Derrumbes del poder en grafito

La nueva serie de la artista Nohemí Pérez, titulada 'Babilonia', centra su atención en construcciones arquitectónicas símbolos del poder económico.

La artista plástica Nohemí Pérez (Tibú, 1962), egresada de la Escuela de Artes Plásticas de Barranquilla y Mención del Salón de Agosto de 1987, presenta una nueva propuesta relacionada con la ciudad y el espacio urbano, temas que han estado presentes en toda su obra y con los cuales reafirma y subraya su interés hacia una propuesta con directas implicaciones sociales.

En los años 90 la artista trabajó una serie de dibujos y pinturas sobre calles imaginarias de urbes, así como otra sobre perros callejeros y escenas nocturnas de avenidas abandonadas. Ahora, en la nueva serie titulada Babilonia centra su atención en construcciones arquitectónicas emblemáticas y megaproyectos símbolos del poder económico.

En muestras anteriores, la artista había explorado el tema con dibujos en carboncillo y pinturas que mostraban la tendencia de las ciudades de elevar edificios cada vez más altos. Los rascacielos no sólo son símbolos de poder económico, también lo son de la lucha sobrentendida por tener el edificio más alto, con construcciones que buscan alcanzar el cielo.

Pero en el caso de Pérez existe una contradicción, pues sus representaciones de edificios realizados en grafito, surgen en algunos casos de espacios surrealistas; en otros, se derrumban o se hunden.

Objetos solitarios

Algunos evocan a la vez tragedias, como la del 11 septiembre con el colapso de las Torres Gemelas de Nueva York. Igualmente figuran en sus esculturas para pared, réplicas a escala simplificadas de grandes construcciones, como la Torres Petronas, de Kuala Lumpur en Malasia; el Taipei 101, de Taiwán; los edificios Chrysler y el Empire State, de Nueva York, y también los edificios Coltejer y Colpatria de nuestro país, entre otros.

Estas nuevas piezas en grafito son un vuelco total en su trabajo que enfoca su camino más cercano a la figura tridimensional. Son 15 esculturas para pared en pequeño formato y una pieza de grandes dimensiones que incluye formas de 12 edificios o una docena de nuevas ciudades, con un nuevo orden, que incitan a pensar, según dice ella, “en el poder inclinado, cansado o hasta pidiendo perdón”.

Su mirada y preocupación

Le interesa no sólo el material sino también el proceso de realizarlas, debido a la estrecha cercanía que tiene el grafito con el papel y el dibujo. Esta secuencia se completa con cuatro obras de mediano formato talladas en carbón y 12 dibujos recientes sobre el mismo tema. Aluden simultáneamente a la presencia de niños mineros que trabajan como carboneros desde corta edad y a los cuales actualmente se les enseña a tallar el carbón para que, lejos de estar dentro de las minas carboníferas, puedan realizar, como en la mina de Tópaga (Boyacá), pequeñas obras manuales y artesanales para su sustento.

Para la artista es una metáfora y un mirar de una forma distinta a los que trabajan en las minas, pues, afirma, “sobre sus hombros está apoyado el poder económico y es con su esfuerzo que se construyen edificios reales”. Recalca que para ella es importante mantener las tonalidades unificantes de gris y negro en todas y cada una de las obras de esta nueva serie.

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