“Un consentido de Dios”

Defender la memoria del ídolo mexicano no es  tarea fácil para Lupita Infante.  Hoy, tras 57 años de la muerte del padre, la familia vive el duelo de la desaparición de Pedro Jr.

México no se resigna a perder a Pedro Infante. Ha transcurrido más de medio siglo desde su muerte en un accidente aéreo y el Carpinterito de Oro o el Ídolo de Guamúchil, como lo bautizaron sus seguidores, sigue en los primeros lugares en ventas. Pocos cantantes consagrados venden más de 50 mil copias al año. Pedro Infante sobrepasa los 100 mil. Lo que equivale a dos Discos de Oro. Pero eso no es todo.

En 2007, durante el cincuenta aniversario de su fallecimiento, el número de homenajes en toda la República sobrepasó los 250. Su hija, Lupita Infante Torrentera, asistió a casi 200 de ellos. Desde que la gente comenzó a pedirle que cantara las canciones de su padre, no dejan de llover las invitaciones a que se suba a una tarima a interpretar temas como Que suerte la mía, Amorcito Corazón, Yo no fui, Cuando el destino.

Lupita es hija de Lupita Torrentera, madre también del recién fallecido Pedro Infante Torrentera. Una bailarina que comenzó a vivir una intensa historia de amor con Pedro Infante cuando apenas cumplía 14 años. La hija es quien ha tomado las riendas de los negocios familiares relacionados con Pedro Infante y la que libra todas las batallas legales que parecen de nunca acabar.

El Espectador habló con Lupita una semana antes del luto familiar por la muerte el pasado miércoles de su hermano mayor Pedro Infante Jr., cuando recibió la estatuilla y los aplausos en nombre de su padre durante el homenaje que se le rindió en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

¿Por qué los mexicanos añoran tanto a Pedro Infante?

Es un amor inmenso el que la gente siente por mi papá. Llevo muchos años tratando de descubrir ese misterio maravilloso, ese fenómeno que es Pedro Infante. Mi papá era un hombre consentido de Dios. Él muere de 39 años, pero creo que hizo de todo aunque no alcanzó a cosecharlo. Cada 15 de abril, en el Panteón Jardín, se reúnen más de 10.000 personas de Centro y Suramérica, de España. Es impactante.

¿Qué fue lo que enamoró al público?

Siento que fue un hombre muy honesto. Que se daba completamente. No podía ver sufrir a alguien porque se paraba y le resolvía su problema. Tengo millares de anécdotas. Yo comencé a investigar quién era mi papá a los 17 años. Ya tengo 57. Mi mamá estaba casada y no podíamos hablar de él, ni de sus películas. Tenía una fotografía escondidísima. Así que me casé para salir pronto de mi casa y poder investigar quién era mi padre.

¿Su mamá les prohibía hablar de él?

Era pecado mortal. Aunque siempre nos presentaron como los hijos de Pedro Infante. Jamás nos cambiaron el apellido.

¿Qué recuerda de su padre?

Quince días antes de morir le pidió a mi madre que nos dejara pasar 15 días con él. Nos llevó a Mérida, que era su paraíso personal. Esos días me dejó dormir con él, y como tenía apenas cuatro años, me hacía pipí en la cama y pensaba que me iba a matar porque era la primera vez que dormía con él, pero en la mañana se carcajeaba y decía: “Ya se le salió el agua a esta chaparra, vengan a cambiarla”. Ya grande, un día entré a un centro comercial y le dije a mi mamá “aquí huele a Pedro Infante”. Mi mamá me dijo: “Tú qué vas a saber a qué olía Pedro Infante si tenías cuatro años cuando murió”. “Pues aquí huele”, le dije. Nos acercamos al lugar de la tienda y había una loción Yardley, que mi papá usaba, y mi mamá se puso a llorar.

¿De lo que recuerda y cuentan amigos y familiares, qué tan diferente era el personaje del hombre de carne y hueso?


Si me preguntas en cuál película se parece más el hombre al actor, te diría que en Los tres huastecos. Porque mi papá necesitaba ser tres personas a la vez. Para mí fue difícil establecer hasta dónde iba la realidad y hasta dónde la ficción. A los 17 años me puse a ver películas de él para conocerlo mejor.

¿Cómo marcó su destino ser la hija de Pedro Infante?

Totalmente. Ha sido maravilloso. Pero tengo una hermana que sí lo sufrió. Y también a un hermano que le costó mucho trabajo. En la escuela me sentaban a un lado, la maestra me decía que tenía diez porque era la hija de su Pedrito.

¿Cómo se convierte en cantante?

Tomé las riendas del Panteón Jardín gracias a que mi tío José me dijo que sólo un hijo de Pedro Infante podía cumplir esa tarea. Llegué y agarré las riendas de las celebraciones en torno a la tumba de mi padre, pero la gente comenzó a pedir que les cantara. Fue hace unos 15 años. Así que acabé vistiéndome de Maritoña y mi grupo Los Caporales se vestían con la ropa de mi papá. ¡Qué irresponsabilidad! Empecé con las coplas de Los tres huastecos. Empezaron incluso a contratarme por ser la hija de Pedro Infante. Yo recibo el amor de la gente.

¿Cuénteme esa historia de los hijos ilegítimos que cada año aparecen?

