"Los libros hablan entre ellos": Jaume Vallcorba

De visita por Colombia, el editor del sello español Acantilado habla de sus batallas por lograr un catálogo.

En 1982, la editorial Seix Barral publicó un libro que el misterioso escritor, ya muerto, Fernando Pessoa había escrito en cortes de papel, pedazos de periódicos y viejas facturas de mercado. Después de consignar breves y trastocadores pensamientos, Pessoa dejaba expreso en sus frágiles papeles: “Esto forma parte de El libro del desasosiego”.

Después de unos años de haber leído y releído ese escepticismo hechos literatura de Pessoa, un día Jaume Vallcorba, el editor del sello español Acantilado, se enteró de que en casa de unas tías del escritor portugués había aparecido otro baúl lleno de los inquietantes papelitos en donde aparecía otra gran parte de aquel libro hecho de fragmentos. “Yo quería publicar este libro —dice Vallcorba—, Pessoa era uno de esos autores, como Italo Calvino y Jorge Luis Borges, que no quería lamentarme por no tener en mi catálogo. Richard Sennett montó el libro con todos los fragmentos nuevos y a su vez corrigió los errores de lectura que había en el texto anterior”, cuenta el editor. Fue así como en 2002 apareció el libro de 603 páginas traducido por el lusitanista Perfecto Cuadrado bajo el sello editorial Acantilado.

Esta es quizá sólo una de las miles de historias y batallas que el editor del sello editorial Acantilado, -que tiene a autores como LevTolstoi, Peter Esterhazy y Michel de Montaigne-, ha librado para crear eso que él llama un espacio propio, un catálogo. “Hay libros que conversan más fácilmente con otros libros, y autores que conversan más fácilmente con otros autores, y autores que no, independientemente de su importancia. En mi catálogo todos los libros hablan entre ellos”, asegura este hombre que replica con vehemencia: “No le crea nunca a nadie que le diga que los libros no conversan entre ellos, si le dicen eso es porque probablemente no los han visto conversar, parece imposible, pero no, y autores que no han tenido entre ellos trato directo son autores entre los cuales hay unos profundísimos hilos de comunidad”.

El mundo de Jaume Vallcorba es uno competido, sabe él que ni siquiera los libros han podido hacerles el quite a las lógicas el mercado, y por eso ha dejado de sorprenderle que en los últimos años se haya vuelto práctica habitual, incluso usando como excusa los premios literarios, intentar robar autores de otras editoriales. “Pero pobres escritores con sus títulos regados por diferentes sellos editoriales, ver la obra en un catálogo le da visibilidad y eso era lo habitual de la edición en Europa. Creo que lo importante de un libro es que pueda ser ubicado en un contexto, es lo que estos días llamaba el marco, el marco que da visibilidad”, explica.

Vallcorba ve el libro como un instrumento, su ideal es que el libro sea como una especie de pantalla de cine en la que la historia que se nos explica se proyecte con nitidez sin que el espectador esté siendo todo el tiempo consciente de la existencia de esa pantalla. En otras palabras, todo su arte que sabe de tintas y ph del papel para hacer libros exquisitos tiene que ver con que el soporte desaparezca a favor del mensaje que ahí se lleva y que se pueda establecer un diálogo con el autor y el texto en total libertad.

“Los detalles son fundamentales, ahí radica la importancia. No sé distinguir el fondo de la forma, por ejemplo, si estamos en un restaurante y vamos a pedir un pescado maravilloso y tenemos que comerlo de pie en cubiertos de plástico no sería igual que si nos lo comiéramos en una vajilla por humilde que sea y con cubierto de metal —comenta Vallcorba—. Bueno, yo pretendo servir en platos de porcelana textos que merecen la pena ser leídos”.

El editor catalán aún no tiene ningún autor colombiano en esa inmensa lista de libros que ha editado. Alguna vez intentó llevar a su universo editorial al aforista y filósofo Nicolás Gómez Dávila y no se pudo, “fue una especie de disgusto absurdo”, recuerda y añade: “Pero de todos modos si mañana apareciera un autor colombiano que me fascinara, lo publicaría, pero insisto, no pienso en términos nacionales”.

De la novela al ensayo y por supuesto pasando por la poesía Vallcorba ha querido organizar un espacio en el que los géneros han desaparecido en razón de un diálogo fructífero. Añora aquellos tiempos cuando la enseñanza en poesía entrenaba la memoria y hacía que se familiarizara con la rima y la métrica, pero aunque sabe que eso ha quedado en el pasado, no puede más que sorprenderse cuando libros como El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami, logran récords en ventas. “En realidad la poesía lírica interioriza, y cada vez vivimos más en un mundo que busca exteriorizar. La diversión ya no es algo que relaciones con la vida interior, sino con una exteriorización chillona, es bailar, estar saltando, tomar cerveza; no parece que divertirse sea leer un libro de poemas, pero quisiera decir que lo contrario a lo divertido no es lo serio, es lo aburrido y esas son dos cosas distintas”.

 

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