Israel, “el pueblo del libro”

Sin las ataduras de la guerra y marcada por la fe, Yaron Avitov habla de las letras de su tierra.

“Los israelíes tenemos la fama de guerreros”, asegura Yaron Avitov. Pero él (Haifa, 1957), un caminante incansable, un escritor y compilador célebre de la literatura israelí, el único de su nación que aterrizó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, cree que en realidad este es un pueblo que lo que lleva en la sangre es la escritura: “Somos el pueblo del libro, contamos en nuestra tradición con el libro de los libros, la Biblia judía: la Tora”, explica.

Yaron es laico y se acerca a la Biblia no como un libro religioso, ni profético, sino como una obra literaria y poética. “El cantar de los cantares es poesía maravillosa. Cuando alguien religioso lo lee, dice que es amor a Dios, pero es posible leerlo como erótica pura, que provoca un amor intenso, incluso más que otros textos modernos”, asegura el autor de Luces de Madrid y Un solo dios, dos de sus libros que se encuentran en los estands de la Feria.

La literatura hebrea moderna es muy joven, no tiene más de 130 años, porque el hebreo moderno es un idioma israelí, diferente al  de la Biblia. “Cuando los judíos estaban en la diáspora, no usaban el idioma hebreo, solamente rezaban en esta lengua sin entender las palabras, esa es la verdad”, explica el escritor, que añade, “los judíos empiezan a usar el hebreo desde Rusia en 1880, a partir de  este año, más o menos, empiezan otra vez los escritores a escribir en esta lengua”.

El humor y la ironía exacerbada son dos de los elementos que, según Yaron, han determinado esa literatura moderna, aquella que a pesar de lo que se podría pensar se escapa de las ataduras de la guerra. “Yo presenté aquí en Bogotá una antología de cuentos de los mejores escritores israelíes con la que pretendo mostrarle al lector latino la magia de las letras de mi país y, sobre todo, su pluralismo. Piensan que somos iguales, cuando en realidad venimos de inmigrantes de 100 países diferentes, podemos poner en una fila a 100 escritores israelíes y todos escribirían diferente, sobre cosas diferentes”, asegura Yaron.

En Un solo Dios, a lo largo de 25 cuentos se descubre una nueva cara de Israel, una en donde las historias de la vida íntima son narradas por ortodoxos, otra en donde la pregunta por la existencia o no de Dios se la hacen tanto los laicos como los ateos y, por el camino, también se puede encontrar relatos en los que se devela la vida de aquellos que se salieron para siempre de cualquier fe.

“Aunque te pares sobre el tejado de la sinagoga y reces a gritos, ¿sabes qué distancia deben atravesar las plegarias en el espacio para llegar a Dios?”, pregunta el escritor Yehoshúa Bar Yosef a su hijo Itzjak, ambos partícipes con relatos de la compilación. “¿Dónde estás Dios cuando se te necesita?”, preguntan algunos de los personajes de los cuentos con encono. “¿Dónde estuvo durante el Holocausto, en el que murieron seis millones de judíos? ¿Dónde estuvo cuando su pueblo elegido fue empujado al exilio durante dos mil años, sufriendo edictos, pogromos y persecuciones?”.

“La fe y la familia siguen siendo temas muy importantes en nuestra literatura”, complementa Yaron, quien reconoce además que aunque los escritores de otras generaciones se preocupaban más por temas grandes, de la patria, los más jóvenes no son inmunes a narrar algo que ellos literariamente definen como “la situación”, que se refiere a todo el conflicto en Oriente Medio.

Pero aunque cada cuento se convierta en un debate religioso o existencial, es sobre todo un testimonio de un pueblo que antes que las armas tuvo la letra en su alma.