Latinoamérica, una Disneylandia

El diseñador brasileño será quien inaugurará este lunes Colombiamoda 2009. Sus vestidos hacen de la política una fiesta de color.

Lipovetsky, el sociólogo francés, asegura que en materia de moda “estamos sobreinformados por crónicas periodísticas y subdesarrollados en materia de inteligencia histórica y social del fenómeno”. Quizás sea por eso, por esa apatía para reconocerla como un objeto de estudio serio, que va más allá de shows mediáticos, que a pesar de que la moda ha dejado de ser un mero placer estético y ha “conseguido remodelar la sociedad entera a su imagen y semejanza”, aún hay muchos convencidos de que es un asunto fútil.

Mientras la academia le da la espalda, hay muchos diseñadores como Hussein Chalayan, Alexander McQueen o Rei Kawakubo que con sus desfiles dan alaridos que denuncian el Holocausto; que replantean el uso de la burka; que invitan a viejos, gigantes y enanos a que sean los modelo de su colección; que inventan ropas cinéticas que cambian de color con el viento o el polen, o que deforman el cuerpo en sus lugares más sagrados.

En menos de un siglo la seducción y lo efímero se han constituido en los pilares organizativos y constitutivos de la vida y de eso no sólo se han dado cuenta los versados creadores europeos, o los arriesgados japoneses. Diseñadores latinos, como el brasileño Ronaldo Fraga, han entendido muy bien que el vestido y, por supuesto, el cuerpo pueden ser sus más efectivos manifiestos.

El lunes, durante el desfile inaugural de Colombiamoda, el vestido hablará sobre Latinoamérica, sobre la Disneylandia que habita en una región tan convulsa como esta, y entonces, de la mano de un imponente montaje y mensajes agudos, quizá muchos decidan darle a la moda una nueva oportunidad. El Espectador habló con Ronaldo Fraga, el artífice de  esa verdadera sacudida de formas, política y color que se volverá pasarela.

¿Cómo define usted la moda?

En el mundo contemporáneo no existe otro instrumento de comunicación tan eficiente como la moda. Siendo así, es en el poder de la comunicación que la moda dialoga y registra la faz de cada época.

Cuando viste a hombres y mujeres, ¿qué trata de evitar?

Yo intento antes de todo crear una ropa libertaria. Libertad de costumbres, de estilo, de identidad. Creo que la ropa me pertenece hasta el momento en que va hacia pasarela, después de eso ella tiene que funcionar como soporte de narrativa en el universo individual de cada uno. Intento evitar la reafirmación de tendencias internacionales.

¿Qué virtudes tiene el vestido y la moda para hacer activismo político?

El primer mass media es el cuerpo de cada uno. Él “habla” a través de las ropas, accesorios… así que considero a la ropa como infalible para decir y hacer pensar al mundo, ¿quién puede acallar a un vestido?

En sus desfiles de modas usted elige cuerpos no convencionales, lejos de lo delgado y de lo joven, ¿cree que la moda ha determinado los estándares de belleza?

Siempre fue así, la moda ha determinado mucho de la estética contemporánea, pero siempre hubo estilistas con mirar libertario sobre normas y costumbres de su tiempo que sacudieron las formas naturalizadas del cuerpo, que despertaron del letargo de los dictámenes de las tendencias. Es ahí que yo quiero ensamblarme.

¿Qué es el cuerpo para usted?

No busco un “cuerpo definitivo”, busco la sugerencia de un cuerpo imaginario y deseado por cada uno que compra mi ropa.

¿Cree que la moda está determinada por el lugar en donde se diseña?

En tiempos de globalización, la moda y el deseo de moda se hicieron una misma cosa. Infelizmente todo se quedó con la misma cara y la moda ha perdido la emoción. Yo lo que busco, aunque sea de forma sutil, es la mirada individual y las referencias culturales de cada creador. América Latina tiene elementos muy propios en color, forma, humor, artesanía, historia… y  todo esto puede ser determinante en la marca de un diseño producido por un latino.

¿Qué sucedió en Brasil para que la moda fuera una industria más influyente?

Tal vez el proceso histórico de la industria de moda brasileña. Creo también que el mestizaje nos ayudó mucho. El mundo entero está mirando con atención todas las manifestaciones venidas de América Latina. Éste es un momento histórico. Necesitamos también creer y pensar la América Latina como bloque.

¿Cuáles son las líneas políticas y emocionales de la colección que va a presentar?

En esta colección llamada Disneylandia, la Disneylandia es  América Latina. Mezclo referencias de varios países, en la búsqueda de una imagen fuerte y cruda. Esto por sí sólo ya es un manifiesto político.

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