Tragaluz viaja a Frankfurt

Pilar Gutiérrez y Juan Restrepo Rivas son los creadores de un sello editorial que explora las formas de la encuadernación y el diseño de libros. Su catálogo de poetas y cuentistas los convirtieron en representantes de la industria nacional.

Su oficio es reinventar las formas del libro. Doblar las hojas y ver que creando una especie de acordeón son posibles otras formas de lectura, recubrir con una tela y unos cordones las cubiertas finas de un libro de poemas para que el tacto acompañe a la cabeza mientras viaja por la metáforas indecibles, llenar de pinceladas un espacio vacío como insinuando que sí, que la ilustración, oficio desdeñado por los grandes emporios que quieren letras pequeñas y bajos costos, pueden darle una dimensión visual a la ficción. La pequeña editorial paisa Tragaluz reinventa los libros para reinventar el ejercicio mismo de leer y explora el horizonte más certero de la supervivencia de los libros.

Pilar Gutiérrez y Juan Restrepo Rivas, los dos escritores que fundaron la editorial en 2005, no hacen más de cuatro libros al año, sería imposible que una trabajo que requiere coser a mano —con técnicas japonesas— cientos de páginas demandara menos tiempo. Editan un máximo de 500 ejemplares  por tiraje. El primero, el libro de Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo, que en principio se lo regalaron a los amigos para antojarlos de su arte, va ya para su cuarta reedición.

Saben que en un mundo en donde el iPad conquista a tantos lectores, sus libros, que hacen que el gozo estético sea inseparable del gozo intelectual, pueden estar menos amenazados. “Éramos conscientes de que el mercado estaba invadido por unos libros muy parecidos, anónimos, y queríamos darle al lector un valor agregado único”, explica Pilar Gutiérrez.

Es quizás esa celebración continua de lo que es el objeto libro y el cuidadoso catálogo que recoge a los poetas Jaime Jaramillo, Eduardo Escobar, Meira del Mar, artistas como Débora Arango, cuentistas y ensayistas, lo que los ha hecho merecedores de la invitación del Instituto Goethe de Argentina para que vayan como representantes de las editoriales independientes nacionales a la enorme Feria del Libro de Frankfurt.

Además de contar con un estand, que compartirán con otras cinco editoriales independientes de Latinoamérica, el 8 de octubre los editores de Tragaluz hablarán en una conferencia titulada “Latinoamérica, un panorama actual”, en la cual abordarán las formas como estos ejercicios editoriales exigentes y de tiempos lentos pueden pervivir a largo plazo. “Este es un sector que tiene muchas falencias. Generalmente las editoriales son de estructuras muy pequeñas que concentran una interdisciplinariedad de trabajos en un sola persona y que, además, a pesar de ser empresas privadas, no tienen planes de negocios fuertes para sobrevivir por sus propios medios, sino que están esperando, con la excusa de estar en el sector cultural, que el gobierno les ayude”, dice enfática Gutiérrez.

Pero más allá de los números, Tragaluz ha logrado que gente distante de los versos compre un libro seducido por su carátula y su forma, y luego, después de un tiempo, termine inmerso en los mundos populares de Jaime Jaramillo. ¿No se trata de eso a la final, de que el libro sea una eficaz herramienta para recorrer mundos soñados?