Petrona Martínez: "El bullerengue disipa las penas"

'Las penas alegres' relata la vida de esta cantaora entre chalupas, puyas, son de tambora, porro y hasta un vallenato.

Las penas alegres es el título del nuevo trabajo musical de Petrona Martínez, con el que confirma no solo su enorme creatividad para la composición, sino también sus virtudes interpretativas. Su voz suena ahora más clara y sus versos cargados de nuevos relatos sobre su vida.

Ahora sus letras, ya nos las compone mientras saca arena del arroyo, una actividad a la que renunció hace más de cinco años. Ahora esas letras llenas de sentido y tradición se le vienen a su cabeza mientras adorna las pequeñas faldas que cose para sus bisnietas Norys y Vismaida. Eso también la hace muy feliz, porque luego puede disfrutarlas y reírse a plenitud, mientras ve cómo bailan, cuando ella entona sus cantos en medio de un ensayo en la terraza de su casa en Palenquito.

“Yo coso ahora solo para mi nietas chiquitas, y la bisnietas, cojo los retazos que me quedan de las polleras que me hace Francio, mi hermano y mi costurero, y le corto sus polleritas. Como Francio me cose mis uniformes, y lo único que yo hago es ponerle el retoque del encaje y los detalles de los adornos, ahora en medio de ese trabajo es que se me vienen los versos a la cabeza, por eso cuando siento ganas de componer una canción cojo mi máquina, y ahí sale algo”, dice Petrona con una enorme carcajada.

A sus 71 años, y con este trabajo discográfico, Petrona Martínez regresó de una corta gira de conciertos por Chile y Argentina, en los días que el país celebraba su independencia. “Es una gran alegría haber llevado mi música, a Santiago de  Chile, y Buenos Aires, donde hice dos conciertos con un teatro lleno de gente alegre, entusiasmada. Los músicos, haciéndome una broma me decían, ‘¡Oye Petrona, cuídate, que te anda buscando la Policía de Argentina!’ y yo no sabía por qué, ya un poco enojada les dije, ‘Ajá, ya está bueno, y por qué me va andar buscado la Policía, y ellos entonces se echaban a reír y me respondían: ‘Por que te robaste el show completito, Petrona”.

En el  tema que da nombre al CD: Las penas alegres te refieres a tus alegrías por un lado y las  tristezas, por el otro, las que se disipan si hay bullerengue para bailar.   ¿Qué tan cierto es eso en tu vida?

La verdad es que cuando compuse esa canción yo estaba sufriendo mucho porque mi hijo Alvarito, quien era mi tamborero,  se iba para Bogotá, buscando nuevos caminos, además tenía otro problema aquí en familia con mis hijas, porque yo crié a mis hijas unidas, muy consentidas, pero bueno crecen y ahora una vive por allá, la otra por acá, otra en Cartagena, y como ya son mujeres grandes quieren como dispersarse… y yo vivía muy acongojada por ese problema. Un día cualquiera, saqué la maquina y me puse a arreglar  las falditas de las nietas y comencé a cantar… “Con qué se alegran mis penas… con qué disipo mi llanto… hablo de la vida ajena… y me alegro con mi canto”. Eso es la pura verdad, uno cantando se alegra la vida. Si tú tienes una pena y te pones a cantar, a escuchar la música que te gusta, la pena se va disipando, es como una medicina,  eso fue lo que me pasó a mí con esa canción, después le puse más versos y ahí está Las penas alegres.

Ese bullerengue que se titula El cangrejito, lo había escuchado algunas veces aquí en tus ensayos, hasta que decidiste grabarlo.

El cangrejito yo lo tenía para cantarlo, sólo para mí. Ese es un bullerengue que cantaban las señoras de aquella época cuando yo era una pelá (niña). Se cantaba cuando iban a hacer la rueda del bullerengue, así como si fuéramos a comenzar a ensayar que se ponen todos como en círculo, y la primera canción que se cantaba era ésa, El Cangrejito, ellas decían que era pa’ calentar. La primera decía una frase, la otra, otra frase, y así iban, el cangrejito va frase con frase. Desde hace unos meses, comencé a practicarlo con mis hijas Nilda y Joselina, las tres, pero de la misma forma que la cantaban mis tías y mis abuelas, y hasta la soltamos (cantaron) entre las tres en una tarima, pero la verdad, era un tema que yo sentía que debía cantarlo sola.

¿La chalupa El congo no va a mi roza es una canción muy alegre que recuerda apartes de tu vida?

