Los amores del rey José Alfredo Jiménez

Hace 60 años estrenó en serenata a su esposa la canción ‘Paloma querida’. Momento para recordar las musas del artista.

En José Alfredo Jiménez sí que se cumple aquello de que las producciones artísticas no son más que el reflejo de los estados de ánimo de sus creadores. Con más de mil canciones compuestas, muchas de ellas interpretadas por los más reconocidos artistas iberoamericanos desde los sesenta hasta la fecha, no cabe duda de que fue el más importante compositor de la música popular mexicana. Semejante récord, en apenas 47 años de existencia, se mantiene vigente cuando están a punto de cumplirse 37 más de su muerte.

Las mujeres, la bohemia y su espíritu nacionalista fueron sus tres grandes fuentes de inspiración. Y resulta bien difícil imaginar al México de su época sin esos tres ingredientes. Por lo menos al México amante de la ranchera, el género al que por pura terquedad terminó aportándole tanto Jiménez.

Aunque siempre quiso ser cantante no le faltaron dificultades para convencer a las disqueras de interesarse por su música y son muchas las leyendas en torno a las largas jornadas que debió pasar a la salida de las emisoras hasta que por fin, en 1948, le recibieron unas letras. A los cantantes de moda les interesaban las composiciones, pero resultaba complicado que lo dejaran cantarlas.

No fue sino que sonara su primera canción Yo, para que comenzaran a aflorar un montón de éxitos, muchos de ellos inspirados en las mujeres de su vida. Entre Paloma Gélvez, su primera esposa, y Alicia Juárez, la última, estuvieron todas las divas del México de la época, entre ellas Irma Donantes, Columba Rodríguez, Irma Serrano y Lucha Villa.

Tal vez no fue con la intención de aumentar su fama como autor y cantante, pero la costumbre de escribir sobre el estado de cada una de sus relaciones alimentó de manera formidable la producción musical del artista, quien también le cantó a su alcoholismo y a la forma en que sumía en él producto del despecho.

Yo debí enamorarme de tu madre fue compuesta cuando tenía cuarenta y tantos años de edad para Alicia Juárez, de apenas 16, mujer de la que se enamoró perdidamente y a la que terminó entregándole sus últimos años.

Irma Dorantes le inspiró Muy despacito; a Columba Domínguez le escribió Si nos dejan, para Irma Serrano estuvo dedicada Te quiero, te quiero y hasta a Lola Beltrán le cantó Qué bonito amor.

Mucho se discute sobre el modelo de persona que promovían sus canciones. La verdad es que a José Alfredo no le interesaba ser modelo de nadie. Le preocupaba, eso sí, vivir como sus fanáticos y así se los hizo saber cuando les dio las Gracias en un tema que también es conocido como Tres Corazones.  En él decía que ganó dinero para poder crear “un mundo más lindo que el nuestro / pero todo lo aviento / porque quiero morir / como muere mi pueblo”. Se fue por culpa de la cirrosis derivada de sus noches de bohemia, no dejó dinero para su funeral, costeado por alguna asociación de autores. Dejó, eso sí, mil canciones y leyendas de amores.

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