Cazadores de montañas

Los mejores escaladores del mundo  hablaron con El Espectador sobre sus hazañas por las cimas del planeta.

Se dan el lujo de hacer a diario lo que más les gusta, acariciar las montañas, dominar las alturas y contemplar, desde las cimas alcanzadas, paisajes únicos y sorprendentes. Los hermanos Pou, que empezaron a recorrer las montañas de la mano de sus padres cuando eran apenas unos niños, hoy gozan de ser de los pocos escaladores que viven gracias a este deporte.

Son del País Vasco, al norte de España, pero gran parte del año se la pasan viajando alrededor del mundo en busca de nuevas rutas por descubrir y conquistar. Desafiando la gravedad y el cansancio, estos hermanos, para los que el trabajo en equipo es su mayor fortaleza, tienen una gran lista de cimas logradas durante 18 años dedicados al deporte por todo el mundo, que van desde muchas paredes europeas, pasando por la Patagonia en Suramérica, hasta el blanco paisaje de la Antártida.

Este fin de semana llegaron por primera vez a Colombia como invitados a la competencia Red Bull Psicobloc. Los montañistas fueron los ruteros de 10 competidores colombianos que pelearon por el triunfo en la represa de El Prado, en el Tolima, una de las zonas más propicias para este deporte en el país.

“La escalada es más que la actividad física, eso sólo es una pequeña parte de todo lo que se logra. Una de las cosas bonitas es poder visitar lugares como Colombia, conocer otras culturas y llevar los valores del montañismo por diferentes partes del mundo”, dice Eneko Pou, quien se desempeña actualmente como instructor de la Escuela Vasca de Alta Montaña.

Su hermano Íker Pou, a quien se le reconocen grandes habilidades no sólo para la escalada, sino también para el alpinismo, asegura que en Latinoamérica este deporte está teniendo mayor acogida. “Cada vez hay más gente, el movimiento ha crecido mucho y hay mayor calidad en los deportistas y en las infraestructuras”, dice el más joven de los Pou.

Ambos lograron gran reconocimiento como escaladores en 2003, cuando emprendieron el proyecto ‘Siete paredes, siete continentes’, que implicaba escalar siete de las grandes paredes naturales del mundo. Terminaron su viaje por el planeta el 24 de diciembre de 2007 parados en una de las cimas de la Antártida. Allí, celebrando el triunfo, conmovidos por la grandeza del lugar, los dos encontraron el paisaje más impactante, salvaje y encantador que habían contemplado desde que empezaron sus viajes cuando eran niños.

Las expediciones de los Pou pueden durar hasta dos meses y han llegado a estar pegados a una pared durante siete días consecutivos. “El momento más importante es el recorrido. Se ha creído que si no hay cima no hay triunfo, y eso es mentira, la vivencia en el recorrido es lo más trascendente”, dice Íker, después de firmar un autógrafo a una joven que empieza en el deporte.

Poco les preocupan los títulos, se sienten orgullosos por ser considerados como los mejores del mundo, pero tienen claro que su prioridad es imponerse sus propios retos por encima de los halagos. Aseguran que hoy las novias de los futbolistas y sus carros lujosos tienen mayores reconocimientos que otras disciplinas deportivas, pero le siguen apostando a valores como el respeto por la naturaleza y la solidaridad. “Hoy prima la cultura del pelotazo del fútbol, nosotros hacemos esto porque nos gusta”, señala Eneko Pou y agrega que la escalada se trata de superar, no sólo como deportista, sino también como persona.

Han estado en cientos de lugares, pero sienten que les faltan muchas montañas por conquistar. Después de Colombia, esperan volver a su país a tomar un merecido descanso y retomar a comienzos del próximo año una nueva aventura por Suramérica. “Nos quedan 50 mil montañas por escalar. Lo mejor es no dejar de soñar. Tenemos muchas ideas, lo que nos hace falta es tiempo. Seguir soñando es el espacio más importante”. Finaliza Eneko Pou antes de subir a la pared.