La poesía épica de HANNAH COLLINS

La artista inglesa presenta ‘La revelación del tiempo’, una muestra de películas y fotografías que desafían la idea del documental.

Hannah Collins no es una artista de estudio. Su concentración no se da dentro de cuatro paredes. Lo suyo es andar, recorrer, hablar, observar, escribir, salir y entrar. Su creación se da en la vida misma. Su inspiración está en el pulso de la gente y su habitar en el espacio, en cómo la arquitectura la moldea y viceversa. Su mirada se sitúa en el postigo de la puerta, su lente entra con cautela por una ranura al pasado, a la memoria y al cotidiano de seres reconocidos como marginados, emigrantes, exiliados y nómadas. Personas que se pasean por la línea de la tangente. Ellos son los sujetos de su producción artística más reciente que cobran vida en imágenes de gran formato vinculadas a películas proyectadas en grandes pantallas. Con respecto a la magnificación de la imagen, Collins confiesa que prefiere que el espacio domine al espectador a que éste domine la obra.

A pesar de que Hannah Collins se inició como pintora, una beca estudiantil en Estados Unidos le amplió el horizonte del arte y le puso los nuevos medios al alcance. “Un día tomé una cámara de placas sin saber nada de fotografía, después haría unas proyecciones sobre la pared… Experimenté con las posibilidades de los medios del momento y hasta ahora los he venido ampliando porque me dan muchas capas, muchas posibilidades”, confiesa la artista.

El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, ordenó hace poco la evacuación de campamentos ilegales, prioritariamente los de gitanos. Son justamente este pueblo errante y enigmático del que se ocupa Collins en su proyecto La Mina. La artista se desplazó a una zona de Barcelona habitada por la comunidad gitana. Después de un año de investigación y de haber logrado cierto acercamiento con los gitanos, durante tres semanas de filmación recogió 14 horas de metraje con película de 35 mm.

 El resultado es una película que dura 40 minutos desplegada en cinco pantallas seguidas, en la que el espectador deambulará de una proyección a otra para escuchar y ver situaciones diferentes. En esas imágenes se evidencian las relaciones entre las personas, la posición de los niños dentro de la comunidad, el significado de la muerte y las reglas del luto, su visión de la ley y la justicia, el sistema de educación, sus tradiciones populares, música y rituales y la diferencia entre los gitanos nómadas y los que viven en la estrechez de un apartamento citadino.

Imágenes como la de un hombre que no ha tocado su trompeta durante 10 años por cumplir con las reglas del luto o como la de dos mujeres adolescentes hablando sobre la virginidad y el sexo aparecen en la pantalla. Todas las tomas documentan la realidad, pero al mismo tiempo han sido recreadas. “Yo me integro mucho cuando estoy trabajando y a pesar de eso tengo un espacio de intermedio, como si fuera una coreógrafa. Tengo un grupo de gente con la que trabajo donde hay un director y actor que guia a las personas de la película”, afirma.

La mirada de Collins no es la capturada, es intencionada, construida y artística porque todas sus tomas han sido alimentadas con un guión y otras responden a una acción performática. Las personas actúan de sí mismas y ahí reside la diferencia entre el documental y la obra de arte, teniendo en cuenta que últimamente el valor de una filmación ha disminuido por la facilidad de poder hacerla en cualquier momento y por cualquiera. Acerca de esta obra, Collins asegura que lo importante es que le deja sentir al que observa quién es en su propia cultura y lo pone en relación con otra. “Es contemplar esta cultura durante 40 minutos y salir con un conocimiento. No has entrado, has visto. Quiero reforzar la situación del espectador”, sentencia.

La artista lleva 20 años viviendo en Barcelona y su interés en los gitanos de las afueras de esta ciudad nació de la simple curiosidad que genera una sociedad totalmente segregada durante más de 500 años que ha logrado mantener su identidad. También nace de una constante en su obra, que es revelar la arqueología del espacio urbano, especialmente de aquél habitado por los desplazados o exiliados y seguir las huellas del pasado y la memoria que cargan los lugares. Collins espera generar en el espectador más que un pensamiento, un sentimiento.

Soledad y Compañía, Paralell, The road Mvezo, Transmigration son otros de los proyectos expuestos que darían más páginas para escribir.

El arte de Collins está ahí más para generar preguntas que para dar soluciones. Es una muestra exigente por la variedad de temas y de tiempos. De igual manera, la gran pregunta que recorre su quehacer artístico tiene un objetivo claro: “Resolver mi propia relación con el mundo, con la memoria, con mis temores. Mis proyectos son como novelas o poemas”.

Sobre la artista

Hannah Collins nació en Londres en 1956. Empezó su carrera como escultora y pintora, pero su preocupación por el espacio la condujo al mundo de la fotografía. En los años 80, se trasladó a Barcelona y en la actualidad se mueve entre la capital catalana y la británica.

En el ámbito internacional, la artista se dio a conocer como pionera en el género de fotografía de gran formato.

Algunas de sus obras están albergadas en La Tate Gallery de Londres, en la colección de la fundación La Caixa (Madrid), en el Museo de Arte Reina Sofía (Madrid), en el Banco de España (Madrid), en el Victoria and Albert Museum (Londres), en el Macba (Barcelona), La Maison de Fotografie (París), entre otros.

¿Dónde y cuándo?

“El museo es un espacio fantástico para exhibir arte. Tiene un ambiente especial que lo hace ideal. Hay espacios interconectados que posibilitan que las ideas y las obras se puedan interconectar. Para mí es idóneo y es uno de los mejores espacios en los que he mostrado mi trabajo”, afirmó Hannah Collins sobre el Museo de Arte Moderno de la Universidad Nacional, donde se lleva a cabo su exposición. La muestra estará abierta hasta el 27 de noviembre y se puede visitar de Martes a sábado. 10:00 a.m. a 7:00 p.m. Entrada libre. Ciudad Universitaria Cra. 30 N° 45-03. Entradas peatonales: carrera 30 y calle 26. Tel.: 316 5521.

El cruce de caminos con Ferran Adrià

Lulo, una serie de fotografías, también forma parte de la muestra, más como un asterisco por su coyuntura con Colombia. Las imágenes que siguen el rastro de esta fruta colombiana, desde sus orígenes hasta su transformación en el plato, conforman un proyecto editorial al lado del célebre chef Ferran Adrià. Durante un año recorrió todo el mundo en busca de 32 ingredientes escogidos por Adrià que tuvieran una identidad muy especial. Así, Collins descubrió, a través de ingredientes singulares, lugares recónditos, al mismo tiempo que experimentaba los sabores de los frutos raros que da la tierra. Las fotografías de las anémonas de Cádiz, las rosas de Ecuador, el ajo negro de Japón, la miel de Italia, el lulo colombiano, entre otros, llenarán las páginas de un libro que se lanzará en 2011. La planta del lulo le pareció casi como venenosa, por su carácter agresivo, sus espinas y la belleza de sus flores moradas intensas. “Estuve en el campo colombiano, de un verde increíble, pero también cargado con la noción de peligro. Tuve que hacer una negociación con la naturaleza”, explica sobre su experiencia en el país.

Organizadores y curadores

La muestra, compuesta por seis instalaciones audiovisuales y varias fotografías, estará abierta hasta el 27 de noviembre y es organizada por la Universidad Nacional y producida por la Fundación La Caixa, en colaboración con el Museo de Arte de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural de la UN (DNDC). La curaduría estuvo a cargo de María Belén Sáez de Ibarra (directora de la DNDC) y David Campany (curador, escritor y experto en fotografía de la University of Westminster de Londres).

 

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