Niña genio del óleo

Esta sobrina nieta de Débora Arango ha ganado varios concursos nacionales y la Bienal Internacional Infantil de Kanagawa, Japón.

A simple vista María Manuela Márquez es una niña como cualquiera. A sus once años cursa quinto grado de primaria, habla inglés y francés y le encanta jugar con sus amigos, ver televisión, nadar, tocar el piano y la guitarra. Pero tiene algo que la hace especial: su marcado interés por la pintura. Desde los cuatro años mostró sus dotes para las artes plásticas, talento heredado de su abuelo, el escultor Óscar Velásquez, y de la prima de su abuela, la reconocida Débora Arango.

“Me gusta mucho pintar el cuerpo humano. Mi mamá y mi abuela son las modelos. También pinto animales porque no me gusta que los maltraten y con mis dibujos quiero protegerlos”, dice María Manuela. En una de sus obras plasmó esa angustia: En medio del fuego, es el título de la pintura. “Es un gorrión costero, el último que quedaba. Está dentro de un frasco en medio del fuego. Esas llamas son todas las agresiones de los humanos”, comenta.

Para su familia, el trabajo de esta pequeña artista es un juego de niños con pinceladas de adulto. “Aquí la casa la convertimos en el taller. Todos los martes viene el profesor a ayudarle a desarrollar su técnica y sus habilidades. Es un trabajo casero de amor y muy serio”, asegura su mamá, María del Pilar. Sus pinturas son en óleo sobre lienzo y los cuadros de gran formato sus favoritos, ya suma 350 de dos metros por dos metros. Su casa y la de sus abuelos las ha convertido en un museo. “Ella es muy ágil, no hace bocetos. Un cuadro lo puede pintar en dos horas. Le encantan los colores fuertes”, comenta su mamá. Y es verdad, a María Manuela le gustan los tonos brillantes, en especial el verde. “Me gusta porque tiene muchos matices, es muy natural y fácil de manejar”.

Como toda niña tiene sueños y fantasías por cumplir: “Sueño con poder pintar muchas cosas, con que mi pintura la conozca mucha gente. Quisiera exponer en el Museo del Louvre en París. Lo otro que quiero es poder volar sobre un perro. Me fascinan los perros, y me fascina volar”. Cuando era más pequeña tenía un perro en su finca, ‘Milo’. Se dormía sobre él mientras éste se movía de un lado a otro con ella a cuestas. Esa sensación, que todavía la acompaña, la pintó en uno de sus cuadros favoritos.

Ha realizado cinco exposiciones, una de ellas con su abuelo: “Dos generaciones”. Ha ganado cinco concursos nacionales y uno internacional. “El año pasado participé con una obra en la XV Bienal Internacional de Kanagawa, Japón. Éramos 26.000 niños de 84 países. Una niña de Brasil y yo ganamos por América Latina”. Hasta el momento no ha vendido ni uno solo de sus cuadros. Pinta por diversión, por expresarse, no por negocio. Cuando grande quiere estudiar medicina en la Universidad de la Sorbona  en París. Mientras tanto sigue recibiendo las críticas de quienes, tal vez sin saber mucho de arte, dicen lo que piensan acerca de sus obras: “Mis amiguitos dicen que pinto muy bonito, que les gusta mucho. Otros me dicen que no son bacanos y se burlas de ellos”.

“Con María Manuela fuimos a visitar a Débora Arango cuando estaba enferma. La niña le regaló un cuadro que se llama La maternidad y ella le dijo: ‘Pintas mejor que yo’”. Concluye orgullosa la madre de una de las promesas de la pintura en Colombia.

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