Cincuenta años de cinematografía cubana

Luciano Castillo, jefe de la mediateca de la escuela de San Antonio de los Baños, habló sobre el panorama del cine.

Más allá de la película Fresa y Chocolate, que es considerada sinónimo del cine cubano, existen tantos otros títulos de los años 60, 70 y 80 que no lograron tener tanta presencia en el exterior debido a los problemas de distribución. El responsable de que exista una industria de cine cubano y de que fuera reconocido como un arte es  el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) que nació en 1959 bajo el gobierno revolucionario.

Antes de esa fecha existía un cine de soñadores, de esfuerzos individuales y dispersos. Este primer período se caracterizó por unos cineastas formados sobre la marcha, pues no existía una escuela de cine, con contadas excepciones que tenían la oportunidad de salir a estudiar en Checoslovaquia o Rusia. Según Luciano Castillo, quien ha sido un testigo ocular del desarrollo del arte cinematográfico de la isla, “el cine de estos tiempos era de búsqueda, marcado por la autenticidad, pegado al pueblo y utilizado como un medio para alcanzar a las masas por distintas vías, sobre todo con el cine móvil, que lo llevaba a los lugares más recónditos del país”.

Asimismo, se creó la Cinemateca de Cuba, que se convirtió en un museo ambulante a diferencia de otras cinematecas en el mundo que están en las ciudades importantes o en las capitales.

Por la misma época surgió la revista Cine Cubano, que es una de las revistas de más larga trayectoria de publicación sostenida  en América Latina.

El séptimo arte alcanzó su máximo esplendor en el año 68. Castillo sostiene que se fue formando lo que se llamó la escuela de documental cubana, la cual aportó grandes clásicos al cine documental internacional con nombres como Santiago Álvarez o Octavio Cortázar, que poco a poco se impusieron en los festivales obteniendo los máximos galardones. Como resultado, el cine ficción estuvo muy marcado por este estilo documental que logró hacer mella.

La época de renovación generacional del cine cubano tuvo lugar en los  años 80, cuando aquellos que habían trabajado en la televisión y en los documentales tuvieron la posibilidad de acceder al largometraje de ficción, como Juan Carlos Tabío, Orlando Rojas o Fernando Pérez. Con el nuevo siglo llegó una nueva generación de cineastas formados en la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños.

Castillo asegura que el reto del cine cubano está en “mantener un lúcido retrato de la realidad de un país lleno de contradicciones para que no quede como un arte aparte”. Asimismo, señala que “debería haber un espacio de mayor debate crítico sobre lo que se produce en el país, pero como es el gobierno el que financia, muchas veces se vuelve contradictorio”.

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