El Premio Norma-Fundalectura se entregará este viernes

La escritora ecuatoriana Cecilia Velasco ganó con su novela ‘Tony’.

“Ya se sabe: siempre hay alguien que se llama Tony. Puede ser un gato o un perro o un personaje de alguna película, perfectamente alguien como el portero o el chofer. De alguna manera, Tony no es un nombre propio, sino un sustantivo común que nombra a una especie de sujetos que tienen las mismas características”. Así empieza el libro Tony, de la escritora ecuatoriana Cecilia Velasco, quien debuta en el mundo de la literatura con el reconocimiento del Premio Norma-Fundalectura 2010.

“Esta novela tiene que ver con varios personajes que están en un estrato de la población que por su edad, a mi parecer, son  de los mas maltratados, incomprendidos, humillados, incluso si se trata de familias acomodadas. La adolescencia sigue siendo una edad marginal y en la voz de Tony, de Pedro, Consuelo y Ale encarné esa rebeldía, esa lucha enemiga de las instituciones que se vive entre los 12 y los 14 años”, explica la escritora, quien creó varias voces narradoras, pero que usó a Tony como hilo conductor.

El jurado, que otorgó a esta novela de 139 páginas la versión número 15 de este premio, resaltó la estructura narrativa del texto, “que entrelaza las voces de los personajes y los diferentes relatos que componen la obra. Además, la autora logra construir una voz particular para cada uno de sus protagonistas, que aprenden a vivir en una realidad caracterizada por los dolores, las esperanzas, fortalezas y alegrías propias de Latinoamérica”.

El libro no sólo se complace en reproducir eventos propios de un barrio, de una fiesta, sino que también se adentra en eventos dolorosos que hacen pensar sobre el suicidio y los líos emocionales.

El lenguaje, de buena factura y estructura limpia, acerca al lector a un universo escolar que comparten los personajes, a sus ámbitos familiares y mundos privados, donde se muestran ambiguos, contradictorios, humanos. La historia logra además crear una voz juvenil muy verosímil sin la necesidad de recurrir a jergas y desparpajos. “Me parece un riesgo empezar a escribir una obra pensando en el público y teniendo en la cabeza que tal vez con ciertas palabras y tonos puedes congraciarte con éste. Busqué el humor como un lugar ideal para crear un tono fresco, escéptico, cínico”, explica la escritora.

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