Los gestos de Mario Opazo

Su obra está llena de imágenes que desentrañan territorios políticos como el mar de la Patagonia, donde se arrojaron los cadáveres de miles de desaparecidos.

“Si la memoria fuera una cosa, la mía sería un barco. Si la memoria fuera una cosa, en mi caso sería un barco de madera con finas cuerdas de cometa (…). Embarcaría en la Patagonia a 7.000 desaparecidos y al otro lado del mundo a un palestino y a un saharaui”. Este texto se impone en una blanca pared como el inicio de una seria de imágenes, más preciso sería decir, una serie de gestos, que el artista Mario Opazo, nominado al Premio Luis Caballero de arte, ha hilvanado en la Galería Santa Fe.

A unos pasos, la oscuridad del recinto es interrumpida por una imagen amarilla, un vídeo que recuerda sus palabras: “Empecé a considerar más el gesto que incidía en la materia o en los objetos, o en el paisaje o en el mundo, que lo que de él resultaba. Eso me dio la libertad de registrar gestos que en definitiva son performance o acciones hechas para video, acciones solitarias en lugares aislados. La cámara y el video se convirtieron en mi taller”.

Mario Opazo, chileno y exiliado desde niño en Colombia, grita en la mitad del desierto chileno de Atacama con un megáfono: “Cuando era pequeño mi mamá me envolvía en una bandera de Chile para protegerme de la dictadura”. La imagen cambia lentamente al desierto del Sahara, otro territorio extremo, otro territorio político, en donde Opazo, sentado junto a un militante de la causa saharaui, aprende a envolverse el turbante que les tapa la cabeza y que los identifica como pueblo que lucha por el retorno a su tierra.

Los saharauis fueron expulsados de sus tierra por el dictador Franco, ya que desde el siglo XIX fueron descubiertas en el Sahara Occidental minas de fosfato y el banco pesquero más grande del mundo. Tras su retirada, el dictador repartió los terrenos entre Marruecos y Mauritania. Este pueblo de pescadores quedó condenado ha vivir en el desierto y durante 35 años más de cinco campamentos con 400.000 refugiados han sobrevivido en el territorio extremo. “Ellos han sobrevivido con ayuda humanitaria, pero lo que necesitan es ayuda política”, explica Opazo, quien con el video convierte su cuerpo casi en el vehículo para construir y diseñar un gesto micropolítico.

Hay además un video de un palestino que es examinado por un brazo mecánico con los que se desactivan las bombas,  proyectado sobre un platón hondo y en un montículo de arena, el video de un hombre que intenta subir y vuelve insistentemente a caer. Al fondo, en el muro que refleja el mar y el sonido de su oleaje, se ve la sombra de un barco que navega por la Patagonia, en donde tras las dictaduras viven las almas de miles de desaparecidos.

Y detrás del muro, Mario Opazo, vendado en una quietud violenta, que mantiene por horas. Es su acción no acción.

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