Esto no es censura...

La obra de este colombiano, retirada de una muestra en Francia, reabre el debate entre límites a la libertad de expresión y respeto a ideas ajenas.

Cuando René Magritte presentó en 1929 la primera versión de su obra La traición de las imágenes, desencadenó una polémica a nivel artístico y sobre todo académico que aún da para que los estudiantes de semiología tengan tema para sus tesis de grado. Su pintura mostraba una pipa bajo la cual podía leerse la frase “Esto no es una pipa”. La contradicción fascinó de inmediato; igual su explicación: no era una pipa, sino la imagen de una pipa.

La obra volvió a ponerse de moda el pasado abril, cuando en el anuncio de la exposición “Magritte en el Grand Palais de París”, la pipa de la pintura fue reemplazada por un sombrero. Como en 1929, hubo polémica: la legislación francesa prohíbe la publicidad basada en productos relacionados con el consumo de tabaco.

El fotógrafo colombiano Juan Pablo Gutiérrez partió de la idea de Magritte para su trabajo Nous sommes mal élevés, que él mismo no sabe si traducir como Somos maleducados o Nos educaron mal. Con este trabajo, Gutiérrez se presentó a la exposición “Living Alive”, que la Alcaldía del suburbio parisino de Vincennes organizó como homenaje a los 40 años de la Universidad de París 8. La exposición tenía además un sentido de desagravio: luego de las protestas de 1968, la sede de “París 8” había sido expulsada del territorio de Vincennes hacia el sector popular de Saint Denis.

“Pero una exposición de reconciliación comienza con un episodio de censura”, dice Gutiérrez, estudiante de máster en dicha universidad. Su hoja de vida incluye los premios fotográficos de la Universidad de Salamanca, el concurso mundial de la revista Photo France y el premio de Gran Reportaje de la revista Paris Match.

Su anterior exposición, “Niños y Tugurios”, presentada en 2008 dentro del Mes de la Fotografía de París, mostraba imágenes de la vida en los pequeños barrios de invasión que se han construido en los límites de la capital francesa. Para lograrlas, Gutiérrez pasó un año visitando en bicicleta varios asentamientos de familias rumanas en la Región Parisina. Su idea era acercarse a la confianza que logra un viejo fotógrafo conocido de la familia que va a retratar. Al igual que las fotografías, las críticas de Le Parisien y Paris Match mencionaron la puesta en escena que recreaba el interior de un tugurio. “No quería mis fotos que muestran una realidad muy dura expuestas en un salón de paredes blancas perfectamente iluminadas —dice Gutiérrez—. Quería que las personas sintieran la estrechez del espacio y el olor a orines de gato”.

—¿Había entonces una intención de denuncia en esa exposición? “Quería mostrar una realidad, pero más que la fotografía humanitaria, en la que una imagen provoca la compasión, me interesa la fotografía humanista, en la que la imagen rescata la dignidad de los personajes”.

—¿Y en Nous sommes mal élevés? “Quería dar mi opinión sobre algunos temas. Empecé por ahí”.

Maleducados

La obra consiste en una cabeza de maniquí envuelta en cintas de colores a la cual Gutiérrez clavó diez jeringas de 10 mililitros llenas con tinta de los mismos colores de las cintas. Al final de cada jeringa hay una o dos fotografías pegadas sobre fondo negro con una frase en francés. Para la pareja de un fisicoculturista y una modelo la frase es “Estos no son cuerpos humanos”, para dos centrales nucleares: “Esto no es energía”. Otra foto muestra un signo de dólar junto a un niño hambriento en África al lado de “Esto no es la equidad”. Esa fotografía es la más impactante, pero no fue el origen de la polémica.

—¿Se imaginó que poner al Papa junto a la frase “Este no es un hombre” terminaría por causarle problemas? “Sí, pero redacté un documento donde explicaba por qué lo había hecho. A partir de ese proyecto los profesores de la universidad y los representantes culturales de Vincennes estuvieron de acuerdo con mi proyecto”. Las demás fotografías muestran a Jesús y Mahoma, “Estos no son profetas”; a la Biblia y el Corán, “Esta no es la verdad”, y a los presidentes Bush y Sarkozy, “Estos no son humanos”.

