El colombiano de la Copa Africana

Rolan de la Cruz juega con Guinea Ecuatorial.

Rolan de la Cruz Biojó nació en Tumaco, Nariño, el 3 de octubre de 1984, y como casi todos los niños de esa región creció jugando al fútbol con los pies descalzos y dando patadas a pelotas de trapo, mientras soñaba con convertirse en deportista profesional y vestir la camiseta de la selección de Colombia.

En 2005 debutó con el Deportivo Cali y cumplió parte de su objetivo. Pasó después por Deportivo Pasto, Santa Fe, Cortuluá y el Árabe Unido de Panamá, antes de llegar al club Fortaleza, de la Primera B, con el cual juega actualmente. Su otra meta, representar a Colombia, no se dio.

Sin embargo, el destino le puso un nuevo reto en el camino. En septiembre pasado un tío le propuso que jugara con la selección de Guinea Ecuatorial, un país de África Central que fue colonia española hasta 1968 y del cual tiene ascendencia.

Al volante de marca, que ha disputado las copas Libertadores y Sudamericana, la idea no le disgustó. De hecho, cuando lo contactaron ni siquiera dudó para dar el sí.

En octubre fue a su primera convocatoria y desde el sábado participa en la Copa Africana de Naciones, de la que ‘su’ país es una de las sedes.

“En Colombia no se me dio la oportunidad de jugar en una selección, y, viendo el grado de consanguinidad que tengo con este país, acepté la oferta. Es una cultura muy parecida a la nuestra, incluso el clima y la geografía se parecen, así que no he tenido inconvenientes para adaptarme”, señala el nariñense, quien ya se siente orgulloso de representar al millón de ecuatoguineanos.

De la Cruz explica que “este es un equipo que juega bien al fútbol. La mayoría de los jugadores militan en clubes de España y Portugal. Tenemos un técnico brasileño (Gilson Paulo), quien pretende que no juguemos al choque ni a imponer la fuerza física, como lo hacen la mayoría de los equipos del continente”.

En su estreno en el torneo, Guinea venció 1-0 a Libia, resultado por el que la plantilla de jugadores recibió cerca de $2.500 millones como premio, suma que les había prometido el hijo del presidente de ese país, un apasionado por el fútbol que además ofreció $30 millones por gol.

“El equipo es muy alegre. Todos hablamos español, aunque hay unos que también se comunican en portugués, francés o en inglés”, señala el volante, y lamenta que su coterráneo Danny Quendambú, quien también estuvo preseleccionado, no haya quedado en la nómina definitiva. “Él es como mi hermano, lo quiero mucho y me dolió que tuviera que regresar a Colombia”.

Espera, sin embargo, que el delantero, que pasó por Cortuluá y varios clubes costarricenses y que también juega para el Fortaleza F.C., vuelva a ser tenido en cuenta para la eliminatoria al Mundial de Brasil 2014, que en África comienza en mayo próximo.

“Ahora el objetivo es hacer una gran Copa de Naciones, porque es un acontecimiento muy importante para el país, pero después hay que pensar en clasificar para Brasil”, dice con algo de nostalgia, pues imagina cómo habría sido pelear un cupo a la próxima Copa Mundo, pero con la casaca amarilla de Colombia, la cual soñaba ponerse mientras aprendía a jugar, en las polvorientas calles de su querida Tumaco.