Mucho talento, pocas palabras

Sin pronunciar muchas frases, el volante del Porto aparece en los momentos cruciales. “No nos sentimos clasificados”, dice.

Pases, goles y pocas palabras

A ratos, las palabras se le atragantan. No son muchas, ciertamente: no hay nada cercano a una verborrea. James Rodríguez habla con lo justo. En ocasiones, con menos. El volante enuncia una idea y la enfatiza. La religión de lo escueto le permite ir al grano, responder lo necesario. Y, en todo caso, optar casi siempre por expresarse en la cancha: palabras más firmes, acaso más enfáticas, que terminan grabándose en la memoria.

En música, los silencios importan tanto como los propios sonidos. Si Colombia es, para seguir el lugar común, una sinfónica, Rodríguez funciona como un solista de refinada economía expresiva. Nunca un exceso, nunca una floritura. Como en las declaraciones, decir lo preciso, lo que la circunstancia exige. Y, también, refugiarse en la idea del silencio, en jugar sin que la pelota pase necesariamente por los pies.

Ante Malí, Rodríguez entendió su papel. Aparte de eso, lo ejecutó cada vez que pudo. Es decir, cada vez que el juego africano —friccionado y violento— lo dejó. Asociaciones, pases, cambios de frente, riqueza y sensibilidad. Centros certeros, letales. Y, al final, liquidar un partido más complejo de lo que cualquiera pudo imaginar, y abrazar con euforia a la gente.

Dolor, cansancio y celebración

Tras un choque, la primera fecha le había dejado a James una marca: la mano izquierda adolorida y vendada. No fue un asunto del todo menor. De hecho, la molestia alcanzó a poner en duda la presencia del cucuteño en el segundo partido. Además, estaba la altura: el volante no alcanzó a llegar para la pretemporada del equipo y su respuesta a los 2.600 metros todavía generaba incertidumbre. Sin embargo, el 10 apareció: el gesto adusto, la mirada firme.

“Todavía siento un poco la altura. En el partido contra Francia, a los 80 minutos ya estaba muerto. Para éste estuve perfecto, la mano me molestó sólo un poco, pero nada de qué preocuparse. Además, con el público así, uno se sobrepone al cansancio y a la altura y hace un pequeño esfuerzo más”, afirmó.

Desde luego, Rodríguez hablaba con la emoción. Sus palabras quedarían redondas con otra frase:

“El dolor, cuando uno entra al campo de juego, se olvida: estás jugando por 45 millones de colombianos”.

Actuó como una fiera, habría podido decir Eduardo Lara. O, más que eso, como un caballero. El silencio y las ganas de jugar anularon la posibilidad de una sola queja. Lara mismo lo diría. “Nunca bajaron los brazos”, sostuvo el vallecaucano. “El reflejo es lo que hizo James con el dolor de su mano, que en ningún momento se quejó, y si no se iba a quejar él, creo que los otros tampoco podían hacerlo”.

No era un partido para quejarse, de todos modos. La propuesta africana exigía temperamento e imaginación. Rodríguez tuvo los dos, a pesar de todo. En los últimos minutos, ya fatigado y cansado de las patadas, logró tranquilizar a todos: dar un pase, correr a recibir y definir.

Si los jugadores se miden por la importancia de sus goles, Rodríguez sólo podía llegar a su segundo tanto en el Mundial de esa manera: resolviendo una historia que se hacía peligrosa.

“Fue un partido muy raro”, dijo. “Duro, trabado, difícil. Ellos son muy fuertes y trataron de quitarnos el balón. Lo hicieron, pero cuando nosotros lo recuperamos, nos juntamos y creamos peligro. Tuvimos seis o siete opciones de gol que no pudimos concretar”.

“Vamos paso a paso”, reconoció. “Hay que estar tranquilos y que la gente también lo esté. No como referente, sino como uno más que soy, les agradezco a todos por el apoyo, porque fue realmente impresionante. Ese aliento lo necesitamos en cada juego”. Una aclaración vendría después: “todo el respaldo del público bogotano lo hemos sentido mucho, pero no es solamente Bogotá, sino todo el país”.

La celebración del gol no pudo ser más oportuna: correr y fundirse entre los hinchas. Por momentos, el trópico es pensar con el estómago. Rodríguez no sólo saltó la valla publicitaria: también la formalidad, los protocolos, la milimétrica coreografía Fifa.

“Desde que comenzó el partido dije que si metía un gol iba a festejar así”, sostuvo. “Y se dio y fue muy bonito. Yo sólo escuchaba: gol, gol, gol. Sólo eso. Es una alegría más, por eso no creo que me regañen o me digan algo sobre esa celebración. Lo estaba buscando”.

“No estamos clasificados”

Al final, Rodríguez fue prudente. “Corea del Sur es un rival complicado, juega rápido, al toque, y va a ser un partido muy diferente al de Malí”, señaló. “No nos sentimos clasificados”, advirtió. “Queremos el liderato para poder jugar los octavos en Bogotá”, concluyó.