El mal giro que hundió el Titanic

Un error del segundo oficial del transatlántico fue el causante de la tragedia en la que fallecieron 1.517 personas.

Después de 98 años de especulaciones y conjeturas por fin parece haberse aclarado qué fue lo que sucedió la noche del 15 de abril de 1912 para que el barco más grande, fuerte y resistente del mundo se hubiera hundido en el Atlántico en cuestión de horas. La revelación la hace Louise Patten, una escritora de 56 años nieta del segundo oficial del transatlántico, Charles Lightoller, quien conoció al culpable de lo sucedido pero decidió cubrirle la espalda para evitar un escándalo a la compañía que construyó el barco.

Durante años el secreto de su abuelo fue celosamente guardado por la familia, pero Patten decidió que había llegado el momento de contarle al mundo la verdad en su libro Good as Gold, que acaba de salir a la venta en EE.UU. y Europa. Patten aseguró a los medios internacionales que no habían dicho nada porque no querían arruinar la reputación de Charles Lightoller, quien durante años fue considerado un héroe por su papel en la evacuación de Dunkerque en la Segunda Guerra Mundial.

Al parecer el hundimiento del barco no fue porque iba muy rápido y la tripulación vio demasiado tarde el iceberg y ya era imposible esquivarlo, sino que se trató de un error humano fruto de una mala comunicación. En ese entonces se estaba llevando a cabo la transición de la navegación a vela a la navegación a vapor y muchos de los oficiales del Titanic habían estado al mando de buques de vela y se acostumbraron a dar órdenes de acuerdo con ese viejo sistema, según el cual si uno quería que el barco fuese en una dirección debía girar el timón en la opuesta.

Por el contrario, el nuevo sistema usaba el mismo mecanismo que los carros: se mueve el volante en la dirección en la que se quiere vaya el automóvil. De esta forma, la orden de girar a babor significaba que había que girar a la derecha según el viejo sistema y a la izquierda según el nuevo sistema. Cuando el primer oficial, William Murdoch, vio el iceberg a dos millas de distancia, dio la orden de “fuerte a estribor” y fue malinterpretado por su subordinado; Robert Hitchins, quien giró en el sentido contrario al que se refería su jefe.

Aunque casi de inmediato se dio cuenta del error y trató de corregirlo, era demasiado tarde. Para agravar la situación, Bruce Ismay, presidente de la compañía propietaria del buque, la White Star Line, fue al puesto de mando y convenció al capitán de que siguiera navegando en lugar de frenar, porque creía que el buque era insumergible. Esto hizo que aumentara la presión del agua que entraba por el casco averiado y por eso el Titanic tardó tan poco en hundirse.

El relato de Patten es escalofriante y ya ha generado malestar entre los familiares de quienes fallecieron esa noche, quienes se quejan de que la verdad no se hubiera revelado antes.

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