Metas 2021, reto al futuro

En Buenos Aires, con más de 3.000 participantes, se trazaron desafíos para la educación del continente.

En mayo de 2008 en El Salvador, en desarrollo de la XVIII Conferencia Iberoamericana de Educación, se acogió una ambiciosa propuesta denominada “Metas Educativas 2021: la educación que queremos para la generación de los bicentenarios”. La idea fue acordar unos objetivos comunes para todos los países iberoamericanos en sus sistemas educativos. Desde entonces y durante dos años y medio, con multitud de encuentros y seminarios para valoración de los expertos, se logró conciliar 11 metas generales, 27 específicas y 38 indicadores que acaban de ser aprobados en Buenos Aires (Argentina).

Entre el pasado 12 y 15 de septiembre, los ministros de educación de Iberoamérica volvieron a reunirse en un nuevo congreso, y en un contexto de debate con participación de 150 especialistas y más de 3.000 personas acreditadas de los distintos países del área, aprobaron el documento, que para su aplicación sólo tendrá que ser avalado por la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno prevista para el próximo 3 de diciembre en Mar del Plata (Argentina). Las Metas 2021 apuntan a convertirse en la ruta de navegación en materia educativa para la próxima década, en un entorno de cooperación permanente.

Aunque las 11 metas aprobadas en Buenos Aires constituyen enunciados lógicos en el mundo actual, cada una de ellas, con costos calculados en US$100.000 millones, está sustentada en logros concretos. Por ejemplo, respecto al objetivo de incrementar la educación técnico-profesional, el propósito es que si bien para 2015 entre el 20 y el 70% de los centros de formación técnico-profesional organizan sus carreras en función de las competencias derivadas de la demanda laboral, para 2021, este porcentaje debe estar entre el 50 y el 100%. Lo mismo que la expectativa de las prácticas en distintas empresas.

En general, las 11 metas, con sus criterios de evaluación e indicadores de logro, aspiran a reforzar la participación de la sociedad en la acción educadora, incrementar las oportunidades, aumentar la oferta, universalizar la educación primaria y secundaria básica, ofrecer programas que aseguren la adquisición de competencias para el desarrollo personal y el ejercicio de la democracia, fortalecer la instrucción técnico-profesional, incrementar la conexión entre educación y empleo, ampliar la cobertura a personas adultas, invertir más en el sector, fortalecer la investigación científica y ampliar el espacio iberoamericano del conocimiento.

Obviamente, el cumplimiento de estos objetivos requiere disciplina económica. Por eso, en el documento aprobado se decidió crear un Fondo Solidario para la cohesión educativa, cifrado en US$5.000 millones, con el objetivo de contribuir al esfuerzo que realizan los países más pobres para el logro de sus metas. Y como estos ideales no pueden concebirse sin el apoyo del sector privado, también quedó formalizada la participación del banco BBVA como aliado estratégico. Por eso, entre el banco y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) se suscribió una alianza para que el BBVA apoye el cumplimiento de las metas con la concesión de un millón de becas que se desarrollarán en cuatro campos de acción.

Según el presidente del BBVA, Francisco González, “la educación es hoy una tarea de todos, y por eso su vinculación corresponde a un plan de 12 años, que es el periodo que se necesita para escolarizar a un niño y tener la máxima probabilidad de tener su incorporación al mercado laboral”. La idea es que los beneficios se extiendan a programas de capacitación de docentes y otros proyectos de emprendimiento. El cálculo es poder beneficiar a ocho millones de personas. En opinión del secretario general de la OEI, Álvaro Marchesi, “un aporte económico clave en términos de responsabilidad social empresarial”.

Pero el Congreso Iberoamericano de Educación realizado en Buenos Aires no sólo fue el marco de aprobación de las Metas 2021. En múltiples foros se escucharon importantes reflexiones sobre el mundo educativo actual, que llaman la atención de los expertos. Por ejemplo, el vicepresidente de la Fundación Telefónica, Javier Nadal, planteó una saludable controversia: “Hoy los alumnos están más capacitados en tecnología que los profesores y eso sugiere la actualización de los métodos de trabajo”. Una afirmación que complementó el experto chileno Hugo Martínez con otra idea: “La mayor parte de los profesores de hoy nacieron y estudiaron cuando no existía internet”.

Estas realidades le plantean a América Latina retos importantes, como reducir sensiblemente la brecha digital y entender que el acceso a la tecnología por parte de los estudiantes y profesores será una clave para el desarrollo. Ello implica nuevas formas de enseñar. Pero esta reflexión sobre la adaptación al mundo tecnológico de hoy no excluye la perspectiva política. Por eso otra fuente de discusión en el Congreso fue entender que las Metas Educativas no podrán alcanzarse si los modelos económicos en distintos países no privilegian sus inversiones en este campo. Y de igual modo, como lo resaltó el experto argentino Pablo Gentili, que “no se puede pensar en educación sin estar observando qué sucede en el mercado laboral”.

Uno de los temas adicionales de debate fue la educación técnico-profesional, que sin duda es un campo de acción fundamental en América Latina. Según el catedrático argentino Pedro Daniel Weinberg, “hay que mirar en esos arrabales de la educación porque allí es donde la innovación y experimentación está revolucionando los conceptos”. Y lo documentó con ejemplos de cómo en Brasil, Paraguay, México, Argentina o Colombia, este tipo de capacitación está cumpliendo un papel educativo incluyente y democrático. No es la solución absoluta, pero en este horizonte es  donde se pone a prueba la creatividad para educar masivamente.

Fueron tres días de buenas ideas y contundentes diagnósticos. El ex presidente español Felipe González cerró el Congreso con una magistral exposición, en el cual argumentó por qué América Latina vive hoy un momento estelar que sólo puede ser capitalizado a través de la educación y cómo en un mundo donde las materias primas ya no forman parte de un monopolio, sino que están en todas partes, estamos viviendo en los umbrales del auge de las revistas científicas y el impacto de la revolución tecnológica en beneficio de la educación. El reto ahora es adaptarse y entrenar a la sociedad para quitarle, por ejemplo, con la educación, espacio al negocio más grande del mundo: la droga, que mueve en promedio US$700.000 millones al año.

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