El Congo no va mi roza es una canción que hizo Cayetano Martínez, mi papá.
Mi papá me dice que El congo no va a mi roza es la biografía de mi nacimiento. Resulta que cuando él vivía con mi mamá, mi mamá lo aborreció desde que quedó embarazada, y se fue de la casa, fíjate que por eso es que yo soy hija única de papá y mamá, yo no tengo otros hermanos de papá y mamá, tengo hermanos por parte de mamá y hermanos por parte de papá. Lo que pasó es que él, Cayetano Martínez, era muy parrandero, era cantador, bailador, le gustaba andar en la danza de negro, cuando él se iba pa’ esas parrandas, que se perdía varios días, mi mamá se ponía a llorar. Cuando regresaba mi papá la buscaba y todo eso, hasta que ya mi mamá se aburrió cuando cogió barriga de mí (quedó embarazada). Vinieron las maluqueras, le fastidiaba y cogió sus cosas y se vino de Evitar para San Cayetano y no quiso saber más nada de él.

Otra de las grandes sorpresas es escucharte cantar vallenato, ¿Cuál es la historia de ese son, titulado Gavilán?

Ese vallenato lo compuse en memoria de mi hijo Luís, ya fallecido. Lo que ocurre es que cuando él estaba joven era muy enamorado, todas las muchachas le gustaban y andaba en Malagana, se iba para Montería, de donde es su papá, cogía para Arjona, Turbaco, Cartagena, y entonces yo lo regañaba mucho y le decía ‘tú lo que quieres es andar de picaflor aquí y allá’, pero no me paraba bolas (prestar atención), por eso dejó hijos por todo esos lugares. Y me comencé a decir: ‘Lucho anda como el gavilán pollero’, o sea detrás de las palomas para comérselas.  Y de pronto me nació la canción esa del Gavilán.

¿Pero te salió como bullerengue o como vallenato?

Yo comencé a cantarla como un vallenato. Eso para mí no es raro, porque yo tengo también la vena del vallenato. Eso viene del lado de mi mamá, porque Abel Antonio Villa, el Negro, acordeonero, tocaba de maravilla, y cantaba vallenato, era primo hermano de mi mamá, que se llamaba Otilia María Villa, mi mamá es de los Villa de Maríalabaja, por parte de su papá. Por eso es que canto ese vallenato, era una venita que tenía escondidita.

La varita de Maria Angola, que presentaste en el Carnaval de Barranquilla, como sencillo, es uno de los temas más rumberos de este CD, ¿cuál es la historia de esta composición? 

La historia de esa canción tiene que ver con mi hija Mayo. Ella decía que yo por qué no le componía una canción que la mencionara.  Entonces me puse a pensar que cuando hacían las carreras de caballo en San Cayetano, cortaban unas varas que le decían dizque María Angola, para azotar al aire, para que el caballo sintiera y corriera, entonces le compuse la varita de María Angola a ella, a mi hija Mayo. Y la pongo como si yo la mandara a hacer un mandado y se demora, y entonces yo tengo en la mano la varita de María Angola, pero no para pegarle con esa varita, es para darle ya la consonancia a la canción y a la vez buscarle la rima. 

El tema La encuera, que me parece muy divertido, muestra otra faceta en tus composiciones,  esta vez con una carga de humor. ¿Qué te inspiró esa composición?

(Risas) Me río porque la gente me pregunta como así que eres la encuera, y me da mucha risa. Ese tema lo hice hace tiempo cuando por acá andaban unos políticos en campaña. No voy a mentar ningún nombre, para no favorecer a nadie. Entonces estos políticos me dijeron que les prestara el patio mío para hacer una reunión… yo se los presté. Y resulta que uno de ellos se dio cuenta que yo tenía unos tambores en la sala, y me dijo que esos tambores de quiénes eran y yo le dije que yo cantaba, que era cantadora y me pidió que le cantara algo, comenzamos a cantar y a tocar. Él me dijo “hombre, pero esos temas hay que grabarlos”, y le contesté que no tenía recursos, y él me dijo que me iba a ayudar y que me iba a conseguir un estudio en Cartagena, el tiempo paso, y yo pensé que eso era promesa de político, y un día, me llamó y me dijo que me tenía el estudio listo, que me fuera enseguida para Cartagena, que saliera rápido, y yo le dije que tenía que arreglarme, buscar los músicos, y él me dijo “vea no se ponga con tanta vuelta, véngase enseguida así sea encuera” y yo lo que me imaginé era saliendo encuera por toda Cartagena (risas) imagínese. Luego hace como un año, cosiéndole una pollera a Noris, se me vino el tema a la cabeza, y después decidí que la Niña, mi hija Joselina Llerena, tenía que cantarlo.

Veo una mayor participación de tu hija Joselina en este CD, ella había cantado otros temas como Iguana, por ejemplo, en un CD anterior, pero esta vez siento que su voz suena más libre, más segura, vigorosa.

Claro que sí, la Niña lleva a mi lado muchos años cantando bullerengue y ha ido mejorando, ya se suelta más, su voz está cogiendo más forma, pero lo más importante es que  ahí está asegurada la tradición de la familia de las Martínez.

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