Un S.O.S. por los escenarios

Después de celebrar 15 años de existencia, el Teatro R101 enfrenta el riesgo de perder su sede en Chapinero.

Todo empezó en el Salón 101 del bloque R de la Universidad de los Andes. Cada tarde un grupo de estudiantes con vocación de actores sacaban una a una las sillas del aula para ensayar sus montajes. Así recibió el nombre este grupo de teatro, que empezó de la mano de Hernando Parra, su actual director, y Álvaro Franco (actor de Teatro Studio).

Sin embargo, ni la falta de sede ni la deserción de muchos de sus miembros por razones económicas puso en tanto riesgo el teatro como hoy, 15 años más tarde, cuando la sede en la que llevan nueve años está a la venta. “Llevamos cinco años buscando financiación para comprar la casa. Tenemos cómo pagar, pues somos una sala autosostenible que tiene programación siete días a la semana, tenemos 11 franjas de programación. Somos los únicos que programamos a medianoche”. No obstante, a las entidades financieras no les basta un ingreso fijo cuando se trata de corporaciones sin ánimo de lucro y mucho más del sector cultural, agrega el director.

Ahora que la venta de la casa es un hecho (el propietario no tiene relación con el grupo ni con el sector teatral), se corre el riesgo de que esta sala concertada tanto con el Ministerio de Cultura como con el Distrito desaparezca, pues encontrar y adaptar otra sede y obtener todos los permisos es una tarea titánica, “más aún ahora con el decreto que exige a los teatros cambiar sus pisos de madera y cumplir requerimientos fuera de toda lógica”, continúa Parra.

“Más allá de un grupo sin sede, lo que revela nuestra situación es un problema en la política de infraestructura teatral del país. Pues debería haber mayores políticas de apoyo, tener opciones como créditos blandos o entidades que crean y confíen en que la cultura paga —afirma el director—. Ahora estamos lanzando un S.O.S. al sector para que a través de un plan de negocios podamos financiar la compra de la casa por $900 millones, que es su valor. Sería una lástima que Bogotá perdiera un espacio que se ha conquistado para el teatro”.

La historia no es nueva, el Teatro Petra no ha podido construir un centro cultural, el Teatro Libre vivió una de sus peores crisis tras la compra de la sede de Chapinero y ahora muchas salas se enfrentan a las nuevas exigencias del decreto Acuerdo 304, que de cumplirse hará obsoleto el término “Las tablas” para hacer referencia a los escenarios. El S.O.S. es para todos éstos.

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