El filósofo de la moda

Este invitado especial a la XXIII Feria del Libro ha intentado comprender las lógicas del consumo, de lo efímero y lo banal y se ha adentrado en las  contrariedades de nuestro tiempo.

Gilles Lipovetsky puso los ojos donde la academia siempre vio vacuidad y ligereza, quiso entender por qué de repente vivíamos en una era en la que los principios de la tradición se habían roto y los principios a celebrar eran la novedad, el presente, la juventud y la belleza. En su primera obra bautizó nuestros tiempos como La era del vacío (1983), luego vio en la moda un lugar privilegiado para comprender cómo funcionan las sociedades, la economía y hasta la política actual, entonces sentenció: “La moda dejó de ser algo periférico para ser hegemónico y determinar todos los procesos sociales”. Unos días antes de su llegada a Colombia como invitado especial a la Feria del Libro de Bogotá para el coloquio Lipovetsky y los tiempos de lo efímero, los días 16 y 17 de agosto en el auditorio José Asunción Silva de Corferias (con el apoyo de la Embajada de Francia). El Espectador entrevistó a Gilles Lipovetsky en París y habló sobre moda, consumo y dilemas femeninos.

¿Por qué cree que ha habido un rechazo sistemático a ver la moda como un objeto de estudio?

Cuando empecé a estudiar la moda rápidamente me di cuenta de que era efímera y que se podía vincular a la modernidad, de hecho fue Baudelaire el primero en tratar de buscar en la moda un significado profundo de lo que somos y no mirarla como un aspecto frívolo. Entendí que la moda hablaba de algo fundamental de nuestra civilización, de la dinámica de la modernización, y del recrudecimiento del individualismo. Comprendí que hoy en día todo el universo del consumo está estructurado por sus principios y se convierte en un objeto de estudio tremendamente importante, y no simplemente una cosa para las revistas y los magazines femeninos.

En su libro ‘El imperio de lo efímero’ asegura que la moda va más allá de un tema de clases, ¿qué es eso que alienta a una sociedad a cambiar el vestido?

La razón esencial es la búsqueda de una ganancia. Si usted guarda eternamente las mismas formas no hay necesidad de cambiar, pero si usted hace pasar de moda las cosas permanentemente, usted crea nuevas necesidades. El teléfono portátil cambia de estilo en ocho meses, más rápido que la ropa, en los años 50 mantuvimos por lo menos 30 años el mismo estilo de teléfono. Entonces es evidente que desde la perspectiva industrial la moda es una fuente de rentabilidad. Pero eso no lo explica todo.

No es sólo el capitalismo que empuja, también hay en la sociedad individualista un deseo del cambio, porque cambiar da placer, procura sensaciones de excitación, impresiones nuevas, el individuo moderno se aburre en la repetición, es un obsesionado de las novedades, la novedad tiene en seguida una perspectiva positiva y nos procura una sensación de cambio como si permaneciéramos eternamente jóvenes.

¿Podremos algún día decir que ya no necesitamos consumir?

De pronto un día, pero no mañana, para mañana será todo lo contrario, es el planeta todo entero que va a entrar en una dinámica loca de consumismo, porque los individuos estamos creciendo en la lógica del hiperconsumismo. Gran parte de la población americana está expuesta a esta lógica, pero todavía en China, en India, en África, hay miles de personas que aspiran a entrar en el ciclo del consumismo y no lo han hecho. En los países europeos hay corrientes que dicen que se debe detener este movimiento vertiginoso porque no nos trae nada bueno, yo comparto esa idea, pero es necesario entender que en el resto del mundo no lo piensan así, ellos no quieren salir sino entrar.

¿Vivimos en una verdadera democratización del lujo?

Sí y no. Es innegable que existe una tendencia a la democratización del lujo en los pequeños accesorios, los perfumes, las cosas de baño, todo eso está ampliamente democratizado, pero cuando uno habla de democratización del lujo es algo que uno tiene que repensar. Cuando uno es pobre o de clase media no considera el lujo como una opción. Soy de un medio muy modesto y cuando era joven no sabía nada del tema del lujo. Hoy, en cambio, no hay un joven que no conozca las marcas de lujo. Hay una democratización de los nombres y las marcas, ellos los conocen porque los ven en los medios, entonces existe el deseo de esa apropiación.

En su libro ‘La tercera mujer’ usted habla de cómo confluyen lo moderno y lo tradicional en las mujeres de este tiempo...

Cuando empecé la investigación me di cuenta de que los hombres y las mujeres no se movían hacia un modelo homogéneo ni convergente, pensé, por ejemplo, que las ideas de belleza de los años 50 cambiarían, pero si bien las mujeres hoy en día desempeñan cargos políticos y tienen autonomía de su cuerpo, mantienen la prioridad de la dimensión estética. Ella es la que más consume cosméticos, está más a la moda, no hay concurso de belleza para los hombres como para las mujeres, las mujeres conquistaron la autonomía y la libertad, pero están todavía aferradas al rol estético que han asumido a lo largo de los siglos y la misma cosa pasa con la crianza de los hijos, ella es la que tiene el rol principal. Todos los estudios muestran que la gestión de una casa y el mantenimiento de los hijos está aún en el 80% en las mujeres en todos los países, sin excepción. Es muy interesante pensar en la combinación entre la modernidad, el pasado y el presente.

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