. Captar al hombre espontáneo. Lograr que la alegría pareciera alegría. “Me di cuenta de que no íbamos a obtener algo valioso si lo sentábamos a hablar en una entrevista formal, muy programada”, dice. “Había que capturarlo en momentos en que aparentemente no estuviéramos trabajando. Entonces había que tener la cámara lista todo el tiempo, porque no sabíamos cuándo iba a soltarnos algo irreemplazable”.

Y entonces hubo instantes memorables. En el Parque Cultural del Caribe, en el espacio dedicado a los escritores de la región, el nombre de Ramón está entre Gabriel García Márquez y Marvel Moreno. Patricia, que está junto a él, observándolo, lo advierte y le dice. Ramón responde con parquedad y timidez: “es por la edad”. La humildad de la respuesta lo refleja muy bien: el escritor apenas leído en su ciudad es, con mucho de justicia poética, reconocido entre los grandes nombres.

Ramón es eso. Y también algunas preguntas fundamentales (¿se puede escribir literatura desde el periodismo?, se cuestionaba cuando estaba por abandonar su carrera de abogado). Y acaso un epítome —generoso, angular— de una ciudad en la que es poco viable hacer literatura. En el documental hay, en todo caso, cierta dicha. Cierto ánimo festivo. La certeza de que, después de todo, ya nadie podrá volver a escribir este cuento.

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