“ ‘Dos lágrimas’ me ha hecho llorar”

Después de ‘Lágrimas negras’, el cantaor español vuelve al ruedo  con la mezcla de flamenco y bolero.

Melena azabache y ensortijada que cae sobre sus hombros, tez morena y ojos profundos, carismática personalidad. Una figura que transmite pasión y vida, que ilumina, y no sólo por la impresionante colección de joyas de oro que adornan sus orejas, cuello, muñecas y dedos.

No hay duda. Diego Ramón Jiménez Salazar, mejor conocido como Diego, El Cigala es un gitano puro que impregna con su esencia rebelde y furiosa arrancando lágrimas de emoción.

En 2003, millones de personas enamoradas de su voz desgarradora y melancólica lloramos con sus Lágrimas negras, que vendió un millón de copias en todo el mundo. Hoy, cinco años después, El Cigala repite la fórmula, y vierte Dos lágrimas, un trabajo musical con 11 historias de amor y desengaño en el que vuelve a fusionar su arte flamenco, las coplas y las bulerías con los sones cubanos, los boleros, los tangos, los guaguancós y hasta el jazz latino.

El Cigala admite que este álbum “lo ha hecho llorar, pero que la recompensa y la espera han valido la pena”.  Está claro que este último año no ha sido fácil para él. Dos lágrimas, producido por el propio artista, estaba listo desde finales del verano de 2007 pero diferencias con su antigua casa de discos, retrasaron la salida. El Cigala decidió “romper con ellos” e iniciar una nueva etapa “libre de fechas y calendarios”.

Así,  10 meses más tarde de lo previsto, Dos lágrimas se lanza al mercado. Lo hace bajo el sello del cantaor, Cigala Music, y de Gran Vía Musical.

El CD se vende con la edición dominical del diario El País, incluye un libro de 75 páginas en el que participan artistas y escritores, amantes de la música de El Cigala. Uno de ellos es el Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, quien se declaró fascinado con el disco, “'Diego, esto es lo mejor que me ha entrado por el teléfono en los últimos años. Me gusta mucho y te voy a escribir dos cosas”, recuerda el artista: “era algo como que las lágrimas de El Cigala le han hecho emborracharse unas cuantas veces”.

Cuando El Cigala canta, sus manos no se pueden quedar quietas. Tampoco pueden hacerlo sus deseos de crear, de innovar para mostrar un estilo único que, con gran éxito, ha enriquecido al duende del flamenco, tan propio de sus orígenes gitanos.


Nacido hace 40 años en el humilde barrio de Lavapiés en el corazón de Madrid, Diego Ramón, el niño que se paseaba entre los tablaos en los que cantaba su padre, siempre tuvo claro cuál sería su futuro, “yo tenía 9 años cuando me subí a un escenario con un micrófono, una batería y una guitarra. Me bajó mi madre corriendo, y me dijo, a ti qué te pasa ?”.

Lo que le sucedía era inevitable. Llevaba la música en la sangre, una pasión que aprendió de su tío Rafael Farina, uno de los grandes artistas de la copla española.

Luego de acompañar como cantaor a las más grandes figuras del flamenco como Camarón, Tomatito o Vicente Amigo, El Cigala estuvo listo para comenzar su andadura solo. En 1998 lanzó su primer disco, Undebel,  y tras cuatro trabajos más de inspiración flamenca; un viejo pianista cubano se cruzó por su camino para cambiarle la vida.

El encuentro de Bebo Valdés y El Cigala, bajo la complicidad del director de cine español Fernando Trueba, que fue el productor del disco, dio paso a un verdadero fenómeno musical. Con Lágrimas negras, el príncipe gitano y el veterano pianista recorrieron, durante tres años, escenarios de España, el resto de Europa, Estados Unidos y América Latina, despertando furor y delirio entre sus seguidores.  

Pero como nada dura para siempre, el extraordinario Bebo Valdés, cercano a sus 90 años, dejó a su joven amigo en libertad para continuar su fusión flamenco-cubana sin él. Valdés, le dio su bendición y El Cigala, partiendo casi de cero, inició la búsqueda de nuevos socios para reeditar sus emotivas mezclas.

