Las colombianas del Comité OIímpico Internacional

Liliana Páez es la encargada de las finanzas del museo, Angélica Castro colabora en Solidaridad y Carolina Uribe es de Protocolo.

Faltan apenas 28 días para que comiencen los Juegos de Beijing y la delegación colombiana, conformada por 137 personas, se reforzará con tres emprendedoras mujeres que trabajan en diferentes departamentos del Comité Olímpico Internacional, COI. Ellas, desde sus cargos directivos, también le harán fuerza a nuestros 68 atletas.

Se trata de Liliana Páez, Angélica Castro y Carolina Uribe, quienes son las representantes de Colombia en Lausana, Suiza, sede principal del COI. “Aquí hay unos 500 empleados de 35 nacionalidades”, explica Liliana, administradora de empresas bogotana, quien está vinculada al máximo organismo del deporte mundial desde 1996.

Angélica y Carolina, las otras miembros del clan criollo, llegaron a Suiza hace poco. La primera, que se graduó como sicóloga y trabajó en el Comité Olímpico Colombiano varios años, está desde enero de 2007. Y la segunda, una guatemalteca hija de colombianos, es una de las encargadas de los servicios de protocolo y hospitalidad desde hace casi diez meses.

Del Quiroga para el mundo

Liliana Páez asegura que “trabajar en el Comité Olímpico Internacional es un enorme privilegio, pero igualmente una gran responsabilidad, porque así como un deportista que sale al exterior, suda una camiseta y defiende los colores amarillo, azul y rojo, uno también representa a todo el país. Aquí, gracias a lo que hacemos nosotras, los colombianos tienen fama de buenos trabajadores, dedicados y serios”.

Ella llegó al COI por casualidad. Hace poco más de 20 años decidió irse a estudiar a Canadá, pero durante el viaje sus planes cambiaron. Un amigo le ofreció un trabajo con una compañía multinacional de cruceros y se entusiasmó, porque siempre soñó con viajar.

Y en sus múltiples destinos aprendió inglés, francés, portugués e italiano. “Eso me ha ayudado acá, porque he pasado por muchos cargos. Trabajé en la tienda, en relaciones públicas, en promoción y ahora en el museo”, comenta Liliana, quien desde su oficina disfruta a diario de la hermosa vista sobre el lago Lehman y las montañas alpinas.

Claro que no todo ha sido color de rosa para ella. Para mantenerse, destacarse y ser reconocida por dirigentes deportivos de todo el mundo, ha tenido que librar duras batallas y demostrar su fuerte carácter. “Uno aquí no solamente se defiende con trabajo, sino también con temperamento. Si uno se deja, se la montan, así que hay que ser radical y exigir respeto”, dice Liliana, quien se crió en el barrio Quiroga, al sur de Bogotá, y estudio primero en el colegio Parroquial San Luis Gonzaga y después en la Universidad Santo Tomás.


Dirigentes de carrera

Aunque Liliana no necesitaba ayuda para hacer que el nombre de Colombia se escuchara en el COI, dos compatriotas suyas arribaron para ayudarla en esa misión. Angélica Castro, quien nunca practicó deportes, inició su carrera en la dirigencia por pura casualidad. Una amiga de la universidad le consiguió un trabajo en el Comité Olímpico Colombiano, en donde hizo de todo entre 1997 y 2007.

Y de tanto compartir con atletas, entrenadores y directivos, se fue enamorando de la actividad física hasta que hace dos años, por recomendación del secretario general del COC, Alberto Ferrer, postuló su nombre para trabajar en Solidaridad Olímpica, un departamento que se encarga de las relaciones del COI con los   comités nacionales.

“Nosotros organizamos intercambios técnicos y deportivos entre países, hacemos cursos de capacitación y, en general, apoyamos a los comités que lo requieren, tanto en la parte administrativa como académica”, explica Angélica, cuya oficina queda en la inmensa casa en la que vivió a comienzos del siglo pasado el barón Pierre de Coubertin, creador y promotor de los Juegos Olímpicos modernos.

Angélica, quien irá a Beijing a apoyar a la delegación colombiana y saludar a sus ex compañeros del COC, dice al respecto que “en Lausana, más que en cualquier otro lugar, se siente ese espíritu de integración y hermandad a través del deporte”.

Y la ‘adquisición’ de esta selección de Colombia en Suiza es Carolina Uribe, una talentosa jovencita de 23 años cuyos padres son de Medellín, pero se radicaron hace tres décadas en Guatemala. “Realmente me siento mitad colombiana, pues aunque no he vivido allá, desde chiquita me fasciné con su cultura y su gente. Además, el resto de mi familia está en la capital antioqueña y nosotros vamos cada dos años a visitarlos”.

Ella estudió administración de empresas en Guatemala y fue la directora ejecutiva de la organización de la Asamblea General del COI, que se realizó allá hace dos años. “Ahí me ofrecieron la oportunidad de trabajar con ellos por un año en el departamento de protocolo, eventos y servicios de hospitalidad para los Juegos en Beijing”, así que estará también en China apoyando a los colombianos.

Al igual que los deportistas, estas tres mujeres han trabajado duro para llegar a Beijing. Ellas no compiten ni se suben al podio, pero merecen una medalla por dejar en alto el nombre de Colombia en la entidad más importante del deporte mundial.

 

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