Este jueves se inaugura El cuerpo del arte

‘Cuerpos amerindios’ y ‘Habeas Corpus’, dos muestras del Banco de la República.

El cuerpo, territorio del amor y de la muerte, instrumento político, de martirización y de santidad, de exhibición y de misterio es el tema de las exposiciones simultáneas en el Museo del Oro y en la sala de exposiciones temporales del Banco de la República. Vale la pena visitarlas y descubrir cómo en las culturas indígenas, precolombinas y actuales, la vida se narra sobre el cuerpo: los pasos rituales naturales, los distintos momentos y la definición de la identidad modifican (con pinturas, perforaciones o transformaciones corporales) el cuerpo y éste es instrumento de comunicación entre el mundo físico y el espiritual. Ya los objetos de orfebrería o cerámica no se miran desde la manufactura sino desde su relación con el físico. Esta muestra, curada por María Alicia Uribe, evidencia cómo en lo indígena el físico está en este mundo y en el otro.

En la muestra Habeas Corpus, que tengas un cuerpo para exponer, por su parte, se evidencia cómo las representaciones corporales en el arte hablan también de la espiritualidad religiosa, de la martirización en busca de la santidad o de la violencia como instrumento de control político, ideológico o bélico. Sin embargo, la lectura se hace sobre las obras de arte en las que está representado lo corporal.

Aquí hay un diálogo entre obras del barroco neogranadino (cuyos temas giran en torno a lo religioso, pero en un lenguaje que le apunta a los sentidos), y obras contemporáneas que hablan, desde el cuerpo, de otros temas pero que reciben códigos estéticos del Barroco. “No es tan difícil establecer esta relación, pues hay muchas cosas que el Barroco hereda al arte contemporáneo”, explica el historiador experto en arte colonial Jaime Borja. Y hace referencia a la sala en la que se encuentran los desnudos de Débora Arango, que en su momento fueron censurados y escandalizadores con una María Magdalena desnuda que habla de inocencia y redención.

“Una de las cosas importantes de esta muestra es mirar las relaciones que se establecen desde el cuerpo y sus partes, entre el arte y otros objetos, por esto incluimos piezas del Museo de Medicina de la Universidad Nacional, como los guanteletes o las máscaras mortuorias”, explica José Alejandro Restrepo, quien junto a Jaime Borja hizo todo el guión curatorial de esta muestra, que se divide en cuatro salas: Cuerpo expuesto, Cuerpo oculto, Cuerpo fragmentado y Cuerpo martirizado.

Ambos desde dos miradas, una histórica y otra más artística, habían hecho propuestas para trabajar sobre el tema del cuerpo, por esto la dirección de Artes del Banco de la República los invitó a que hicieran la curaduría juntos. “Una de las cosas más difíciles fue tener la obra, pues hay mucho que nunca había sido exhibido. Una de las cosas más valiosas es haber podido sacar los relicarios de las colecciones religiosas. Ya con ellas el trabajo era ponerlas a hablar entre sí”. Y es precisamente este diálogo lo más valioso de esta muestra, en donde Prisma (2006), la obra de León Ferrari, está enfrentada a relicarios y osarios barrocos, piezas cuyo valor primario consiste en tener un poder místico por guardar una reliquia de un santo. “La obra de Ferrari es barroca en su estética. Era indispensable en esta exhibición, entre otras cosas, por su contenido contestatario contra la violencia”, afirma Restrepo. Y si el arte visto así, de manera referencial, recibe nuevos significados, sin duda alguna este cuerpo que habitamos y exhibimos también.