La última acrobacia de Damien Hirst

Es uno de los artistas plásticos vivos más ricos del mundo y el que mejor ha logrado cotizarse en el mercado internacional del arte.

Damien Hirst es la persona más destacada y emblemática del grupo denominado Young British Artists (Jóvenes Artistas Británicos), expresión que surgió en 1992 a partir de una serie de exposiciones en la galería londinense de Charles Saatchi, quien lanzó a muchos artistas a la fama bajo su patrocinio.

Eran reconocidos por su capacidad de choque, por crear polémica y por utilizar materiales poco comunes.

Desde entonces, Hirst ha tenido un gran despliegue mediático y es bien conocido por sus obras controversiales, entre ellas la colección de ‘Natural History’, en la cual presenta animales, vacas, ovejas, tiburones, entre otros y los sumerge enteros o diseccionados en unos tanques llenos de formol. Es algo así como el desembarco del Arca de Noé disecada y embebida en líquido químico. Una de sus obras más célebres mundialmente es The physical impossibility of death in the mind of someone living ( La imposibilidad física de la muerte en la mente de un ser vivo), que consiste en un tiburón sumergido en un tanque con formol, que pertenece al millonario Steven Cohen, y que desde el año pasado lo prestó al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, donde permanecerá por tres años.

Quizá nadie haya manejado la escalada de precios de sus obras tan bien como Hirst, quien a veces pareciera más un experto en fondos bancarios que un artista. En el 2004 el artista batió el récord en el mayor precio pagado por una obra de arte contemporáneo de un artista vivo con Cofre de medicinas (Medicine chest, en la exposición Lullaby Spring), que consiste en 6.136 pastillas individuales pintadas, por 19 millones de dólares, en la casa de subastas Sotheby’s en Londres. En el 2007, Hirst logró superar su anterior venta con su trabajo Por el amor de Dios, una calavera humana real incrustada completamente en diamantes. Fue fabricada por uno de los joyeros londinenses más prestigioso y parece ser que ha sido la pieza encargada más costosa desde las joyas de la corona británica. La pieza fue adquirida por un grupo de inversión desconocido por el valor de 114 millones de dólares. Hirst, a su vez, es un gran coleccionador y el año pasado pagó 30 millones de dólares por un cuadro de Francis Bacon, por el cual siente una profunda admiración e influencia.

Hace poco compró una casa victoriana en el condado inglés de Gloucestershire, por un costo de 6 millones de dólares. La casa, que se encuentra en proceso de restauración, albergará un futuro museo donde piensa exponer la mayoría de sus propias obras  y las adquiridas. Ésta será sin duda la labor de su vida, su obra máxima.

Sus obras conceptuales son provocativas y perturbadoras y se inspiran en la mortalidad, en la naturaleza, en la iconografía farmacéutica, en los ciclos de la vida debatiéndose entre la ciencia y la fe. Viaja por los extremos, entre la decadencia y la belleza clásica.  Damien Hisrt, muchas veces apodado el niño terrible del arte británico, ha dado y dará de qué hablar. Cada instalación, cada obra pareciera más arriesgada que la anterior y muchos se preguntan si su genialidad se basa en efectismo o si realmente es genuina.

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