Ocho veces especialista

El magistrado José Rodrigo Romero Romero llamó la atención de los expertos del Ministerio de Educación que manejan las bases de datos de egresados: tiene un título de pregrado, ocho especializaciones y una más por terminar.

Graduado en derecho de la Universidad Gran Colombia. Especialización en derecho comercial de la Universidad Javeriana. Especialización en derecho público de la Universidad Nacional. Especialización en derecho disciplinario de la Universidad Cooperativa. Especialización en negociación, conciliación y arbitraje de la Universidad del Rosario. Especialización en derecho en telecomunicaciones, en derecho contractual, en derecho de la empresa y en derecho comercial de la Universidad del Rosario. Aún por terminar: especialización en derecho financiero. Esta es en breve, la larga hoja de vida del magistrado José Rodrigo Romero Romero.

Hace una semana, cuando la Ministra de Educación y sus asesores evaluaban la información obtenida a través del Observatorio Laboral, en la que se cruzan distintas bases de datos para conocer a fondo la situación de los egresados en el país, se encontraron con un dato que les llamó la atención. Entre los 1’243.271 títulos otorgados por instituciones de educación superior en los últimos ocho años, 7.171 colombianos habían obtenido más de tres títulos universitarios y uno de ellos figuraba con ocho. ¡Ocho!

Detrás de lo que pensaron podía ser un error del sistema o un posible fraude, en realidad se esconde la historia de un hombre que como él mismo lo dice, “a falta de padrinos, existía otro plan para avanzar. Había que continuar estudiando intensamente”. Su ascenso como magistrado al Tribunal Administrativo, en abril, es la mejor prueba de que sus esfuerzos han valido la pena.

¿Por qué estudia tanto?

Siempre he sido estudioso, inquieto, en particular con los temas de la profesión. Siempre me fue bien. Como decía un ex vicepresidente, siempre se ha hecho el esfuerzo a pesar de las vicisitudes.

¿Cuánto le ha costado todo esto?

He procurado no hacer las cuentas. Sé que es bastante. Hay un costo personal, familiar. A veces uno hasta descuida la salud. Pero las cosas que uno quiere cuestan, exigen esfuerzo, sacrificio. Ese costo no es un obstáculo para impedirme salir adelante”.

¿A qué hora se acostaba?

Había jornadas de cuatro de la mañana a 12 de la noche durante meses enteros.

¿Qué le dice su familia?

La familia en general se preocupa, quisiera que eso no fuera así. Que las cosas se lograran, como dicen los costeños, “más suave”. Pero si uno no asume los retos con mucha determinación y esfuerzo, no se verán resultados.

Pero la mayoría las hizo en un período de cinco años...

Ese esfuerzo ha sido de 30 años, pero el esfuerzo superlativo fue de unos cinco años. Por un lado era para ponerme al día. Porque uno laboralmente se encasilla. Era la manera de ampliar el conocimiento a muchos temas que me permitieran un desempeño decoroso en muchas áreas.

¿Qué otra cosa le habría gustado estudiar?

Es una pregunta más complicada. A uno le gustaría estudiar muchas cosas. Antes de escoger esta carrera, como todos los muchachos, uno piensa en muchas cosas, quería ser médico, marino o piloto. Pero llega un momento en que hay que cesar en esas divagaciones y centrarse en algo. Lo que creo es que nadie puede ser exitoso en muchas disciplinas a la vez.

¿A qué dedica el tiempo libre?

¿Cuál tiempo libre? (risas). Después de clase de 8 ó 9 p.m, llegaba a la casa a apoyar a los hijos en todas sus tareas. Luego de que se acostaban reanudaba las actividades.

Si le dieran un año sabático, ¿que estudiaría?

Idiomas, esa es una cuestión pendiente. También el tema de las comunicaciones en el aspecto técnico, no el jurídico.

¿No cree que es hora de ser profesor y no alumno?

Esas ideas ya se están considerando, pero para un poco más adelante. Tengo una forma diferente de ver esa gran responsabilidad. Uno tiene que estar muy seguro, muy claro, se trata de formar a personas, a generaciones, que van a decidir cosas trascendentales. No se puede improvisar en eso.

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