Teyuna, tesoro en riesgo

Se debate la posibilidad de presentar la Sierra Nevada de Santa Marta como Patrimonio Inmaterial ante la Unesco.

A lo largo del encuentro los asistentes, cerca de unos 70 hombres y mujeres de las distintas etnias que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, estaban sentados en la explanada sin musitar palabra. Sin embargo, el continuo mover de las manos, los hombres mambeando de sus poporos y las mujeres tejiendo las mochilas sin detenerse, hacían una especie de coro mudo a las voces de sus líderes. Sus representantes, los gobernadores de los cabildos Wiwa, Kankuamo, Arhuaco y Kogui hablaban sentados a la sombra de un algarrobo a las autoridades invitadas al encuentro: la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno; el subdirector del Icahn, Carlo Emilio Piazzini, y otros funcionarios que han formado parte de este importante proceso de concertación que se viene dando con las comunidades de la Sierra.

Durante esta reunión, que tuvo lugar el 15 de mayo en Besotes, en cercanías de Valledupar, se creó un comité técnico para estudiar la posibilidad de presentar ante la Unesco la declaratoria de Patrimonio Mundial o Inmaterial de la Sierra Nevada de Santa Marta con todo lo que ésta comprende: el territorio, los lugares sagrados, las comunidades, sus tradiciones y su sabiduría.

“Este proceso se inició con una visita que hizo una delegación del cabildo indígena a Bogotá, en diciembre —explica Diego Herrera, director del Instituto Colombiano de Antropología (Icahn)—, hablaron conmigo y fueron al Ministerio de Cultura solicitando atención en varios temas, entre ellos el control sobre el turismo a Teyuna o Ciudad Perdida, y la recuperación de bienes arqueológicos que para ellos son sagrados”.

Tras este primer encuentro han venido otros directamente con la ministra, quien afirma que lo más importante de este proceso es lograr construir la confianza y realizar verdaderos procesos de concertación con las comunidades.

Aunque un segmento del cabildo indígena ha pedido cerrar de manera perentoria los lugares sagrados, pues ellos no consideran que el turismo forme parte de su cultura, las instituciones del orden nacional consideran que hay vías intermedias como un acceso controlado, cierres temporales en tiempo de rituales y un mayor control del tipo de turismo para que sea de bajo impacto. Por otra parte, está la gran preocupación de reducir el saqueo de lugares arqueológicos, actividad que a pesar de ser un delito se sigue ejerciendo.

Aunque en este momento no existe ninguna decisión frente a los temas de debate: turismo, bienes patrimoniales y la declaratoria ante la Unesco, es precisamente el proceso en sí mismo lo que se convierte en un hecho de gran relevancia. Al final, no se trata de imponer puntos de vista, sino de lograr el acuerdo de las comunidades y la profunda convicción por parte de ellas, de que este proceso sería favorable. Con este hecho se sienta un importantísimo precedente en las relaciones entre el Gobierno Nacional y los gobiernos indígenas.

Nunca antes las comunidades indígenas habían tenido un protagonismo tan alto en un procedimiento que se decide desde el Ministerio de Cultura. Si bien en otros escenarios las comunidades han accedido y celebrado estas decisiones, como el caso de San Basilio de Palenque o del Carnaval de Barranquilla, ambos declarados Patrimonio Inmaterial ante la Unesco, el caso de los wiwa, arhuacos, kankuamos y koguis es muy distinto, pues están en juego siglos de una tradición cultural tan distinta a la occidental, que se hace indispensable escuchar.