“Ser padre ha sido el gol de mi vida: ”Mario González

El mejor jugador de Santa Fe en el Clausura atribuye el gran momento profesional al nacimiento de su primogénito Matías.

A los golpes se acostumbró desde niño. El talento precoz le llevó a estar en la cancha en medio de jugadores que le aventajaban en talla y edad, los cuales intentaban frenar su irreverencia con el balón a pura fuerza, —léase patadas muchas veces—, pero además la vida misma le puso muy temprano zancadillas a Mario Alejandro González, de las que le costó mucho levantarse.

La más inclemente de todas, como cualquier entrada directa a la canilla y con taches de frente, la recibió a los cinco años, cuando quedó huérfano de padre, razón por la cual “son muy pocos los recuerdos que tengo de él, porque era muy pequeño. Pero así no esté, como tampoco mi abuelo, son dos personas que siempre llevo presentes”.

Y así como la vida le quitó al mejor jugador de Santa Fe en el Clausura, también le dio razones para seguir y la más fuerte de todas nació el 10 de septiembre del año pasado: “Con la llegada de Matías volvió la inspiración y el momento que estoy pasando se lo debo a él”.

Mañana Mario soplará 27 velas en el ponqué, pero el regalo le llegó por anticipado con ‘Mati’, como le llama “desde que estaba en la barriga de la mamá, porque es algo muy lindo. Ser papá ha sido el gol de mi vida, porque le dio un giro total, es una bendición muy grande tener esa responsabilidad y era algo que me hacía falta, ya que ahora sé que tengo a alguien por quien luchar y darle ejemplo”.

A los dos los une el signo Virgo, pero si de señales se trata, el volante albirrojo tuvo en su único hermano, Juan Carlos, tres años mayor que él, “el amor por el fútbol. A mí me gustaba y lo veía, pero fue él quien me lo enseñó como destino, porque jugaba en varios equipos y como andaba conmigo para todo lado, me fue llevando y por esas cosas, el que terminó jugando profesional fui yo”.

Igual llegó a cumplir el sueño por los dos y en especial por Marina, la abnegada madre que trabajó durante muchos años en fábricas para sacar a sus hijos adelante y de ahí que el menor del hogar González sólo tenga para ella “agradecimientos, respeto y mucha admiración, porque junto al apoyo de mis abuelos paternos, que también tuvieron que ver mucho en mi crianza y nunca la desampararon, hicieron todos los esfuerzos para que pudiera jugar en primera y hoy soy el orgullo de ellos”.

También lo es para el tío Gerardo, quien ante la muerte de su hermano, “se convirtió en la figura paterna porque estuvo pendiente de todo en la casa, siempre le habla a uno. Es como otro padre para nosotros, siempre veló porque fuéramos una familia muy unida y gracias a esos consejos es que uno está donde está”.

De ese apoyo incondicional da fe Pedro León, el técnico bogotano que descubrió a Mario, cuando su hermano Juan Carlos se lo presentó para que también lo entrenara en Caterpillar y “por encimita se le veía la condición, estuvo tres años conmigo y después me lo llevé a Independiente Bogotá, un club que fundé y en el que su nivel fue tal, que a los 14 años lo ponía en el equipo de marcas, que era categoría única”.

Según el entrenador, “siempre fue muy calladito, casi que hablaba con fútbol y su especialidad era tirar túneles, a veces tocaba regañarlo porque abusaba y calentaba a los rivales”, pero a la vez reconoce que haber jugado desde la adolescencia en medio de adultos “ayudó mucho a su maduración personal y futbolística, aunque por la técnica que le conozco, todavía puede dar más”.

Así también lo consideran sus amigos de Bosa, el humilde barrio al sur de Bogotá donde Mario creció y hasta hace muy poco vivió. Lugar en el que se siente “en casa porque toda mi familia vive allá, como también los amigos del colegio, y cada vez que puedo paso a saludarlos, porque uno nunca debe olvidarse de dónde viene”.

Eso lo aprendió en el Alfredo Nobel, colegio de donde salió bachiller para luego ir a la Universidad Central, en la que alcanzó a estudiar tres meses de publicidad, “hasta que debía decidir entre el estudio o el fútbol, porque si hacía los dos al tiempo no iba a cumplir de la mejor forma en ninguno”.

Ya se sabe cuál caminó eligió y hoy que el tiempo parece darle la razón, este bogotano no quiere dejarle a Matías balones ni camisetas, sólo la enseñanza de que al talento siempre hay que ponerle una cuota adicional de lucha.