De la reBelión a la trAdición

Desde que el torneo se dividió en dos por año, los equipos provenientes del ascenso han llegado a la última instancia, aunque los grandes en la mayoría de las  ocasiones se imponen.

De las finales se ha dicho que no se juegan sino se ganan; que al igual que los clásicos, el único verbo prohibido a conjugar en ellas es perder, o que son el deseo de muchos y la realidad de unos pocos; pero lo que no parecen tener es derecho de admisión. Al menos así lo demuestran las finales del rentado profesional colombiano e incluso varias internacionales.

En nuestro país, por ejemplo, desde que se acogió el sistema de dos torneos por año y la espera de conocer al campeón a fin de año, se acortó a junio primero y luego a diciembre, varios equipos que provenían del torneo de ascenso y cuyo primer —y único— objetivo era mantener la categoría, terminaron disputando y hasta ganando un título en la división de honor.

Ese fenómeno traspasó fronteras y fue así como Once Caldas y Liga Deportiva Universitaria de Quito levantaron la Copa Libertadores; Cienciano del Cusco y Arsenal de Sarandí hicieron lo propio con la Sudamericana, mientras en Europa, Grecia se llevó la Eurocopa de 2004 y el Zenit de Rusia acaba de arrebatarle la Uefa al Bayern Munich.

¿Cuestión de suerte? ¿Las distancias entre grandes y chicos se redujeron? ¿No hay ventajas en torneos tan cortos? Esos apenas son algunos interrogantes que buscan encontrarle explicación a la tendencia, que así como les ha permitido a los chicos convertirse en sorpresas, de igual manera marca el dominio de los tradicionales a la hora de inscribirse en el listado de campeones.

De hecho, de 2002 hasta ahora, en el torneo colombiano, sólo tres equipos alcanzaron su primera estrella (Tolima, Pasto y Cúcuta), Once Caldas dio la segunda vuelta olímpica, mientras entre los grandes se repartieron ocho así: Atlético Nacional con tres; Independiente Medellín, dos, y de a una, América, Atlético Júnior y Deportivo Cali.

A Real Cartagena sólo le alcanzó para ser subcampeón en el Clausura de 2005, pero su técnico Hernán Darío Herrera hoy se siente orgulloso de ese logro, el cual “se debe primero al trabajo serio y planificado, segundo a un proceso consistente y también a una continuidad que se respalde con el buen momento de los jugadores para sacar el máximo provecho en estos torneos cortos, donde la actitud y el factor anímico también desempeñan un papel fundamental”.

De igual forma, ‘El Arriero’ sabe que fue una alegría efímera porque vivió en carne propia la impotencia de no poder sostener el nivel, debido a que “de inmediato venden a los jugadores importantes, se pierde la columna y, como son equipos que no tienen un patrimonio, su nómina por ende no es estable y en el caso nuestro, se tuvo que desbaratar todo el plantel y ahí se vino abajo”.

Ese mismo caso fue el de Néstor Otero con el Huila, finalista del Apertura 2007, todo un sueño que fue posible gracias a que “ahora todos los equipos se preparan por igual, nadie respeta a nadie, ni mucho menos se gana de camiseta”.


Pero así como a heroicos y opitas el tanque les duró poco, otros se han sostenido. La Equidad y Chicó son claros ejemplos de ello. Los aseguradores disputaron con Nacional el título del Clausura pasado y los ajedrezados hoy buscan la primera estrella en La Independencia, tras cuatro clasificaciones consecutivas a cuadrangulares.

El equipo bogotano, además, dejó de mirar la tabla del promedio para encabezar la de la reclasificación, que podría permitirle su estreno internacional y esa campaña, según su técnico Alexis García, obedece al “entusiasmo y al envión, propios del ascenso, también por la novedad de estar en la máxima categoría que contagia a su vez a los directivos que tienen la mente puesta en un proyecto y como es a corto plazo, estos factores permiten llevarlo a uno hasta allá”.

Y para evitar que sea una alegría pasajera, “se debe pensar más a largo plazo con seriedad, no es solamente el fragor o la euforia del momento, sino creer y apostarle a un proceso”.

Jorge Luis Pinto fue incluso más allá, porque cree que es posible que haya “chicos que se transformen en grandes y ese es el caso del Cúcuta Deportivo”. Él ayudó a ese cambio, en el cual se conjugaron varios factores como “la responsabilidad y el respeto hacia la camiseta, e igualmente el respaldo masivo de la afición”.

De igual forma, para el actual seleccionador nacional, es fundamental “contar con jugadores que al no ser de élite, muestran un mayor compromiso y una mejor disposición hacia el trabajo”.

De esos tuvo Óscar Héctor Quintabani en el Pasto para consagrarse en el Apertura 2006, pero igualmente el colombo-argentino contó con una nómina de lujo en Nacional y logró el bicampeonato el año pasado, para convertirse en el técnico más finalista y, sobre todo, ganador.

Y al haber estado en polos opuestos, antes que diferencias, encontró siempre el mismo propósito: “Uno compite por ganar y cuando está mentalizado en hacerlo, a veces no interesa el color o la historia”.

Por eso mismo no se quedó con alguna de las dos consagraciones, porque en ambas pudo “ganar, lo cual es una satisfacción incomparable, y la palabra campeón es tan linda que siempre se disfruta igual”.

En Cifras

19

Son los técnicos que han dirigido en finales, bajo el nuevo sistema del campeonato nacional.

3

Entrenadores extranjeros llegaron a la última instancia: Dragan Miranovic, Miguel López y Óscar Quintabani.