Mauricio Soler, con alma de campesino

Fue el Deportista del año de El Espectador, en 2007, y hoy libra una batalla contra un edema cerebral tras caer de su bicicleta.

Hasta los 15 años, la vida de Mauricio Soler parecía estar destinada a ser igual a la de los demás muchachos de su edad en su natal Boyacá: ser un agricultor más. Pero, por esas cosas del deporte, uno de sus hermanos, Ómar, lo incentivó y le enseñó a tomarle cariño a la bicicleta. Era 1998. Nueve años después, ese mismo muchacho de hablar pausado era galardonado por El Espectador como el Deportista del Año de 2007.

El quinto de los seis hijos de Manuel Soler y María del Carmen Hernández tuvo una infancia campesina en Ramiriquí. De pequeño les ayudó a sus padres en las labores. La historia ciclística de Soler en Colombia fue corta. Su primera gran competencia fue la Vuelta Nacional del Futuro, en la que terminó segundo. Después ganó la Vuelta de la Juventud, en 2004. Un año después corrió la Vuelta a Colombia y ganó la última etapa, en Bogotá.

Con esos resultados y una talla física poco común entre los ciclistas colombianos —1,87 metros—, el ciclismo europeo empezó a fijarse en él. En 2006 fue contratado por el equipo italiano Acqua e Sapone. Fue un año de adaptación. Tenía sólo 23 años y la gloria estaba por llegarle.

Como corredor de la escuadra sudafricana Barloworld, el 7 de julio, Soler apareció en la largada del Tour de Francia de 2007. En su espalda tenía el número 219. No era el líder del equipo. Ese honor era para el ruso Alexander Efimkin. Aparte del ruso, al lado de Soler corrían en el Barloworld tres italianos, un inglés, un bielorruso, un sudafricano y otro colombiano, Félix Cárdenas.

“Yo llegué con mucha ilusión, como todos los que participamos en un Tour de Francia, la carrera más importante del mundo, con la aspiración de llegar a hacer algo importante”, manifestó Soler en una entrevista desde España para este reportaje.

En la séptima etapa, con llegada en Le Grand-Bornand, Soler se acomodó en la fuga que era, en compañía de 14 pedalistas más. Al final de la fracción, el de Ramiriquí se ubicó cuarto y en la clasificación general escaló 53 puestos para ponerse quinto.

Pero un día después pagó cara la aventura de la víspera y la montaña se volvió en su contra. En esa octava etapa Soler cruzó la meta agotado, vencido. De ser quinto, descendió a la casilla 27 en la general.

Tras una jornada de descanso, el Tour se reanudó con la etapa reina entre Val-d’Isère y Briançon. La verdad, Soler ya no era una amenaza para los favoritos y él mismo era consciente de eso. Estaba herido en su amor propio y tenía que demostrar que su gesta en la llegada a Le Grand-Bornand no había sido una coincidencia.

Los casi 160 kilómetros por recorrer ese martes 17 de julio, según la altimetría de la etapa, eran un verdadero “serrucho”, y con un calvario para los pedalistas a mitad de fracción: el ascenso al tenebroso Galibier.

Desde que se bajó la bandera en Val-d’Isère, Soler se mostró inquieto y se apuntó en varias fugas que rápidamente fueron controladas por el gran lote. Hasta que por fin el colombiano se apuntó a la fuga que era y cruzó primero el Galibier, en compañía de otro grupo de ciclistas.

En el ascenso final hacia Briançon, Soler se desprendió de sus compañeros de escapada y solo se fue a buscar la meta. Mientras el gran lote absorbía a quienes se habían fugado con el colombiano, éste entregaba hasta su último aliento. En cada pedalazo dejaba su vida. Colombia entera, como en otras épocas, se paralizó para ver por televisión la gesta que estaba haciendo en Europa el ciclista boyacense.

Hasta que por fin apareció la pancarta del último kilómetro, pero éste era casi todo en ascenso y las fuerzas de Soler, tras 160 kilómetros de esfuerzo, empezaban a escasear. Soler miró una vez hacia atrás y vio que sus perseguidores no estaban cerca, levantó los brazos y cruzó la meta. Los primeros aplausos que recibió fueron los del presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien presenció la etapa en compañía del director del Tour, Christian Prudhomme.

El pedalista de Ramiriquí recordó que cuando cruzó la meta por su cabeza pasaron tantas cosas que “son muy difíciles de describir”.

Tras el triunfo en Briançon, todo fue alegría para Soler y el ciclismo colombiano. Al final de la carrera en los Campos Elíseos, el hombre de Ramiriquí se ubicó en el puesto 11 en la clasificación general. El vencedor fue el español Alberto Contador. Y, como si lo anterior fuera poco, con 206 puntos se proclamó como el vencedor de la montaña en ese Tour de Francia.

Después de la gesta de 2007, la suerte no ha estado del lado de Soler. Los accidentes, infortunadamente, lo han acompañado a toda hora.

Por ahora, Soler dice estar tranquilo y optimista. “Con los pies en la tierra y los ojos al cielo”, dijo, mientras recuerda que en agosto pasado llegó al mundo el heredero suyo y de Patricia.

* Texto del libro los 50 años del Deportista del Año de El Espectador, publicado en 2010.

Soler evoluciona favorablemente

El ciclista colombiano Mauricio Soler, que el jueves pasado sufrió un accidente en la Vuelta a Suiza y fue puesto en coma artificial, evoluciona “favorablemente”, anunció ayer Alfredo Zúñiga, el médico del equipo Movistar. “Las noticias de hoy (ayer) son buenas. Mauricio sigue ingresado en la UVI y su evolución está siendo favorable. El edema cerebral, que es lo más preocupante, ha experimentado una ligera mejoría y por eso tenemos que ser optimistas”, explicó. “Las 48-72 horas posteriores al accidente son claves y las primeras horas son aún más críticas y él las ha superado. También la evolución del neumotórax ha sido favorable. Tiene, además, múltiples lesiones y fracturas, pero en lo que los médicos están centrados ahora es en el tema del edema”, puntualizó.