Ansiosa espera del helicóptero

Por fin pudimos establecer el campamento base de la expedición, tras
cuatro días de espera. Al quinto día sentimos con alegría el sonido del
helicóptero que nos llevó hasta 4.700 metros, donde quedamos ubicados.
Durante la espera nos dio alcance una expedición de Aragón de España
que igualmente fue abandonada por su equipo porteador.<br />

Escalar estas montañas requiere mucha paciencia y este año la empecé a necesitar desde el inicio, pues con el conocimiento de las estadísticas de los últimos años, sé que los días más estables para lograr la cumbre del Dhaulagiri están a finales de abril, máximo primera semana de mayo. De esta manera, sabiendo todo el trabajo que demanda equipar el camino y lograr la aclimatación necesaria, cuatro días de espera sin avanzar, invitaban a la calma.

La agencia nos anunció que el 5 de abril llegaría nuestro helicóptero. En vano alistamos todo desde muy temprano, pues nunca llegó y tuvimos que volver a armar el campamento. Su llegada fue el 6 de abril a las 11 de la mañana, hora en la que ya nos encontrábamos bastante ansiosos.

En el horizonte apareció la silueta del Manag azul que poco a poco se fue acercando y nos sorprendió al posarse en un espacio mínimo. Maniobrar un aparato de estos a esta altura y en este terreno, no es fácil. Nos tranquilizó saber que el piloto era un ruso llamado Valeri, quien nos llevó a Iván y a mí a la base del Kanchenjunga, en 2006, en condiciones climáticas extremas. En poco tiempo lo cargamos con una gran cantidad de equipo y se subieron cuatro personas.

Los que esperamos el siguiente turno vimos cómo Nacho Orviz reflejó un gran temor en su rostro al verlo despegar. En el año 2006 estuvo montado, en esta misma montaña, en un helicóptero que se accidentó, afortunadamente sin víctimas, debido a que el piloto perdió el control por el peso excesivo.

Pasaron 20 minutos y vimos regresar la aeronave que nuevamente se posó en tierra como un pájaro. Lo volvimos a llenar a tope y nos despedimos de los escaladores de la expedición aragonesa que se quedaron esperando el regreso del piloto. Éste nos anunció que se sentía pesado y que si no veía claro el aterrizaje, no lo haría.

Nos fuimos con los dedos cruzados en un vuelo impresionante, muy cerca de las paredes entre un laberinto de cañones de montañas. El aterrizaje se logró hacer. Sin apagar los motores y apoyando sólo dos de las tres ruedas, el piloto nos esperó mientras bajamos las cargas con la nieve levantándose y el frío entumeciéndonos los dedos. Cuando volvió a despegar, iniciamos el trabajo de trasladar nuestro equipo y alimentos, a unos 300 metros de distancia.

Mientras hacíamos los porteos, vimos nuevamente el helicóptero y nos sorprendimos al verlo sobrevolar el campo base y devolverse. La temperatura subió hasta un punto en que no fue posible el aterrizaje debido a la falta de oxígeno. Estos helicópteros M17 de tecnología de los años 60, no están diseñados para este tipo de trabajo y se pueden quedar sin potencia para despegar en ciertas condiciones climáticas. Fue así que el piloto decidió volver hasta Pokara para regresar con los expedicionarios aragoneses al día siguiente.

El 7 de abril amaneció despejado y ellos arribaron en horas de la mañana. Al llegar la tarde subió la humedad del río Kaligandaqui y cayó una nieve muy fina que cubrió el campamento. Todo el día estuvimos organizando todo y adaptándonos a la altura. Nuestro médico adelanta una investigación sobre lo que sucede con el cuerpo humano en el proceso de aclimatación en la escalada de los ‘ochomiles’ y desde ahora empezamos a practicar todas sus recomendaciones.

A medianoche, el viento empezó a soplar muy fuerte y vino una tormenta que depositó 60 centímetros de nieve, lo cual implicó una nueva espera para poder empezar a avanzar. Durante el día realizamos la tradicional ‘Puya’, una ceremonia budista ofrecida a la montaña que solicita su permiso para ser ascendida con buenas condiciones. Ya tenemos todo listo para poder acceder a campo 1.

Agradezco nuevamente a mis patrocinadores: Cafam, El Espectador y DHL Express, y a mi familia y amigos que me acompañan en esta expedición Dhaulagiri 2008, Colombia en las Cimas del Mundo.

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