"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 7 horas

Amarillo, azul y ROJO

Tres de los arqueros de Santa Fe se apoderaron del pórtico de las distintas categorías de la selección de Colombia.

Cuando los máximos accionistas de Independiente Santa Fe decidieron armar un equipo de primera categoría para este año, fijaron como prioridad la contratación de un arquero de garantías y no se fijaron en otro distinto al titular de la selección de Colombia, el mismo que temporadas atrás le habían regalado al Tolima.

Y si los goles valen en cualquier mercado, también cuesta el que los evita y por eso no fue fácil repatriar a Agustín Julio. Pero el esfuerzo valió la pena, porque más se tardó en aterrizar el cartagenero, que en ponerle candado al arco albirrojo, lo cual permitió además que su nombre siguiera repitiéndose en las convocatorias de Jorge Luis Pinto.

Esa distinción, que indirectamente comparte el equipo, en Santa Fe se propagó en las divisiones menores y casualmente en el mismo puesto, porque otros dos arqueros albirrojos, como Camilo Vargas y Brayan Landázuri, están preseleccionados por Eduardo Lara para la juvenil y prejuvenil de Colombia, respectivamente.

Casualidad o no, el dueño de los tres palos en la absoluta recuerda que “Cali era antes el equipo que enviaba arqueros a todas las categorías de selección y es bonito saber que Santa Fe lo está haciendo ahora porque estamos representando no sólo a la institución, sino a Bogotá y por eso debemos hacerlo con la mayor responsabilidad posible”.

El orgullo también invade a Vargas, el único bogotano de los tres que no se cambia por nadie al compartir con Julio, al que considera “el mejor referente que los arqueros jóvenes podemos tener, es el mejor del país por su experiencia y condiciones, y por eso a diario le aprendo algo”.

Landázuri, a sus 16 años, entrena con la preselección sub 17 en Bogotá y no tiene todavía esa fortuna porque inicia su carrera en el Juventud Soacha, filial albirroja en la Primera B, al que llegó hace cuatro meses “por recomendación del profesor Arturo Leyva”, pero igual le bastó el primer contacto con Agustín para grabarse un consejo gratuito que le dio: “Ahora es cuando más humilde debe ser”.

El moreno de 1,94 metros de estatura que nació en Houston, Texas, pero al poco tiempo llegó a Colombia, espera aplicarlo para “sacar adelante a mi familia y poder volver a Estados Unidos, porque allá está mi papá”. Y así como es ciudadano americano, igual se siente “muy colombiano, y por eso estoy muy orgulloso al estar en la selección”.


Esos centímetros que le sobran en estatura le faltan en experiencia, con respecto a los otros dos, y así se lo inculca Freddy Molina, entrenador de arqueros de las selecciones juveniles, al que en primer lugar le “alegra mucho el momento que está viviendo Julio, porque cuando trabajamos juntos en Santa Fe me decía que algún día quería ser el número Uno de Colombia y su trabajo y esfuerzo lo han llevado a ocupar ese lugar”.

Y es en este momento cuando más les sugiere a Vargas y a Landázuri, que “deben aprovechar estar a su lado para seguir creciendo y aprenderle todo, principalmente su humildad”. Con el primero trabajará dentro de dos semanas en Cali, cuando se inicie otro microciclo de la preselección sub 20, mientras que al último le ha detectado estos días “problemitas de coordinación y juego aéreo, pero por su talla se puede trabajar y tiene futuro”.

Les lleva la delantera

Ninguno de los tres se formó en la cantera cardenal, aunque Julio, con su paso previo en el desaparecido Cóndor, que en su momento fue el laboratorio de muchos en el torneo de ascenso, puede ser el que más se acerca al resultado de un mismo proceso.

El caso de Vargas, en cambio, se distancia por completo, ya que cuando se calzó por primera vez unos guayos, no pidió el número uno sino el nueve. Al comienzo quiso ser delantero, porque su padre Oswaldo, quien alcanzó a estar en reservas de Millonarios, lo fue. Sin embargo, al estar tan cerca del arco, terminó debajo de él.


Esa decisión fue “la mejor que pude haber tomado, porque esa rebeldía que en su momento tuve, hoy me tiene cumpliendo muchos sueños, como el de tapar profesionalmente y estar en la selección”. Mucho en tan poco tiempo para este portero que se formó “en el club Maracaneiros y después del Hexagonal del Olaya, Santa Fe me compró en 2005”.

Pero como el arco es sólo para Uno, en este momento, su dueño no tiene discusión y Agustín Julio aventaja a los otros, pero si de algo está seguro el titular inamovible, es que cualquiera de los dos le sucederá en el momento indicado.

Por ejemplo ve en Vargas a “un muchacho de excelentes condiciones, con un saque impresionante, pero al que obviamente le falta mucho y eso se lo darán los partidos y los goles”. Ni hablar entonces de lo que deberá madurar Landázuri, quien, a su juicio “es un muchacho humilde al que la estatura le ayuda bastante, volador, y por eso es un gran prospecto”.

Él lo fue en su momento y ahora que es realidad ostenta además otro rótulo que más de uno envidiaría: ser el arquero menos vulnerado de la eliminatoria suramericana. Logro que habla por sí solo del momento que vive, pero que al mismo tiempo no duda en compartir, porque “sería mezquino decir que el trabajo se debe a una sola persona, cuando en realidad es el resultado de un esfuerzo colectivo que lo ha soportado”.

Ya el nombre de Agustín Julio dejó de ser propiedad colombiana para adquirir apellido continental, lo cual le acerca al “sueño de jugar en el exterior, las cosas se están haciendo de buena forma, hay posibilidades, pero hablé con los directivos y lo ideal es conseguir algo importante con Santa Fe y por eso me quedo otro semestre tirándola toda por el equipo”.

Un genuino ejemplo de sentido de pertenencia que a su vez compromete a sus demás compañeros para “conseguir ese título tan anhelado, lo ideal es irme campeón, hay que salir por la puerta grande y ojalá en diciembre consigamos ese objetivo”.

Mario Marín, preparador de arqueros de Santa Fe, no sabe si esté para entonces, porque llegó con Fernando Castro en enero, pero si algo ha aprendido en los 14 años de estar formando guardametas, es que “lo de los porteros es una generación espontánea porque el arquero nace, no se hace, y nosotros los entrenadores simplemente ayudamos a mejorar su condición física y técnica”.

Con Julio, Vargas y Landázuri lo está consiguiendo para blindar por un buen tiempo el arco albirrojo, el cual tiene presente, pero sobre todo, mucho futuro.

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