Arte del desecho

La basura se ha vuelto  protagonista de las obras de un grupo de artistas recursivos, reflexivos y  reinventores.

El lugar: una casa en el barrio de Galerías de Bogotá. Adentro, en el primer piso, el taller del artista Carlos Verona. En las paredes: herramientas, madera, metales y juguetes. Al fondo, una pared con un grupo de muñecas de todos los tamaños, sin ropa, algunas sucias y viejas, con el pelo alborotado. En este taller, el artista bogotano crea sus esculturas. Todas construidas a partir de basura, un material despreciado por muchos de sus colegas.

Carlos Verona es un hombre acelerado, llega a la entrevista montado en su bicicleta y con una gran mochila azul llena de trozos de madera colgada en la espalda. Vive en el segundo piso de la casa en donde se encuentra su taller, ahí guarda varias de sus obras repartidas en la sala y el comedor. Le gusta la basura, los materiales usados, los que se encuentra a veces en la calle y en los basureros a la vuelta de la esquina. Los recicladores de la zona lo conocen y le llevan los objetos que están seguros que le van a interesar. Le venden o regalan maletas viejas, aparatos electrónicos o cámaras ya dañadas.

Empezó hace ocho años cuando desarmó un viejo VHS e hizo una taxonomía de sus piezas. Luego, con un grupo de cinco amigos, todos montados en bicicletas, recorrieron las calles y se metieron en los caños a buscar los anhelados materiales. Continuaron separando las piezas con la idea de elaborar una arqueología urbana. Verona es reaccionario en sus temáticas, para él, es una cuestión de responsabilidad social y política que inevitablemente tiene el artista.

La semana pasada se dieron cita escultores y pintores con intereses similares a él en una exposición organizada por el Festival En Uso Alternativo,  en donde se expusieron varias tendencias de diseño, arte y moda que comparten  una temática ambiental y de reciclaje, y que  contó también con la presencia de los artistas colombianos León Trujillo, Daniel Carrión (El Reinventor), Mario Caicedo, Diana Jaramillo y Daniel Sánchez. Todos ellos con obras que, aunque trataban temáticas y técnicas muy diversas, compartían el interés por materiales reusados.

Aunque a León Trujillo no le gusta hablar de que su obra es reciclaje, sí cree que el mensaje ecológico está implícito en el uso de estos elementos. Para él, los artistas siempre han tomado lo que hay a su alrededor y eso es precisamente  lo que él intenta hacer. “Recobrar y reclamar, revitalizar un objeto que estaba muerto y darle un nuevo significado”, explica Trujillo.

Lo cierto es que todos ellos tienen una fascinación por los objetos que deriva en la necesidad de no dejarlos morir. Trujillo, cartagenero de nacimiento, habla en su obra de la magia, del candomblé brasileño, la santería y los chamanes amazónicos. En sus esculturas también reutiliza cámaras de video de vigilancia. Con ellas intenta mostrar cómo en el mundo que vive, en las calles u oficinas, siempre está siendo filmado y supervisado.

Aunque este grupo de artistas no tenía ningún vínculo directo antes de la exposición, demostró que el interés por la reutilización de materiales está traspasando la barrera de la industria para llegar al ámbito del arte, en donde las obras despiertan el debate sobre nuestros recursos, cada vez más limitados.

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