Finalmente, encontró a algunos de ellos en Alemania. A otros, en Cuba. Poco a poco,  su nuevo grupo empezó a tomar forma: al piano, el sabio maestro Guillermo Rubalcaba, quien participó en discos como Afro Cuban All Stars con Ibrahim Ferrer y Orlando López “Cachaíto”. Para acompañarlo, la voz de Reinaldo Creagh, cantante de la Vieja Trova Santiaguera con quien interpreta el tema Compromiso; en el acordeón, el francés Richard Galliano, discípulo aventajado de Astor Piazzola; y en la percusión, otros dos cubanos, Changuito y Tata Güines, quien falleció el pasado febrero a los 77 años, en su casa de La Habana, y no alcanzó a ver el disco publicado.

Con esta banda de “músicos perfectos”, como él los llama, El Cigala empezó a darle vida a Dos lágrimas, seleccionó los temas y entre todos, se embarcaron en un trabajo inagotable en el que los cubanos le trasladaron el espíritu del bolero, la forma como se interpreta en la isla; y el gitano lo llevó a su terreno, convirtiéndolo en un canto que suena casi a un lamento. Y es que en su voz, las versiones de clásicos como Dos gardenias - interpretado a ritmo de guaguancó-, Historia de un amor, Bravo o Dos cruces, se reescriben y parecen tener nueva vida.  

“El tema que más me ha hecho sufrir ha sido María de la O. Mis músicos me decían, tira la toalla y yo les respondía, no tiro la toalla. Nunca lo hago”, relata El Cigala al evocar el proceso de creación del disco que se llevó a cabo en el estudio Amor de Dios de Madrid. Y ese esfuerzo valió la pena porque la copla de Rafael de León emociona, como no podría ser de otra manera, hasta dejar a quien la escucha al borde del llanto.


El disco, grabado de forma simultánea, con todos los músicos presentes para guardar la intensidad del momento, está lleno de sorpresas. Una de ellas es el Caruso de Lucio Dalla, del que El Cigala, se enamoró al escucharlo en la voz del gran tenor italiano Luciano Pavarotti. Lo grabó con la estructura de un tango argentino y quedó encantado, “Pavarotti, quién mejor que él para aspirar al alma de uno, y lo hemos hecho con mucho respeto y mucha educación”.

El Cigala no se considera un hombre con suerte. Defiende que es un luchador por la verdad, “tocado” por la voluntad y la justicia de Dios. “Siempre he hecho la música que he querido, como he querido y cuando he querido”, precisa.

Su equilibrio, más allá del arte, lo encuentra en Amparo, su mujer desde hace 18 años y en sus dos hijos, Dieguito, de 11, y Rafaelito, de 3, quien a pesar de su corta edad, dice su padre, se sabe todo el disco y lo canta sin parar, “ellos son mi fuerza, mi baluarte, mis pilares”, y convencido concluye, “me gusta estar con mi familia, y también lo necesito”.

Se confiesa llorón, y no es por aquello de sus discos, de sus lágrimas, sino porque su naturaleza flamenca, la que surge de la verdadera música que brota del corazón, lo ha hecho así: “son muchas las cosas que me hacen llorar, mis hijos, mi madre, lloro también muchas veces al ver como está el mundo y cuando estoy un poco de nivel bajo”.

Pero no hay que equivocarse, las lágrimas de este gitano, de alma desafiante, no son señal de debilidad. La templaza de El Cigala, pasión pura dentro y fuera de los escenarios, está demostrada. Su vida no ha sido un jardín de rosas y tras muchos altibajos, excesos y desórdenes, hoy cree estar viviendo los momentos más dulces. 

Uno de ellos le llegará muy pronto, el 15 de septiembre, cuando este genio y figura del flamenco, comience a grabar un disco con la soprano catalana Montserrat Caballé, una de las más respetadas cantantes de ópera del mundo, “yo estoy muy emocionado porque la admiro muchísimo”, señala. Harán una gira juntos y actuarán, al lado de grandes estrellas de la música como Sting y Bon Jovi, en un concierto benéfico que se cumplirá en Berlín en una fecha aún por definir.

Como si esto fuera poco, lo espera la  gira que lo llevará a recorrer medio mundo para promocionar sus Dos lágrimas. Con él viajarán los nuevos miembros de su grupo encabezados por el maestro Rubalcaba, quien a sus 84 años, y como ya lo hizo el maravilloso Bebo Valdés, vivirá, al lado del artista gitano y de su música, una recién adquirida segunda juventud. No se hable más, a preparar los pañuelos porque El Cigala, el que canta con el alma y con furia, rebelde y hasta enfadado, está de vuelta. La espera ha terminado. 

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