Trujillo, una herida que sigue abierta

La obra, que se estrena el 28 de este mes, lleva a escena la memoria histórica del país.

Han pasado 20 años y todavía esta semana los organismos de justicia hablan de reabrir los procesos judiciales por la masacre de Trujillo, Valle. Estos hechos, más de 300 muertes y desapariciones, que ocurrieron entre 1989 y 1991, se narran en El deber de Fenster, la obra ganadora del Premio Fanny Mikey 2009, que se estrena el próximo 28 de septiembre en el Teatro Nacional de la 71.

Más que una obra inspirada en hechos reales, el trabajo de dramaturgia de Humberto Dorado y Matías Maldonado consistió en poner la realidad con todo y documentos judiciales, testimonios, absurdos de la justicia y con el rostro de Daniel Arcila, única voz denunciante de Trujillo, sobre el escenario.

Optaron por convertir toda la verdad existente en personajes que llegan, a través del tiempo, a las manos de otro que tendrá que armar un rompecabezas que en nuestro país ni siquiera cuenta con todas las piezas. Ese hombre carga con un nombre más que simbólico Fenster (ventana) y nacionalidad alemana y es interpretado por Jairo Camargo.

Fenster, la única ficción de Dorado y Maldonado, se enfrenta en el año 2110 a un caso sin resolver sobre el que tiene que hacer un documental. Nicolás Montero, director, se enfrentó a la dificultad de poner en escena una obra en la que los papeles y los testimonios caminan sobre el escenario. Montero contó con el apoyo en la dirección de Laura Villegas a la hora de resolver las dificultades en el montaje: aparecieron pantallas y diseños multimedia que sirven de plataforma para el pasado. Fenster cuenta con el fantasma de Daniel Arcila (en realidad es su testimonio escrito que él visualiza) para darle orden a lo que no lo tuvo en la realidad.

Con este personaje, Jairo Camargo, quien empezó en el oficio a los 16, celebra 40 años de vida artística. “Adentrarse en el mundo de Fenster fue adentrarse en el mundo de la realidad que nos toca a nosotros. En el horror”, explica Camargo acerca de ese personaje, que además de cargar el dolor del holocausto nazi encima, tiene que desenmarañar parte del holocausto colombiano. “Yo creía saber algunas cosas de la masacre de Trujillo, pero no deja de dolerme el enterarme de otras y de ver la capacidad de destrucción del ser humano”. Camargo afirma que en realidad el personaje principal de esta historia es un manuscrito, “es lo único que quedó de Daniel Arcila y por esto lo que la gente encontrará es una historia que debe ser contada”.

Todo el camino hacia esta obra, ganadora en 2009 del Premio de Teatro Fanny Mikey, empezó cuando la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación invitó a Nicolás Montero a conocer Trujillo, a ver el monumento hecho a las víctimas y a proponerle que montara una obra de teatro basada en los hechos con los habitantes y familiares de las víctimas.

 Para Montero, esta propuesta no cumplía con el verdadero compromiso de ayudar a sanar una herida no sólo de la región, sino de todo el país: “De alguna manera, al saber que organismos del Estado hicieron parte de esta masacre, yo me sentía cómplice. Por eso sentí una obligación frente a las víctimas”, cuenta Montero, quien llegó trastornado. Cuando le contó su experiencia a Humberto Dorado, éste asumió el compromiso de escribir una obra que pretende empezar a saldar una deuda que tiene toda la sociedad colombiana con quienes fueron desaparecidos, torturados y asesinados mientras el resto del país miraba hacia otros parajes.