Sudáfrica nos lo debía

Más allá de la goleada argentina 4-1, con goles de Messi, Higuaín, Tévez y Agüero, el de ayer fue un partido histórico.

Una España que busca imponer la autoridad de la mejor selección del planeta y la albiceleste que aspira a recobrarla.

Este martes en Buenos Aires el ambiente fue mundialista. Cinco cuadras bloqueadas en torno al Monumental de Núñez para recibir a 60 mil personas vestidas de azul y blfanco. Lluvia de papel picado y serpentinas que trajeron al recuerdo la consagración de Argentina como campeón del mundo en 1978 en esta cancha.

Los argentinos abarrotaron las tribunas como hacía años no se veía, ni siquiera en las más recientes eliminatorias. Exhibían con orgullo las dos estrellas de campeones mundiales. Esto para no sentirse opacados por la presencia del campeón mundial reinante, al cual humillaron con un 4-1 que de a poco empieza a devolver la ilusión a las huestes albicelestes.

Tal y como lo había advertido el arquero Íker Casillas a su llegada a Buenos Aires, no se trataba de un amistoso más, sino de un juego entre potencias en un estadio mítico. Por eso a los ibéricos se les vio realmente emocionados antes que cansados por las 14 horas de vuelo del domingo. Se tomaron fotos en La Bombonera y el Monumental, varios las colgaron en Twitter y, por ejemplo, Cesc Fábregas usó adjetivos como “impresionante” y “espectacular”.

Incluso el clima se prestó para el espectáculo. Pleno sol después de una semana de lluvias y vientos intensos. La temida “surestada” fue reemplazada por el temporal argentino que arrasó a la Furia Roja con los goles de Lionel Messi, Gonzalo Higuaín, Carlos Tévez y Sergio Agüero (descontó Llorente).

La ausencia de Carles Puyol se sintió en el fondo español, mientras el seleccionado local lució más relajado que en la era Maradona. Con menos presión encima y ya pensando en la Copa América del año entrante, los 11 de Sergio Batista desplegaron un 4-3-3 en el que se libró de la responsabilidad de la capitanía a Messi a cambio de la autoridad de Javier Mascherano, también su compañero ahora en el Barça.

Y eso se notó en el partido. Un Lio libre, tranquilo, dispuesto a recibir y crear. El regreso de la seguridad de Cambiaso en el medio, además de la veteranía de Gabriel Milito en la defensa parecen darle un nuevo aire a la albiceleste que cobró revancha por la derrota a finales del año pasado en España (2-1).

En todo caso, los de Del Bosque se están acostumbrando a jugar con la confianza del campeón y debe demostrarlo ahora en cada encuentro. Como dijo el propio seleccionador ibérico, “lo peor que puede ocurrirnos es aburguesarnos y creer que somos los reyes del mundo”.

Por eso el objetivo del juego era consolidar la autoridad que ofrece el título orbital y de la Eurocopa, de cara a la eliminatoria de la próxima cita de selecciones del Viejo Continente que ya inició el viernes pasado con victoria 4-0 sobre la débil Leichenstein.

El reto inmediato entonces de los españoles es recuperar el nivel de Sudáfrica para enfrentar el mes entrante a Lituania y Escocia en el camino hacia la Euro de Polonia-Ucrania 2011.

Los argentinos, por su parte, quieren hacer olvidar cuanto antes el negro recuerdo del pasado Mundial y con la segunda victoria en línea en la era del Checho, siguen pensando en recobrar el espíritu y la contundencia de México 86, en la que precisamente el hoy técnico Batista jugó de volante y se coronó campeón.

Sin embargo, todavía hay dudas y controversias sobre cuál es la mezcla ideal entre la nueva generación liderada por Messi y los veteranos como Zanetti, que volvieron a ser tenidos en cuenta. Unos y otros le tienen confianza al seleccionador interino, en especial los más jóvenes, porque con la mayoría de ellos conquistó el oro olímpico en Beijing.

Eso le otorga autoridad, pero como insiste la prensa, el técnico necesita continuidad, un voto de confianza definitivo por parte de Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino.

El punto de equilibrio dependerá de los partidos de preparación y de que Batista consolide el grupo y asegure su puesto como técnico, ya que está a prueba y por ahora intenta asegurarse al menos hasta la Copa América. Igual, todos en Argentina coinciden en que la interinidad no le conviene a esta selección, pero la AFA no ha dicho la última palabra.