La ‘cosecha’ de Soler

Como colofón de nuestra ceremonia de premiación, presentamos ocho perfiles de algunos de los deportistas galardonados: el ciclista Mauricio Soler, el futbolista Diego Fernando Cortés, la tenista Mariana Duque, el ex ciclista Luis Alberto Herrera, el dirigente José Tapias, el técnico Jorge Luis Bernal, la golfista María José Uribe y la selección colombiana de patinaje.

Cada vez que los aficionados al ciclismo comienzan a olvidar las hazañas de los ‘escarabajos' en carreteras europeas, aparece uno que dice "presente" y se encarga de recordar que los mejores escaladores del mundo son colombianos.

Sucedió con José Chepe González, Santiago Botero, Freddy González, Víctor H. Peña, Félix Cárdenas e Iván Parra, quienes durante la última década defendieron exitosamente el prestigio del ciclismo nacional, conquistado en la época dorada por Martín Cochise Rodríguez, Alfonso Flórez, Lucho Herrera, Fabio Parra, Álvaro Mejía y Oliverio Rincón, entre otros.

En 2007, la ‘golondrina' que hizo verano fue Juan Mauricio Soler Hernández, un boyacense nacido hace 24 años en Ramiriquí, quien fue protagonista en el Tour de Francia pues ganó una etapa, se coronó rey de la montaña y estuvo entre los cinco primeros en tres fracciones más.

También se impuso en la Vuelta a Burgos, en España. Ganó una de las seis clásicas que corrió en Holanda, en las que siempre estuvo entre los cinco mejores. Fue el mejor escalador en el Gran Premio de Lugano y terminó segundo en la Milano-Torino. Una sensación de éxito que no es nueva para él. Mauricio es uno de los pocos deportistas en el mundo que se han dado el lujo de ganar la primera competencia en la que participaron.

"Tenía 15 años. Un día se corrió una prueba que se llamaba Carreras Campesinas y aproveché que mi hermano no estaba para ‘robarle' la bicicleta y participar. Aunque apenas sabía montar, gané con dos vueltas de ventaja sobre el segundo y así comencé a pensar que, de pronto, eso era lo mío", recuerda hoy Soler, convencido de que sus aptitudes para el terreno de ascenso se deben a que creció en las montañas y se acostumbró desde muy chico a superar elevadas cuestas.

Por esa época, Mauricio, al igual que sus padres (Manuel Antonio y María del Carmen) y sus cinco hermanos (Rosendo, Édgar, Gerardo, Ómar y Luz Dary), se dedicaba a las labores del campo, pues había dejado los estudios cuando apenas cursaba primero de bachillerato. En la vereda El Común cuidaba animales y sembraba arveja y papa, actividades que recuerda con cariño y que su familia aún realiza.

Pero él ya tenía nuevas ilusiones. De niño había escuchado las gestas de José Patrocinio Jiménez, coterráneo suyo, insignia del deporte en su región y uno de los primeros ciclistas colombianos contratados por un equipo europeo. Quería seguir sus pasos y convertirse en profesional del ciclismo con el apoyo o la "alcahuetería" de su madre, como él mismo lo dice, pues su papá se oponía rotundamente a que corriera, porque consideraba que "eso era una cosa de vagos".

No obstante, Mauricio Soler se vinculó a la escuela de ciclismo Santiago de Tunja y comenzó a correr en serio. Bajo la dirección de Lino Casas obtuvo varias victorias en el año 1999 y quedó segundo en la Vuelta Nacional del Futuro, lo cual hizo que don Manuel Antonio cambiara de opinión y le ayudara a comprar una bicicleta nueva.

Poco a poco se hizo conocer en el ámbito deportivo y, luego de correr una temporada para el equipo Café Salsumba, fue contratado por la escuadra de Chocolate Sol, con la que tuvo cuatro temporadas excelentes. En 2001 ganó el 80% de las carreras en las que participó, entre ellas la Vuelta al Porvenir.

El técnico que perfeccionó su estilo y le enseñó muchos secretos de la carretera fue el ex ciclista Serafín Bernal, para quien "Mauricio Soler demostró siempre su casta de ganador. Le gustaba poner las condiciones y mandar en el pelotón. Con nosotros también se impuso en la Vuelta de la Juventud del año 2004".

Soler admite que Bernal le señaló el camino correcto para convertirse en figura del pedalismo y que "fue una etapa de mutuo enriquecimiento". Sin embargo, el boyacense tampoco olvida a dos personas más que fueron fundamentales en el desarrollo de su carrera: "Lindon Borda, un señor de Ramiriquí que siempre ha estado ahí, pendiente de mí. Y Zoilo Pulido, quien hace algunos años me regaló dos millones de pesos para unas ruedas".

