La narrativa de los excéntricos

Sergio Pitol, un escritor que llegó al centro de la literatura en castellano por caminos que nadie había recorrido.

Afirmar que Sergio Pitol ocupa un lugar central en la literatura que se escribe en castellano es incuestionablemente cierto. Baste mencionar que obtuvo ya los dos principales premios consagratorios de la lengua: el Premio Juan Rulfo de la Feria del Libro de Guadalajara y el Premio Cervantes (2005), para dar la dimensión pública actual de Pitol. Además, para mayor mérito, escritor de culto de lectores devotos, autor para iniciados, prosista que los autores leen.

Lo que aparece como paradójico es situar a Pitol en el centro, que lo está, pues llegó allí por los bordes, por los márgenes; por caminos que nadie había recorrido antes. Él mismo se lo dijo a su amigo Carlos Monsiváis: “En mis libros abundan los excéntricos, quizás en demasía, pero es natural. Recuerda, Carlos, nuestra adolescencia y verás que nos movimos entre ellos. Nuestro amigo Luis Prieto, el rey de los excéntricos, nos condujo a ese mundo. Hablábamos un lenguaje que poca gente entendía. Y en mis largos años en Europa, sobre todo en Polonia y la Unión Soviética, mi mundo era ése. Las dictaduras, la opresión, los producían; ser raro era un camino a la libertad. La Inglaterra e Irlanda victorianas produjeron un ejército de ellos; quizás por eso tienen una literatura espléndida, Sterne, Swift, Wilde y sus sucesores. Cuando viví en Barcelona, a final de los sesenta y los setenta, me movía en círculos literarios que rozaban la excentricidad, el juego…”.

Desde muy joven, Pitol emigró a Europa y allí pasó más de 30 años, la mayor parte de los cuales transcurrieron en una Europa no habitual para un latinoamericano, en contacto con lenguas muy distantes, excéntricas. Situado geográficamente también fuera del centro, su obra comienza por el cuento, continúa con novelas y culmina con un género propio, mezcla de autobiografía, ensayo, viajes y crónicas, como el sin par Mago de Viena. También su obra narrativa está escrita por fuera de modas y de usos habituales en los escritores contemporáneos de él, con intención de mirar la realidad desde un ángulo nuevo y distinto, con personajes también extravagantes, con modos verbales plenos de libertad, de un gozo que busca estar más allá de los límites que caben esperarse. Impasible pero desopilante, elegantísimo pero inesperado.

Mientras ha escrito su obra propia, Pitol ha traducido treinta y cuarenta libros al castellano; libros escogidos por él, que corresponden a su gusto y que, al aparecer, han sido completamente nuevos en el paisaje de la bibliografía en castellano. No es que Pitol haya buscado escritores que escoge porque son raros. Es que el gusto de Pitol es raro, refinado, exquisito, y esos son los autores que resultan. Pitol tradujo del inglés a Ackerley, a Jane Austen, a For Madox Ford, a Henry James, a Malcolm Lowry a Joseph Conrad; del italiano, a Vittorini, a Malerba, a Berto, a Bassani; del polaco, a Andrzejewski, a Iwaszkiewicz, a Schulz, a Gombrowicz; del húngaro, a Tibor Déry; del ruso, a Chejov; del chino, a Lu Hsun.

En su labor de traductor se nota un doble valor: el primero, que Pitol trae sabores y saberes de idiomas muy lejanos, no habituales, fuera del centro, excéntricos. Y el segundo es ese deleite que produce en la sensibilidad del lector el hecho de que los libros sean traducidos por un escritor de fibra, de potencia, un escritor con sabiduría de su idioma, con la sabiduría de quien tiene un sentido estético que aplica insobornablemente al lenguaje que escribe.

Pitol estará en la Feria del Libro de Bogotá en la presentación de la colección Pitol Traductor, editada por la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana, colección que ya lleva cerca de quince de los casi cuarenta títulos previstos.

 

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