"La cancha para mí era una prisión"

El estadounidense confesó lo amarga que fue su niñez. Esta noche jugará en Bogotá un partido de exhibición contra Pete Sampras.

El mismo carisma que siempre lo caracterizó en las canchas es el que sobresale en su personalidad. Andre Agassi es arrollador, un hombre que seduce con sus palabras y cautiva por su sencilla forma de ser. Este jueves, el ex tenista estadounidense hizo colapsar la calle 73 con carrera 9ª de Bogotá, en donde en una tienda Juan Valdez ofreció una rueda de prensa, previa al partido de exhibición que jugará esta noche en el coliseo El Campín contra su compatriota Pete Sampras.

Tras su cita con los medios, Agassi, de 40 años de edad, ganador de ocho títulos de Grand Slam y retirado de las canchas hace cuatro temporadas, le ofreció una entrevista a El Espectador, en la que sorprendió hablando de una niñez difícil.

¿Por qué cuando habla de su niñez se le ve un tono de tristeza?

Porque para mí la cancha de tenis era como una prisión. Recuerdo que en mi casa había tres reglas: despertarte, entrenar y lavarte los dientes. Esas fueron las reglas de mi prisión.

Pero usted habla de que pasó de la prisión de su casa a la de la Academia Nick Bolletieri...

A los siete años, cuando entrenaba en casa, era más domable, pero a los 13, cuando me mandan a la Bolletieri, yo ya pensaba por mí mismo y no quería estar allí. La gente creía que eso era rebeldía, pero no era así.

¿Por qué ese odio contra un deporte que le dio reconocimiento, fama y dinero?

Porque yo no escogí el tenis, el tenis me escogió a mí. Vivir lejos de tu casa a los 13 años te genera rechazo. Estar en la Academia Nick Bolletieri era como una prisión glorificada. Eso marcó mi niñez. La forma de escapar de la academia era siendo exitoso. Pero tenía miedo de fracasar y efectivamente muchas veces fracasé.

¿Y entonces cómo se reinventa para el tenis?

A los 27 años me di un permiso de dejar el tenis, porque no tenía el control de mi vida. Y luego, ya por decisión propia, sí escogí el tenis libremente. Empecé a apreciar más el juego e inclusive gané más títulos después del regreso. Pero además ahora tengo una razón más de peso para amar el tenis: me dio a mi esposa (Steffi Graf). Y las ausencias que tuve durante mi niñez, las lleno ahora con la crianza de mis hijos Jaden Gil y Jaz Elle.

En ese proceso de ‘resurrección’ tuvo que ver mucho su preparador físico, Gil Reyes. ¿Qué significa él en su vida?

Es un ser muy especial, más que un preparador fue como un padre para mí, porque me dio un espacio para crecer al ritmo que yo quería.

¿Y Steffi Graf fue su complemento ideal en esa época?

Ella es la base de mi vida y obviamente entiende a la perfección las cosas que yo hago, porque también fue tenista. Así todo es más sencillo. Sin decirnos nada, ya sabemos qué está pensando el otro.

El año pasado publicó su autobiografía, que tituló ‘Open’. Entre otras cosas confesó que en la final del Roland Garros de 1990 ante el ecuatoriano Andrés Gómez jugó con peluca. ¿Por qué lo hizo?

En la vida hay cosas que a uno sencillamente no le gustan de uno mismo y entonces tú, o las dejas ver o las escondes. No hay mejor manera de esconder tu calvicie que con una peluca. Fue divertido, pero la verdad, me asusté mucho de que se me cayera en pleno partido, porque la noche anterior se me empezó a caer el pelo. En la mañana tuve que ponerme como 50 ganchos. Por fortuna no se me cayó la peluca y además gané.

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