Una tragedia. Un dolor. Por eso dejamos de ir al panteón. Hace 10 años, más o menos, llegaban al panteón unos 40, sin exagerar, además parecidos a Pedro Infante, porque mi papá creó un estilo, el bigotito igual, las entradas, el uno de motociclista, el otro de charro. Somos cinco hijos registrados de tres señoras diferentes. Nos registró sin divorciarse jamás, así que no había razones para pensar que no registrara también a los otros. Hasta que sale el maravilloso ADN. Y les dije: “¿Saben qué? Este año que viene tengo un programa de televisión que va a pagar las pruebas de ADN. Pero no se vuelve a subir al templete el que no tenga el ADN de mi papá”. Al año siguiente no se apareció ninguno. Los cinco hijos registrados nos adoramos y no hay problemas entre nosotros.

¿Y esa otra historia de un hombre que se hace pasar por Pedro Infante?

Mi hermana Irma me habló y me dijo: “Hermana, voy a cantar en un lugar, quiero que vengas porque va a cantar alguien que dice que es Pedro Infante”. Fuimos con mi hermano hasta allá. Y en eso, se me acercan y me dicen que no se va a presentar el señor. Que iba a pagar la multa. Y yo dije para seguir el juego: “Díganle a mi papá que aquí estoy para verlo”. Pero no me dio la cara. Mucha gente me decía: “Estuve con tu papá, lo vi, estuve con él, platicando”. Yo me lo explicaba pensando que era gente ignorante. Pero eran tantos los rumores que alcancé a dudar a pesar del parte médico oficial de su muerte. Entre esos días me habla María Laria de Miami y me dice que hay un señor que dice que es Pedro Infante. Para entonces ya lo había mandado a investigar, mandé sacar el acta de nacimiento. Era de Lerdo, Durango, cinco años menor que mi papá. Se llama Antonio Pedro Borjón. Tengo hasta contratos de él por 10.000 dólares haciéndose pasar por Pedro Infante. En el programa con María Laria, él nos dice: “Perdón muchachos, yo soy un imitador”.


¿El apellido Infante ahora es una marca registrada?

Mucha gente se enriqueció con Pedro Infante cuando estábamos pequeños. Por cosas de la vida, se me ocurre poner un Rincón de Pedro Infante, un restaurante y crear un tequila. Para todo eso tenía que tener registrado el nombre como marca. El restaurante se acabó porque me asocié con un ratero. Mi vida no ha sido fácil, pero no me importa, no quito el dedo del renglón. Registré el nombre sin dolo, sin malicia ni maldad, y de repente me arman un escándalo por volverlo marca registrada. ¿Por qué no voy a lucrar si soy su hija?

¿En qué consiste ese proyecto del museo sobre su padre?

Entre tanto problema decidí crear un museo. Comencé a recolectar las cosas de mi papá. Llegaba gente que ni conocía a venderme por cifras exorbitantes cosas que decían que eran de él. Pero me dije, ahora que puedo, y pude, voy a hacerme de las prendas más importantes de mi papá: la bata de Pepe el toro, el traje de Pueblo, canto y esperanza. Se lo compré incluso a las hijas de mi tío.

¿Cuál es la pieza más cara?

Uno de los artículos mejor avaluados es el traje original que utilizó en Tizoc, trae marcas de sudor, también la bata de Pepe el toro, porque forma parte de la identidad de la cultura popular mexicana, vale más de 200.000 dólares. El museo tiene unas 270 piezas. Más que llevar a Pedro Infante de una manea intelectual, la idea es llevarlo a la gente del pueblo.

Adiós a Pedro Infante Jr.

Tras una difícil agonía en un hospital de Los Ángeles, el actor y cantante Pedro Infante Jr. falleció el pasado miércoles primero de abril tras haber cumplido 59 años.

Mucho se dijo durante su enfermedad, primero por rumores que circularon sobre una posible tentativa de suicidio, versión desmentida por su familia. Luego porque se habló de una posible cremación para esparcir la mitad de las cenizas en California y la otra en México. 

Sin embargo, su hermana Lupita afirmó en declaraciones recientes que “se acordó de que los restos los llevemos a Querétaro, aunque aún estamos por definir la fecha exacta”.

Pedro Infante, hijo del ídolo mexicano y de la bailarina Lupita Torrentera, siguió los pasos de su padre y aunque no alcanzó el reconocimiento internacional del primero, sí fue muy querido en su país natal y trabajó en más de 200 producciones de televisión y cine. Los últimos años de su vida residió en California.

Infante por Carlos Monsiváis

Una vez más el escritor Carlos Monsiváis decide adentrarse en la vida de un ícono de la cultura popular mexicana, Pedro Infante. El próximo 15 de abril se conmemoran 52 años de su muerte y su nombre sigue haciendo retumbar el corazón de esta nación.

Las leyes del querer es, en palabras de Monsiváis, “un recorrido por sus películas, unas malísimas, otras excelentes, un recorrido por el sentido de sus canciones. El cine mexicano es una ideología que ahorra parlamentos y diálogos. Es también un recorrido por una etapa del cine mexicano que fue unitaria en sus temáticas y que fue la primera visión de conjunto que se tuvo de México como un país premoderno o moderno y que luego no llegó a posmoderno”.

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