Algunos hallazgos geniales

Un autorretrato de Miguel Ángel, un retrato de Shakespeare y un texto político del dramaturgo Bernard Shaw fueron redescubiertos este año en distintos lugares de Europa.

Sin duda alguna 2009 ha sido un año rico en sucesos significativos para la historia de las  artes, pues varios han sido los descubrimientos que han hecho noticia. El viernes pasado la International Mozarteum Foundation, de Salzburgo, anunció el hallazgo de dos partituras inéditas del genio austríaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), piezas que serán interpretadas el próximo dos de agosto en una rueda de prensa en la que se revelarán detalles del descubrimiento.

Un poco más de 24 horas después, en Inglaterra, el investigador Peter Walker dio a conocer a los medios que durante los preparativos del aniversario del partido laborista de Wimbledon fue hallado un manuscrito inédito del dramaturgo irlandés George Bernard Shaw (1856-1950) —único escritor en haber ganado el Premio Nobel de Literatura y un Premio Oscar de la Academia— que estuvo guardado 79 años. Aunque no se trate de una pieza literaria, es un documento en el que habla del arquitecto y activista socialista William Morris (1834-1896) y de su adhesión a la política laborista. En un aparte del texto Shaw afirma: “William Morris y yo rezamos juntos el evangelio del laborismo en muchas ocasiones. Muchas personas respetables pensaron que merecíamos ser ahorcados”.

Este par de valiosos documentos redescubiertos vienen a sumarse a una lista de diversas joyas del arte, la literatura y la música escondidas por el tiempo y que el mundo de la cultura celebra ahora hayan visto la luz. En marzo de este año, con gran júbilo, la fundación Shakespeare Birthplace Trust anunció el hallazgo del que se considera el único retrato de William Shakespeare (1564-1616) hecho en vida del dramaturgo. El retrato no estaba perdido en algún viejo ático, sino que había formado parte de la colección particular de arte de la familia Cobbe, que lo tenía por el retrato de otra persona y fue identificado sólo recientemente.

Posteriormente, a principios de julio, tras la restauración de la Capilla Paulina —que se encuentra junto a la Capilla Sixtina en Ciudad del Vaticano—, otro genio nos permitió ver su rostro: uno de los principales representantes del Renacimiento y autor de los frescos de las dos capillas: Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564). Se sabe que la Capilla Paulina fue el último trabajo pictórico de El Divino, como le llamaban, que ya contaba unos 70 años. Ahí, en la escena de La crucifixión de San Pedro, al lado derecho, llamó la atención el rostro de un hombre de turbante azul con los mismos rasgos del artista. El restaurador de los frescos, Maurizio de Luca, afirmó que fue un hallazgo muy especial, pues este autorretrato es anterior al que realizó Miguel Ángel en el personaje de Nicodemo en La Pietá de Bandini, una segunda escultura con este tema que realizó hacia los 80 años, poco antes de su muerte.

Ya el año anterior dos importantes sucesos vinieron a dar nuevas luces otra vez a los trabajos de William Shakespeare y de Wolfgang A. Mozart. Con relación al dramaturgo inglés, se trata de las ruinas de The Theater, primer teatro donde se interpretaron obras como Enrique IV, Ricardo II y Las alegres comadres de Windsor. En su momento, el especialista del Instituto de Shakespeare de la Universidad de Birmingham, Martin Wiggins, explicó a The Times que la importancia de estas ruinas es también el testimonio que dan del teatro de la época.

En cuanto a Mozart, hace poco más de un año obras suyas inéditas fueron halladas en la biblioteca de Nantes, en Francia, y en un convento en Polonia. El equipo de musicólogos, que protagonizó el descubrimiento en el archivo del monasterio de Jasna Gora, consideró que de las 20 partituras del siglo XVIII, algunas firmadas por el compositor, es probable que tres de ellas sean de su autoría aunque no aparezcan en el reconocido catálogo de Ludwig Von que data del siglo XIX y se considera el más completo sobre Mozart.

Más allá de ser momentos aislados, triunfos individuales de verdaderos arqueólogos de las artes, el mundo celebra que genios de la talla de Shakespeare, Shaw, Miguel Ángel o Mozart tengan a siglos, o años en el caso de Shaw, de su desaparición secretos por descubrir, pequeñas o grandes piezas de sus prodigiosas mentes que nos acercan a los misterios de sus almas y de sus vidas.

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