Córdoba, el paraíso perdido del Caribe

Las fincas y haciendas del departamento le están apostando a un nuevo esquema de diversión: el agroturismo.

Sin nada que obstruyera la vista y con el impactante marco que forma el horizonte del mar Caribe, el atardecer en San Antero (Córdoba) es uno de los más bellos de Colombia. Las garzas y gaviotas regalan su último canto antes de volver a sus nidos y de cuando en cuando aparece un caimán que sale a flote para menear su cola y empezar su acostumbrada caza nocturna entre los manglares de una isla aledaña.

Escenarios como éste son inagotables en el departamento: Isla Fuerte, Playa Moñitos, San Bernardo del Viento (lugar de origen de Juan Gossaín y objeto de inspiración de su primera novela), Puerto Escondido y Los Córdobas. Todo un bocado de arena, brisa de clima cálido y aguas cristalinas para descansar, bucear y dar un paseo en lancha.

Tal vez el tesoro más invaluable de esta región es que goza de una privacidad absoluta. Aún el boom de turismo que ha atacado a Cartagena, por ejemplo, no ha llegado con sus decenas de vendedores ambulantes o borbotones de gente que congestionan la estancia.

Algunas personas buscan en estos espacios unas vacaciones de  aventura y aprendizaje. Por eso la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge aprovecha la labor ecológica que realiza para recuperar los caimanes aguja de la región, al borde de la extinción hace poco más de diez años, para aunarla al turismo.

Así es como los pescadores y ex cazadores de cocodrilos, que durante años han sido capacitados en conocimientos técnicos de ecología, se encargan del levante, mantenimiento e incubación de la especie. Asimismo, son capaces de realizar un recorrido turístico con un discurso que versa sobre saberes tradicionales y científicos. Incluso, llevan al excursionista a una de las actividades más bellas: liberar un caimán aguja con sus propias manos.

Una mezcla entre la naturaleza virgen que se funde con los nativos y sus costumbres diarias, donde también aparece la actividad agrícola y ganadera de otros puntos de la sabana cordobés. Una porción perfecta para lograr de esta región un destino agroturístico incomparable.

Pura cultura ganadera

Cada vez son más las familias que buscan un destino diferente a la ya acostumbrada piscina. Aprender algo, conocer una cultura, tener contacto con la naturaleza e ir a un lugar diferente que no esté desbordante de viajeros son un valor agregado que hacen de unas vacaciones siempre una buena experiencia.

El agroturismo es un plan para disfrutar de la ecología y compartir la sabiduría del campesino en sus actividades agrícolas y ganaderas. Córdoba es un destino apropiado para ello: fincas, suelos fértiles, artesanías y cerca de nueve razas distintas de ganado.


Bien es llamada la Capital Ganadera de Colombia. De acuerdo con la Federación Colombiana de Ganaderos, de 22 millones de cabezas de ganado en el país, el 10% está en este departamento, que además mueve 950 mil toneladas de carne anualmente (el 12% nacional).

Brahman, Cebú, Gyr, Guzera, Holstein, Pardo suizo, Simental son algunas de las razas que se pueden apreciar junto a ovinos y caprinos en este territorio. Varios de los ejemplares son pura sangre, dignos de competencias mundiales. La productividad está por todo lado: genética, leche, carne y turismo.

De hecho una de las actividades que más llaman la atención a comerciantes y turistas son las subastas de ganado. Empezaron en 1992 por motivos de violencia, pues ya no era posible vender los animales sin estar obligado a pagar una extorsión. Este sistema permite conservar el anonimato. Cerca de 170 mil cabezas de ganado mueve al año solamente la Compañía Comercializadora de Ganado, una de las cinco que hay en Córdoba.

Para conocer de cerca a los animales y aprender de las competencias y otras curiosidades, existen cerca de 20 fincas, que le han abierto las puertas al viajero para que viva la experiencia del campo. Levantarse un poco antes de que amanezca para ordeñar una vaca, montar a caballo por montañas y sabanas, ver parir a un animal, pescar en el lago y por la tarde, antes de que se funda el sol con el horizonte, escuchar a los monos aulladores. Así se vive el reencuentro con lo simple, con lo natural.

Algunas de las fincas agroturísticas más conocidas son El Varal, Pensilvania, Francia, Lucitania, Tiempo Perdido, La Samaria y La Fontana. Todas a menos de tres horas de Montería.

El menú gastronómico es tan variado que está cobrando cada vez más importancia para el turista. En Córdoba la comida de mar y la buena carne son los platos principales. Aquí se pueden degustar delicias como el bocachico con plátano, arroz con coco y yuca o carne de la región con plátano y suero de leche.

Las ondeantes curvas del río Sinú se divisan desde una de las tantas montañas altas de la región. Cerca de 16 municipios cordobeses son bañados por esta majestuosa fuente de agua, adorada por los antiguos indígenas zenúes por ser el elemento que les daba alimento. En las horas de la mañana un espectáculo natural toma parte de las delicias visuales típicas de un viaje natural. Cientos de iguanas bajan de las ramas de los árboles para acercarse a la orilla del río, tomar el sol, beber agua y agregarles aún más color a las obras de arte que pinta la naturaleza.

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