Con pasos de gigante

Mauricio demostró que tenía talento especial y por eso a nadie extrañó que el equipo Orbitel, dirigido por Raúl Mesa, pusiera sus ojos en él. Con la escuadra amarilla ganó nueve etapas y consiguió cuatro títulos generales en 2005. Tampoco sorprendió el anuncio de que correría la temporada siguiente con la escuadra italiana Acqua & Sapone, donde se destacó ganando una etapa, la montaña y la clasificación general y de novatos del Circuit de Lorraine. "Gané todo, sólo me faltaron las metas volantes", señala orgulloso.

"Ese momento fue complicado para mí. Viví solo en un apartamento durante tres meses y el idioma me dio duro, a pesar de que había estudiado un poquito. No entendía nada", recuerda Soler. Pero en este mismo tiempo conoció a Claudio Corti, quien lo llevó al Barloworld, el equipo de una multinacional surafricana de materiales de construcción con el que Mauricio tuvo temporada de ensueño.

"Verdaderamente me siento orgulloso de Mauricio Soler. Aposté por él y me respondió. Es un deportista con talento físico y mental, pero sinceramente no esperaba tanto de él en su primer año con nosotros", resaltó Corti, quien viajó desde Italia para acompañar a su pupilo a recibir el premio como mejor deportista de Colombia en 2007, según El Espectador.

Pero esas palabras de halago no son las únicas que recibe el escarabajo. Su técnico, Alberto Volpi, expresa: "Es todavía un corredor muy joven que puede mejorar mucho, especialmente en las etapas a cronómetro. Estamos haciendo trabajos aerodinámicos específicos para eso. Estoy convencido de que nos dará más satisfacciones, porque además es un hombre dispuesto a aprender y a recibir consejos".

"Quiero el podio del Tour"

Entre tanto, Mauricio Soler, quien durante 2007 corrió con una molestia en su muñeca derecha y actualmente se recupera de la reconstrucción de un cartílago que le solucionará este problema, se siente feliz por lo que ha conseguido, pero admite que sueña con lograr mucho más.

"Ya comencé a trabajar duro para correr Tour y Giro en 2008. La meta es subir al podio, no sé si pueda ganar, pero lo voy a intentar. Ya me di cuenta de que es posible", recalca con firmeza, pues ya se acostumbró a pelear deportivamente con los grandes pedalistas europeos.

Su equipo, que lo contrató por dos años más, también confía en él y por eso se reforzó para ayudarlo en grandes competencias por etapas. "Si todo sale bien, él será nuestro líder en el Tour", confesó su mánager Claudio Corti, quien esta semana inspeccionó los entrenamientos de Soler en su tierra natal.

Y quienes lo conocen bien no dudan de que cumplirá sus objetivos. En la carretera deja de ser un campesino humilde, callado y tímido y se convierte en un irreverente guerrero listo a destrozar deportivamente a sus rivales. Por eso está dispuesto a viajar rápido a Europa, así sea flojo para el frío. Al fin y al cabo han sido años de lucha y sacrificios como para claudicar ahora. "Yo soy terco, puede ser un defecto, pero en mi caso también es virtud porque me ha servido para seguir adelante y no darme por vencido", advierte.

"Porque no todo ha sido color de rosa. Me ha tocado sufrir mucho, especialmente por los accidentes, que algunas veces han sido feos y complicados. Cuatro veces he pasado por el quirófano por caídas. Hasta podría decir que soy un profesional en ellas", añade entre risas, mientras abraza a Claudia Patricia Flórez, su esposa, quien a su vez comenta: "Mauricio está lleno de cicatrices y raspones, en las piernas, en los brazos y hasta en la cara".

Es el precio de la constancia. Por eso, ni siquiera en días previos a las fiestas de Navidad y fin de año, Mauricio descuida su preparación y dedica buen tiempo a las terapias. Además sale todos los días a correr, en compañía de Aquiles, un perro labrador negro que siempre le pone paso acelerado y es el encargado de cuidar muy bien a su señora cuando él está en Europa.

"Yo realmente puedo decir que soy el mismo de siempre, con la misma rutina y mentalidad, aunque con mayor reconocimiento. No le veo problemas a firmar autógrafos o tomarme fotos con la gente. Eso es bonito y satisface", dice orgulloso, aunque se enfrenta con algo de miedo a la cámara de El Espectador, que capta una hermosa imagen: don Manuel Antonio y doña María del Carmen besando a su hijo Mauricio, minutos después de recibir el trofeo que lo acredita como el mejor deportista de Colombia.

La vida le ha cambiado. Hoy, además de ser un muchacho juicioso y trabajador que aún saca tiempo para ayudar a sus padres con los cultivos y los animales, también es un ciclista exitoso. Pero él ha sabido asimilar la fama y se adapta con facilidad a las situaciones. Tal y como lo hace en las competencias cuando aparece la pancarta de los últimos 10 kilómetros y sus rivales atacan. Con esa garantía seguirá defendiendo el prestigio del ciclismo colombiano en el Viejo Continente durante varias temporadas. Sólo que ahora estará más motivado, porque el año 2007 sin duda le dejó una muy buena cosecha.

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