Sobre los lazos de sangre y los afectos

'Madre e hija' se estrenará el próximo viernes en Colombia y este martes en la noche es la premier de Cine Colombia y El Espectador.

“No soy como todas las mujeres, soy yo misma”, afirma con convicción Elizabeth. La misma frase podría salir de los labios de Lucy o de Karen. Estas tres mujeres son las protagonistas de Madre e hija, película que se adentra en el misterioso universo femenino que, más allá de caer en lugares comunes, abre diferentes caminos. El director y guionista Rodrigo García Barcha (Cosas que diría con sólo mirarla, 2000; Nueve vidas, 2005) retrata con profundidad a estos personajes que explora a través del lente revelando sus heridas dentro los pliegues de sus vidas.

Naomi Watts, Annette Bening y Kerry Washington hacen parte de este tejido de historias que se preguntan si un lazo de sangre es más fuerte que uno de convivencia o si la adopción es un proceso no natural. Más que una declaración, la película se cuestiona sobre los hilos familiares, sobre la maternidad,  las relaciones entre madres e hijos y las separaciones que depara el azar.

García Barcha logra llegar al centro de la emoción con un guión bien escrito, en el que las palabras y los silencios tienen su justo peso y el suspenso se mantiene. Se le suma su dirección actoral, que los mismos protagonistas aplauden por darles el espacio necesario para la creación propia. Durante un almuerzo en El Espectador, así respondió:

¿Qué fue lo que generó la historia?

Me interesaban esas personas que por alguna razón se ven separadas de su ser querido. Tienen que vivir con esa ausencia, puede ser por exilio, muerte, divorcio o lo que sea. Me interesaba la gente que no puede vivir con una persona porque se fue, pero tampoco lo han superado y no pueden vivir sin ella. Por eso separé a la madre de su hija.

Se ha dicho que usted tiene la clave para captar la esencia femenina, ¿qué dicen las mujeres cercanas a usted?

Hasta aquí oigo reírse a mi mujer. Está en Los Ángeles y estoy oyendo sus carcajadas. Ella diría que sí sé mucho, pero que igual como todos los hombres puedo ser desconsiderado, un egoísta y un cabrón. Yo tengo amigas mujeres, me llevo bien con ellas, las interrogo muy abiertamente, entonces ya están acostumbradas a que sea un metiche.

¿Qué hizo que se interesara más por los personajes femeninos que por los masculinos?

Las mujeres me interesan más en general (se ríe). Cuando escribía me salían mejor los personajes femeninos que los de los hombres, entonces seguí por ahí. De todas maneras no pienso en los largometrajes  como películas sobre la mujer o la feminidad. En este caso es una historia que trata sobre los efectos de la separación, sobre no poder vivir ni juntos ni separados. Uso personajes femeninos, pero no siento que sea una disertación sobre el mundo femenino.

Las adopciones, en el imaginario popular  están cargadas con tristeza o rareza. ¿Cuál es su conclusión después de sus investigaciones para hacer la película?

Ya no existe tanta vergüenza del embarazo no deseado o del embarazo adolescente que  terminaba en adopción.  La película se refiere más al viejo sistema en el que sí se escondía el embarazo y el bebé se entregaba a otros padres.

¿Cómo define su manera de dirigir?

El punto de partida es sentarse  con los actores  para  hablar del guión y estar de acuerdo  con los hechos y el desenlace de la historia. Hay que evitar historias de que en mitad del rodaje te digan “yo creo que no lo debo besar” (ríe). Si ya estamos de acuerdo en eso,  no les digo a los actores cómo deben vestir al personaje, cómo tienen que caminar o cómo hablar. Los actores son artistas y tienen que trabajar a partir de su imaginación. Si yo les digo todo lo que  quiero, mato su creatividad. Dejo que ellos actúen y reacciono a lo que están haciendo.

¿Cuando está escribiendo el guión tiene en su cabeza a los actores?

Trato de imaginar al actor de acuerdo con el personaje. No soy muy amigo de decir que vengan y se transformen. El actor tiene que proyectar algo muy cercano al personaje. Por otro lado, suelo llamar a los directores que ya han actuado  con ellos, para saber cómo trabajan.

 ¿Qué quisiera que la película generara?

Nunca hay un mensaje. No me interesan, pero sí hay ciertas cosas que la película tiene que lograr. Tiene que ser amena, interesante y provocadora. Sueño con que la gente piense: estas personas parecen  muy reales.

¿Hay alguna obsesión que recorra toda su obra?

Surgen diferentes formas con cada proyecto, pero con el tiempo me doy cuenta de que vuelvo a lo mismo, lo quiera o no, al tema de la relación de la persona con el ser querido, ya sea el padre, los hijos, el amante o  el esposo. Hablo de esas relaciones “ni contigo ni sin ti”. Ese efecto de estar atado a otra persona, quieras o no, es siempre  un tema.

¿Las actrices en Hollywood le piden interpretaciones para sus próximas películas?

A veces, si me cruzo con una, sí. Tampoco es que me cruce con tantas (ríe). El otro día me encontré con America Ferrera (Betty la fea americana) y me dijo que quería trabajar conmigo.  También he tenido un proyecto que quiero hacer y no he podido con Catalina Sandino. Es una excelente actriz. Tiendo a repetir con actrices con las que ya he trabajado, pero hay que combinar. En Madre e hija las tres fueron nuevas.

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