A prueba de balas

John Travolta regresa a la pantalla grande convertido en un agente de la CIA en un filme de acción del director francés Pierre Morel, recordado por 'Búsqueda implacable' (2008).

Un dúo caótico es el resultado de la combinación del recatado y metódico James Reece (Jonathan Rhys Meyers) con Charlie Wax (John Travolta), un norteamericano explosivo que actúa según su instinto, como cuando en una cena le dispara en la mitad de la frente a una pakistaní, quien —a los ojos de los asistentes— sólo pecó por contestar una llamada.

La película, dirigida por el francés Pierre Morel, más allá de tiroteos y conflictos internacionales, lejos de escenas de alto riesgo y bombas que se activan por doquier y le imprimen un ritmo frenético a la historia, se enfoca en las relaciones, ésas que se tejen por un sueño común y de las que los involucrados salen imitando comportamientos del otro.

Como un símil recargado de James Bond, pero impetuoso, mal hablado, calvo y con una debilidad por las hamburguesas de queso, Wax es la más grande amenaza para la ambición de James Reece: convertirse en agente secreto. O eso cree él. Reacio al comportamiento espontáneo, Reece parece ser una versión calculadora del Superagente 86 hasta que el juego empieza a irse en su contra. “Dispárale al maldito”, es lo que oye de su nuevo compañero, mientras se pregunta cómo a él, el asistente del embajador de Estados Unidos en Francia, le asignan trabajar con semejante sujeto.

“Reese tiene un imaginario sobre cómo debe lucir un espía, por eso cuando ve a Wax está hipnotizado porque no es lo que esperaba. Lo que esperaba era alguien correcto y ordenado, y lo que obtiene es un compañero que luce como un ciclista de Florida. Entonces Reese está conmocionado por conocer lo opuesto de lo que él pensó que iba a ser, tenía una idea preconcebida y se agrava cuando el mundo que él creía real se convierte en una pesadilla”, expresa el actor Jonathan Rhys Meyers, a quien se le hizo difícil hacer su primer película de acción.

Wax es producto de la interpretación del antiguo rostro de Brillantina, John Travolta, quien abandonó la chaqueta de cuero negra, los pantalones pegados al cuerpo y el peinado alto para ser el que impregna verdadera adrenalina al vaivén de situaciones aparentemente extrañas que tienen aturdido al personaje de Jonathan Rhys Meyers, quien, al contrario, causa gracia cuando carga un florero repleto de droga por todo París.

Con escenas de acción coreografiadas, donde cada movimiento se convierte en un baile imperceptible, pero que está tras cada pelea sangrienta, el desafío de Sangre y amor en París fue incluir el humor —con diálogos divertidos y sutiles— sin que llegara a trastocar las persecuciones, sacudidas, homicidios que el género reclama.

 

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