En la última semana de mayo Gutiérrez entregó su obra en el Centro Cultural Coeur de Ville de Vincennes. Veinticuatro horas antes de la inauguración, recibió una llamada donde le informaban que la obra no sería expuesta. La explicación que recibió fue que Nous sommes mal élevés “atenta contra las instituciones y ofende el sentimiento religioso”.


Para Gutiérrez, la primera explicación tiene más peso siendo el alcalde Laurent Lafon miembro del partido del Nuevo Centro, políticamente de derecha y cercano al gobierno Sarkozy. “Fue una sorpresa, la obra ya estaba colgada. Apenas la noticia se hizo pública, comencé a recibir correos de apoyo. Desde mi profesores hasta la presidencia de la universidad estaban de acuerdo en que, al margen del contenido de la obra, era una arbitrariedad suspender su exposición a último momento”.

Gutiérrez no es el primero en usar un retrato del presidente como material para una intervención artística. Cuando Sarkozy era candidato, el colectivo Act-Up llenó las calles de París con el rostro del entonces ministro marcado con el eslogan “Vote por Le Pen”, como una manera de denunciar la identificación de algunas de sus ideas de campaña con las de Jean Marie Le Pen, líder de la extrema derecha francesa. En 2008, la editorial K&B lanzó un muñeco vudú con la figura del mandatario que, a pesar de la demanda en su contra, fue uno de los regalos de moda en la Navidad pasada. También el manifestante Herve Éon enfrentó una demanda por “Ofensa al jefe de estado” cuando intentó acercarse al presidente llevando una frase ofensiva escrita en una hoja.

En cambio Sarkozy se mostró públicamente a favor de la libertad de expresión al apoyar la publicación satírica Charlie Hebdo con motivo del juicio que enfrentó su director por haber reproducido las caricaturas de Mahoma aparecidas en el Jyllands-Posten. La importancia del derecho a la caricatura y la defensa de la laicidad fueron sus principales argumentos. El diario fue absuelto, pero despidió a Sine, uno de sus mejores caricaturistas, cuando en un dibujo se burló del matrimonio del hijo de Sarkozy con una heredera judía.

“¿Habría sido todavía peor si las cintas de la instalación de Gutiérrez llevaran los colores Blanco Rojo y Azul del país de los Derechos del Hombre?”, dice Philipe Nys, filósofo y profesor de la Universidad de París. “Me ofrecieron exponerla siempre y cuando retirara las fotos que hacían referencia a Sarkozy, Jesús y el Islam”, dice Gutiérrez. “Es decir, cinco de diez. Pero hay ciertas cosas que no puedo negociar, entre ellas la libertad artística. Esos son mis principios”.

Varios periodistas de medios impresos, como Paris Match, Le Parisien y Libération manifestaron su apoyo a Gutiérrez. La obra, que en Vincennes hubiera sido una entre otras, ha dado de qué hablar justo por no ser expuesta.

“Si un musulmán protestaba porque bajo la foto de Mahoma decía “Este no es un profeta”, yo podría decirle que efectivamente no era un profeta sino su representación, como Magritte. Pero la censura no deja espacio a esas visiones, porque considera que las personas no son suficientemente inteligentes y hay que pensar por ellos”, dice Gutiérrez.

Varias galerías han manifestado su interés por exponer la obra. Y mientras él organiza un viaje de seis meses a la India y China, donde continuará su trabajo retratando la vida cotidiana de los habitantes de los barrios de invasión, Nous sommes mal élevés, continúa expuesta en un muro de su casa.

La traición de Magritte no es una pipa

Esta obra del artista belga René Magritte (1898-1967) desencadenó una interesante polémica que sigue vigente aún hoy. Incluso el filósofo Michel Foucault dio tanta importancia a lo que Magritte había puesto en evidencia, que cuando publicó su estudio sobre los objetos y su representación lo tituló, precisamente, Esto no es una pipa.

“Me han reprochado esa pipa toda la vida, y sin embargo nadie ha podido porque sólo es una representación. Si hubiera dicho que era una pipa estaría mintiendo”, dijo Magritte alguna vez.

Magritte fue parte del surrealismo que se gestó en París y en el que también contribuyeron André Breton, Max Ernst, Jean Arp, Miró y Dalí. En 1928 participó en la exposición surrealista que se llevó a cabo en la galería de su amigo Goemans.

Temas relacionados

 

últimas noticias

Ida Vitale, la alquimista uruguaya de las letras

El lado colombiano de Fernando del Paso

La muerte de los animales y la banalidad del mal