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hace 5 horas

Brasil, más que un destino de Ruiz

'Cacharrito' será el árbitro del Inter-Chivas, que define al nuevo campeón de América en la noche de este miércoles en Porto Alegre (8:00, Fox Sports).

A la par del reconocimiento que ha recibido Óscar Julián Ruiz en su carrera arbitral, también algunos cuestionamientos le han apuntado al juez colombiano y uno de los de mayor insistencia es que siempre les pita a los brasileños, bien sea a nivel de clubes o selección.

Por eso, cuando fue designado para orientar la final de la Libertadores de esta noche en Porto Alegre entre Internacional y Chivas de Guadalajara (8:00 p.m., Fox Sports), de inmediato aparecieron críticas, las cuales desestima Cacharrito con argumento de por medio: “En las tres finales anteriores de Copa Santander que estuve, las disputaron equipos de Brasil y no ganó ninguno”.

En efecto, en la primera que tuvo Ruiz en 2002, São Caetano cayó con Olimpia de Paraguay, al año siguiente Santos no pudo con Boca Juniors y en la edición 2007, nuevamente el club xeneize se impondría sobre Gremio.

Con esa estadística, la preocupación para el juego de esta noche debería ser local, aunque los interistas llegan con la ventaja de un gol al juego definitivo, tras haberse impuesto la semana pasada 2-1 en la ida.

Un empate les bastará entonces para levantar la Copa a los dirigidos por Celso Roth, pero un triunfo mexicano por la mínima obligará a definir la serie a través de los penales, ya que en esta última instancia de la competición, el gol de visitante no tiene un valor extra como en las fases anteriores.

En el caso de Ruiz, esta final sí tiene un significado especial porque se convertirá en la undécima internacional, en un amplio listado que comenzó a escribir el abogado metense con el juego que definió el título del Suramericano Prejuvenil de Perú en 1995.

Después estaría en los últimos encuentros de Copa América, Copa Intercontinental de Clubes, Copa Mercosur, entre otros, y su asignatura pendiente es la de orientar el de una Copa del Mundo de mayores, torneo que le tiene reservado un espacio en su historia arbitral.

En Sudáfrica se inscribió entre los seis silbatos que llegaron a tres mundiales, aunque en el continente negro “apenas estuve en un juego (Nigeria-Grecia) y en otro como cuarto oficial (Camerún-Japón), pero creo que fue positiva la experiencia y con todo y que me lesioné (sufrió desgarro y tendinitis a mitad de competencia), llegué hasta el final en la concentración de Pretoria”.

Quería cobrarse revancha después de que en Alemania 2006 un error le permitiera sólo estar como central en un juego, pero no se pudo y a sus 41 años ni siquiera vislumbra la opción de colgar el silbato y con la designación de este miércoles se llena de motivos para seguir buscando el sueño de despedirse pitando el último partido de la próxima Copa del Mundo, la cual irónicamente se celebrará dentro de cuatro años en Brasil, un destino que definitivamente le persigue.