La locura dibujada

Su entrada al MoMA, y sus exposiciones en la Galería Deimos de Bogotá y en el Festival Internacional de música de Cartagena 2010.

José Antonio Suárez Londoño (JASL, tal como él se firma) vive encerrado en su mundo y en su metódica rutina de monje. Nada al amanecer, almuerza al mediodía, se come algo al ocaso. El resto de su tiempo —salvo pocas horas de sueño— está sentado frente a un escritorio, como un obseso, y llena con sus dibujos papelitos de todo tipo. Los llena de rayas, los llena de colores, los atiborra de letras, los repuja, los recorta, los empata, los pinta (con lápiz, con pincel, con acuarelas, con colores, con tintas), los escribe, los graba, los labra, los arruga, los quema, los cose, los raspa, los acaricia, los moja, los seca, los borra, los tacha, los sella, los guarda, los apelmaza. Casi nunca los vende; a veces los exhibe.

Cuando no raya papelitos, llena libros y cuadernos. Todo lo que lee, lo que oye por radio o ve por televisión, va quedando registrado en su letra diminuta y en la ilustración correspondiente. También dibuja lo que ve, si viaja, si va a un museo o a un cementerio, si ve un árbol, una cara, una hoja, un insecto. JASL piensa con los ojos, todo en él se filtra por la vista, como un maniático del dibujo, como un grafómano en el sentido más amplio de la palabra. Esos papelitos neuróticos e infinitos son su trabajo desde hace decenios: son su diario, su rezo, su memoria, su olvido, su fiesta, su cansancio y su descanso, su única pasión conocida y reconocida, y en resumen: su obra.

No tiene computador ni usa correo electrónico. Para llegar a él debo pasar por su hermano (un gran diseñador gráfico: Miguel Suárez). Quedamos entonces de vernos en uno de sus tres espacios (los otros son Medellín y Daytona), una finca en el valle de La Ceja, en el Oriente antioqueño, en tierra fría. En la mitad del valle de La Ceja hay un morro aislado, el Capiro, y lo primero que me dice JASL es que quiere pintar el Capiro desde todos los ángulos y desde todos los lados. Le encanta la forma de ese morro y teme que algún día este hermoso valle sea destrozado también por los urbanistas que especulan con la tierra, y se acaben el verdor y la montaña. Fuera de las fotos, quedarán sus dibujos y el recuerdo: lo demás serán urbanizaciones, ladrillos, casas…

Las noticias de estos meses, sobre el reconocimiento creciente que tiene su obra, tienen que ver con una amplia adquisición de sus dibujos y grabados para el MoMA de Nueva York, además de dos nuevas exposiciones individuales, una en Bogotá que se inaugura hoy, en la galería Deimos, y otra en Cartagena, en enero, con motivo del Festival Internacional de Música que organiza la Fundación Salvi. Para este Festival acaba de hacer los dibujos que se usaron para el cartel oficial: una especie de plana infantil, con ilustraciones de cosas que empiezan por las letras de la palabra música, primero la M, después la U, luego la S, y así sucesivamente. El resultado es un collage maravilloso, una explosión de imágenes sobre un fondo ocre que produce un hondo agrado estético.

La noticia del MoMA es quizá la más importante. Luis Pérez Oramas, curador de arte latinoamericano de este gran museo neoyorkino, quedó trastornado con la locura dibujada de JASL. Obligó a Suárez a salir de su encierro y se lo llevó a Nueva York con una maleta llena de dibujos, grabados y cuadernos. Tuvo reuniones con todos los comités del museo. Le pregunto por su inglés y me cuenta, riéndose: “Yo en inglés parezco una lora mojada; hablo con pedacitos de canciones; pego una frase de los Beatles con otra de los Rollings Stones, U-2, Sex Pistols… Hay días en que soy Shakespeare, y uso could y would y todo eso. Me oigo y no lo creo”.

El MoMA resolvió comprar uno de sus libros anuales (el diario dibujado), el del año pasado, 15 dibujos sueltos y toda la colección de grabados, que son más de 200. La junta del MoMA por unanimidad aprobó la compra de todo esto, y se sorprendieron mucho de que no fuera un artista mejor conocido en Estados Unidos. Este es el comienzo para que otros museos norteamericanos se ocupen de su obra. Ahora hay también interés en adquirir su serie sobre Las Metamorfosis de Ovidio, que son tres cuadernos llenos de los dibujos de un narizón antioqueño que se nutrió de la fantasía del narigón romano.

Para el Festival Internacional de Música de Cartagena, que organiza la Fundación Salvi, además del afiche, está completando una serie de pequeños retratos de músicos, desde Bach y Mahler hasta Lou Reed y Patty Smith; junto a estos expondrá también una serie de retratos de escritores (casi en miniatura) pues la exposición también estará abierta durante el Hay Festival, que empieza poco después. Son dos homenajes a los creadores musicales y literarios.

La exposición que se inaugura esta tarde en la galería Deimos, reúne algunos dibujos de los últimos meses que, excepcionalmente, están para la venta. Una característica curiosa de JASL es que prefiere guardar sus dibujos a venderlos. Quizá porque su trabajo es demasiado íntimo, el fruto diario de las obsesiones de un artista dedicado como ninguno al simple y complejo arte de convertir su vida en pura materia estética. Siempre me ha parecido que su oficio se parece más al de un miniaturista medieval que a cualquier otra cosa. Esta dedicación minuciosa y obsesiva se paga ahora con lo que menos ha buscado Suárez: el reconocimiento y el éxito. Incluso con el precio cada vez mayor de sus dibujos. Es una paradoja, pero así es la vida.

Deimos arte. Carrera 12 N° 70-49.

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Héctor Abad Faciolince

Cultura

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