Fanny, sonrisas e irreverencia

Su hijo la  recuerda  y habla de los retos del Festival y del Teatro Nacional para mantener su legado.

Fanny es ese tipo de personaje cuya existencia no se puede dejar de celebrar, por lo que los homenajes han sido varios. Por un lado está el que le rindió el Alcalde en el marco del Festival de Verano y el Cumpleaños de Bogotá, en el cual presentaron dos de los tangos que Fanny cantaba en la obra Perfume de arrabal y tango: Naranjo en flor y Nostalgia. El Alcalde le otorgó una mención cívica a Fanny que se llama “Amor por Bogotá” y al entregármela habló de la gran labor que realizó mi madre en vida por la cultura de la ciudad, del país y del mundo en general. En ese momento me acordé de la actitud que asumía ella cuando le daban algún tipo de reconocimiento, porque no era muy dada a los actos protocolarios, ya que su verdadera recompensa eran la sonrisa y la felicidad del público. La vi ahí paradita con cara de niña irreverente tratando de comportarse a la altura. Y en lugar de lágrimas, tuve que contener una risa entre nostálgica y alegre.

De otra parte, está el acto conmemorativo que el Festival organizó en el marco de la Feria del Libro, donde lanzamos la nueva imagen de esta próxima edición del Festival, que por primera vez se eligió por concurso, en una convocatoria a la que llegaron más de 600 propuestas, centradas gráficamente en la figura de Fanny. Los diseñadores Carlos Duque, Marta Granados y Lucho Correa fueron nombrados jurados de esta convocatoria, no sólo por su trayectoria profesional, sino porque conocieron a Fanny. De hecho, Duque y Granados fueron los artífices de las imágenes del Festival en ediciones pasadas y estaban conmovidos por lo que les inspiró ella a todos los jóvenes que participaron. Los jurados se concentraron también en los aspectos comunicativos y estéticos de las propuestas.

Como decía Carlos Duque: “La propuesta tenía que trascender la pura anécdota visual para producir una imagen universal, creativa y eficaz”. Y como Lucho comentó también en alguna de las reuniones, lo que debía evocar la imagen de este Festival era, o es, alegría. Esa palabra me hizo pensar que no estamos conmemorando la partida de alguien, sino la presencia permanente de alguien que seguirá vivo en la memoria de todos. El viernes pasado, durante  la premiación del concurso, quedó claro por qué Fanny sigue y seguirá viva mientras haya Festival y su legado siga adelante.

Por último, está el homenaje que el Teatro Nacional le va a rendir hoy. Es el ‘Día de Fanny’. Allí estaremos todos: sus amigos, sus empleados, sus cómplices de vida, sus más de mil fanáticos que participaron en la rifa de entradas para estar en alguna de las tres salas que hoy domingo abrirán el telón en simultánea con obras llenas. Llenas de teatro, de emociones, de historias, de actores, de espectadores, de aplausos… como a ella le gustaba. Y todos estaremos ahí para recordarla, para guiñarle el ojo y aplaudirla de pie. Se exhibirá una exposición fotográfica que nos invitará a recorrer su trayectoria como actriz desde que pisó Colombia.

Entre emociones y aplausos se lanzará el Premio Fanny Mikey al Teatro Colombiano, con el que se incentivará la producción artística nacional. Y para no perder la costumbre, nos iremos después a bailar con ella, a bailar salsa, claro, con el sabor de un vodka con ginger, como a ella le gustaba. Porque eso fue lo que nos enseñó: que la vida se celebra, se baila y se saborea cada segundo.

Este último año todos los que rodeamos a Fanny hemos tenido un fuerte proceso en el que vamos entendiendo cada día más todas sus enseñanzas, tanto en el campo laboral como en el personal. Poco a poco vamos llegando a la conclusión de que nos dejó un legado tan grande y tantas cosas por hacer, que ni siquiera nos da tiempo de sentir su ausencia, porque está presente en cada tarea diaria. Por eso, su gran lema de vida sigue latente en nuestros corazones. Ella siempre decía que somos seres privilegiados porque hacemos lo que nos gusta.

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