De este a oeste con Barenboim

Daniel Barenboim y la orquesta West-Eastern Divan, el domingo en Bogotá.

Por unos segundos Daniel Barenboim cambió la batuta por el micrófono. Lo hizo con conocimiento de causa y antes de interpretar el bis con la orquesta hizo lo que muy pocos directores hacen: explicar las razones por las que tocaría una obra y no otra. Ocurrió en el Festival de Israel, en Jerusalén, hace casi una década y con todo el auditorio en contra se atrevió a argumentar, en un hebreo fluido, por qué valía la pena escuchar La cabalgata de las walkirias, de Richard Wagner (1813-1883), el compositor favorito de Hitler, gran responsable del Holocausto judío.

Ya Barenboim había hecho méritos para estar en la lista de los directores más importantes de la escena contemporánea, pues no cualquiera se puede dar el lujo de decir que reemplazó a Sir Georg Solti al frente de la Orquesta Sinfónica de Chicago, pero desde ese día el argentino no sólo escribió una página relevante dentro de la música como elemento de integración, sino que se convirtió en el conductor más osado del planeta. Después de su explicación, con mucha gente abandonando el auditorio, otro tanto unido en una sinfonía de improperios y el resto atento a lo que podía hacer este personaje trajeado de negro y con cabeza teñida de blanco, giró su humanidad, levantó los brazos y se olvidó de todo, hasta de su origen judío, su ancestro israelí y su nacionalidad palestina.

Él en su ser logra reunir a dos pueblos enfrentados por la tradición y la historia. Sin embargo, Daniel Barenboim fue más allá de la naturaleza y se le midió a equilibrar la balanza conformando una orquesta sinfónica integrada por instrumentistas palestinos y por músicos israelíes. En el medio estaría él para dar el equilibrio, no para homogeneizar sus pensamientos ni para desconocer que en la diferencia está el gran potencial de la humanidad. Así nació a finales de la década del 90 la orquesta West-Eastern Divan, en la que en la actualidad figuran libaneses, españoles y jordanos.

Esta iniciativa, gestada a la par con su amigo, el escritor norteamericano Edward Said, le valió al director el Premio Príncipe de Asturias en 2002 y dos años más tarde el Premio de la Fundación Wolf de las Artes de Jerusalén. Los reconocimientos no son su prioridad, lo suyo es la música, la denominada erudita y la llamada, a veces con desprecio, popular. Con ella ha logrado cambiar el destino de mucha gente y también ha tenido la oportunidad de demostrar que en el arte sonoro, a pesar de que no existan criterios iguales, no hay lugar para el conflicto.

Beethoven marca su retorno a Colombia después de más de cuarenta años de ausencia. En Medellín mostró sus habilidades con las Sonatas y ahora Bogotá será testigo de su madurez gracias a la interpretación de las sinfonías N° 6 y 7. Aquí, tal vez, no necesite micrófono, con su batuta será suficiente.

 

 Domingo 15 de agosto. 5:00 p.m. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo (Av. calle 170 N° 67-51). Informes y boletería: 5 93 63 00 y www.tuboleta.com.

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