El artista de la basura

<p>Este importante icono del arte norteamericano, que trabajaba con lo que encontrara en la vida cotidiana —botellas, empaques, entre otros—,  realizó en su vida más de seis mil obras artísticas.</p>

El artista americano Robert Rauschenberg murió de un ataque cardíaco el pasado lunes 12 de mayo, a los 82 años de edad, en Florida, Estados Unidos. Su obra artística más conocida y por la cual es recordado, son los ensamblajes de objetos encontrados, basura la mayor parte de las veces, pegados sobre lienzos pintados. Quizá por necesidad, pero también por deseo, Rauschenberg aprovechó todos los materiales que tuviera a su lado: botellas de Coca-Cola, periódicos viejos, pedazos de muebles, pelotas viejas, llantas de carro, zapatos, trapos...

El artista enfrentó su juventud con una situación económica precaria; sin embargo, su recursividad no se debió solamente a ese factor: celebraba la belleza de los objetos que lo rodeaban, y consideraba desdichados a aquellos que pensaban que una botella o un envase para el jabón de lavar platos eran feos, pues en la vida siempre estamos rodeados de ellos. Rauschenberg poseía una imaginación incansable. Sus trabajos, tachados de irreverentes, fueron las raíces de lo que luego se llamaría las instalaciones.

Simultáneamente, mientras trabajaba en la decoración de vitrinas y diseños de vestuario y escenografía para teatro, desarrolló sus collage. Cierto día de 1955 retiró el tendido de su cama y lo colgó verticalmente. En la parte superior sujetó la almohada y esparció sobre el conjunto algo de pintura. Sin temores llamó Cama a su creación. Con su celebrado trabajo Monograma, que consiste en una impresión sobre una tira de papel de 670 metros de longitud, de las huellas de las llantas de un automóvil Ford impregnadas de pintura negra, intentaba parodiar el trabajo Cremallera, de Barnett Newman.

En los collages volvió popular la técnica del transfer. En este proceso se toman imágenes impresas, se ponen boca abajo sobre la superficie a la cual se van a trasladar y con disolvente de pintura, se frota el anverso de la imagen hasta que las tintas se ablandan y se transfieren a la nueva superficie. Es una especie de calcado. Estos collage están casi siempre atiborrados de información visual. Preguntarse por el significado de cada uno de ellos tal vez no sea la pregunta adecuada. Son otras las preguntas que deberíamos hacernos frente a éstos.


En 1953, Rauschenberg pidió a Willem de Kooning un dibujo, en el estilo más identificable de este último artista, el que borró completamente y lo enmarcó. ¿Qué se propuso? No es fácil interpretar su acción. ¿Fue un juego?, ¿pretendió desacralizar la obra de arte?, ¿fue un performance?, ¿insinuó que podía mejorar la obra del otro?, ¿realizó una acción deconstrutiva, en la que se va del todo hacia la nada? No lo sabremos… Lo que sí sabemos hoy es que su acción sentó un precedente en el arte.

Influencias

Antes de Rauschenberg, los dadaístas habían encontrado potencial poético en casi todo objeto que los rodeara. Marcel Duchamp había puesto bigotes a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci; Kurt Schwitters, Jackson Pollock y Willem de Kooning habían realizado trabajos similares, pero en un tamaño menor; Joseph Albers, uno de los creadores de la Bauhaus, quien fuera su profesor, intentó educarlo en el uso de la cuadrícula, tal parece, sin éxito. El famoso músico experimental John Cage fue su gran amigo, y se influenciaron mutuamente. Al vacío como asunto del arte llegaron John Cage y Rauschenberg simultáneamente, pero por distintos caminos.

Antes de Rauschenberg, Alexander Malevich había hecho sus cuadros de pintura blanca sobre blanco y de pintura negra sobre negro, pero sus blancos apuntaban a otro blanco: los visitantes, al pasar frente a su obra, veían sus sombras proyectadas sobre la blancura del cuadro; los paseantes se convertían así en parte de la obra, la completaban. Con similar objetivo, John Cage presentó su pieza musical Cuatro minutos, treinta y tres segundos. Cage se sentaba frente al piano y permanecía inmóvil sin tocar una sola nota durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. El público asistente escuchaba los ruidos de la sala, las toses y los murmullos de la gente. El vacío, propuesto como obra, es aquí llenado con acciones de la vida cotidiana.

Una de las ideas predilectas de Rauschenberg fue la de colmar el vacío entre el arte y la vida. Éste debería ser el propósito de todos los artistas, decía. En su plan de diluirlos, diluyó también los límites tajantes entre la pintura y la escultura, entre la pintura y la fotografía, entre la escultura y la tecnología. Se asegura que su productividad e inventiva eran casi comparables con los de Picasso. Robert Rauschenberg realizó más de seis mil obras artísticas. No descansó nunca, ni después de haber quedado con la mano derecha paralizada, a causa de un infarto. Fue un artista decidido, siempre en busca de nuevos caminos de expresión. Su obra también despierta, todavía, reacciones negativas. Rauschenberg las reconocía, y ante ellas afirmaba que todo lo que un artista hiciera se podía convertir en un atropello al sentido estético para alguien.

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