Colombia busca más cooperación

Cumbre Regional Antidrogas. Representantes de 24 países se dan cita en Cartagena para analizar la problemática.

Un gran objetivo tiene la Cumbre Regional de Drogas, Seguridad y Cooperación del Caribe, Centroamérica, Colombia, México y Venezuela, que se inicia hoy en Cartagena: fortalecer la cooperación y coordinación para enfrentar el problema mundial de las drogas, sobre la base de que sólo una acción conjunta y decidida de todos los países, incluidos Estados Unidos y los de Europa, permitirá superar un problema que socava el tejido social y pone en riesgo la gobernabilidad y la democracia en la región.

El evento contará con la presencia de los presidentes de México, Felipe Calderón Hinojosa; de El Salvador, Elías Antonio Saca González; de Guatemala, Álvaro Colom; de Panamá, Martín Torrijos Espino; de República Dominicana, Leonel Fernández Reina, y el anfitrión Álvaro Uribe Vélez. Igualmente, se confirmó la participación de Venezuela con su ministro del Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, y de varios cancilleres.

Durante dos días los jefes de Estado, con estadísticas en mano, analizarán en detalle el fenómeno cada vez más regionalizado de los carteles de la droga con conexiones en todos los países y redes de distribución que han hecho que la batalla que libran las autoridades para contrarrestar este flagelo sea cada vez más difícil y exija una concertación de frentes de guerra entre los diferentes Estados involucrados en esta problemática. Y es de esperar también que en la Cumbre se aborden otros dos asuntos ligados al tráfico de narcóticos: la erradicación de cultivos, un tema que golpea fundamentalmente a Colombia, y el consumo.

En particular en Colombia, un reciente informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas (Simci) señaló que en 2007 se aumentó en un 27% el área de cultivos ilícitos. El departamento de Nariño fue el más afectado: pasó de tener 15.606 hectáreas en 2006 a 20.259 un año más tarde. El informe levantó roncha en el Ejecutivo, que se mostró en desacuerdo con la forma de medición y decidió unilateralmente cancelar el contrato que durante más de una década había suscrito con las Naciones Unidas.

Rodolfo Llinás, coordinador del Simci, manifestó que la lucha contra las drogas ha encarecido la producción porque, aunque se siembre más, se produce menos. “La presión del Gobierno en la erradicación manual de cultivos ilícitos ha llevado a los campesinos a abrir más selva para esconder la siembra, pero no lo pueden hacer en grande, entonces la producción se hace más baja”. No obstante, Colombia sigue produciendo anualmente 600 toneladas de cocaína.

Mauricio Ángel, analista del International Crisis Group, ofrece una perspectiva distinta. Según él, hay que cortar el círculo vicioso, porque los campesinos dejan de producir coca y se dedican a otro cultivo que no es rentable y vuelven a sembrar


hojas de coca, con bajas posibilidades de que dejen de hacerlo. “Hay que buscar que países productores como Colombia, Perú y Bolivia replanteen la lucha. Es contradictorio que haya bajado la productividad de los cultivos ilícitos, cuando ha aumentado el área cultivada”. Asimismo, Ángel plantea que los países suramericanos además de ser productores se están volviendo consumidores, especialmente Brasil, Argentina y Chile.

Las políticas antinarcóticos, como el Plan Colombia, financiado en buena medida por Estados Unidos, y la estrategia contra la droga de la Unión Europea, no han encontrado una combinación efectiva de medidas tendientes a reducir la oferta y la demanda de los narcóticos. Documentos oficiales señalan que de los 10.700 millones de dólares invertidos en el Plan Colombia, entre 1999 y 2005, el 57% se destinó a la erradicación de los cultivos de coca mediante fumigación aérea y medios manuales, y a la modernización de las Fuerzas Militares. Sin embargo, los resultados siguen siendo ambiguos.

Aún así la frontal lucha contra el tráfico de estupefacientes ha mostrado resultados inobjetables, las incautaciones de cocaína en Colombia aumentaron de 95,2 toneladas en 2002 a 168,4 toneladas en 2005. De igual manera, la detección de vuelos sospechosos se incrementó considerablemente cuando se reactivó el plan de interdicción aérea con Estados Unidos. El informe de Crisis Group señala, por ejemplo, que se ha usado la frontera con Venezuela como zona de salida de narcóticos hacia Europa. El analista Mauricio Ángel lo pone de presente, cuando asegura que en el país vecino no existe una real cooperación en la lucha antidrogas y que demostrada está la permeabilidad de las instituciones venezolanas con el narcotráfico.

Desde 1999, la Unidad de Información y Análisis Financiero (Uaiaf) ha sido una herramienta fundamental para detectar el lavado de dinero de los carteles de la droga en Colombia. En 2002 se detectaron movimientos sospechosos cercanos a los 400 millones de dólares. Para 2005, la cifra estaba en 559 millones de dólares. Mario Aranguren, director de la Uaiaf, admitió hace poco que a través del sector financiero colombiano se blanquean hasta 8.000 millones de dólares anuales de dinero del narcotráfico.

Es por esas estadísticas tan abultadas y preocupantes que la Cumbre Regional Antidrogas que se inicia hoy en Cartagena es considerada una prioridad para el Gobierno colombiano, que como anfitrión deberá recalcar que el tráfico de estupefacientes ha sido un cáncer que durante más de 25 años ha desangrado al país y que sin el concurso regional sería imposible extirparlo.

 

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