“El accidente no me afectó en absoluto”

El piloto polaco Robert Kubica, de 24 años de edad, ha tenido que sortear muchos obstáculos en su carrera deportiva y personal hasta hoy, que se ha convertido en protagonista de la F-1.

La vida tiene sus paradojas y el polaco Robert Kubica, el actual líder la Fórmula Uno, lo sabe a la perfección. Hace un año, en el circuito Gilles Villeneuve, cuando perdió el control de su monoplaza a 230 kilómetros por hora en la curva 10, y mientras su máquina volaba y se destruía contra el muro, entendió que todo tiene su momento.

Para él no era el de la muerte, pues pese al impacto, que hizo temer lo peor, el hombre de 1,84 metros y 73 kilos de peso, algo atípico para un corredor de F-1, se levantó de la cama del hospital y tan sólo tuvo rtos.

Y Kubica regresó no sólo para decir presente sino para mostrar que tenía el talento suficiente para ser protagonista de la máxima categoría del automovilismo mundial. También regresó a Canadá con la certeza de que tenía que enfrentar con fortaleza los recuerdos del accidente.

Pero esta vez, el mismo trazado que le había sido esquivo, el mismo escenario en el que estuvo a punto de morir, se convirtió en su gran aliado y en el mejor escenario para lograr su primera victoria en la Fórmula Uno con el equipo BMW-Sauber y, de paso, adueñarse del primer lugar de la clasificación general de pilotos, algo que no estaba dentro del libreto, pero que por los juegos del destino se convirtió en realidad.

A Kubica la vida le sigue mostrando que las oportunidades existen y que lo importante es saber aprovecharlas. Nació en Polonia el 7 de diciembre de 1984, en un país sin mucha tradición automovilística y por ello, para cumplir con su sueño, tomó la decisión de viajar a Italia, para medirse con los grandes, cuando apenas tenía 14 años; enfrentó y derrotó a jóvenes como Nico Rosberg y Lewis Hamilton, que en ese entonces tenían sus mismas aspiraciones.

Los resultados en el kartismo, en el que sobresalió su triunfo en el Open Masters Junior de Italia, le sirvieron para encontrar un espacio en el automovilismo y para ser parte del programa de jóvenes talentos de Renault. Pero allí, Kubica no se sintió cómodo y los buenos resultados estuvieron ausentes y como consecuencia de ello las críticas comenzaron a ser parte de su presente.

Pero el polaco, grande en estatura, también se hizo grande frente a las críticas y no se dejó vencer. Recaló en la Fórmula 3 y su debut en Norisring fue promisorio y con victoria. No obstante, lo que se pensaba iba a ser una gran temporada, se terminó diluyendo y el factor económico comenzó a ser un inconveniente para su carrera automovilística.

El retiro estuvo rondando en su mente como opción, pero en su camino se encontró con Joan Villadelprat, quien le dio un volante para la World Series en Epsilon Euskadi y el impulso necesario para continuar con su carrera ascendente. Kubica se la jugó entero y consiguió el campeonato y la mejor manera para corresponderle a Villadelprat su confianza.

El polaco quería ir más lejos y su deseo de llegar a la F-1 se mantenía firme e incólume. Gracias al título obtenido tuvo la


posibilidad de probar en el R25 con el que Fernando Alonso se tituló campeón y sus resultados fueron satisfactorios, pero no suficientes para convencer a los dirigentes del equipo francés.

Caso contrario sucedió con BMW, que había comprado la escudería Sauber. Los alemanes creyeron en el polaco y le dieron un espacio en el equipo como piloto de pruebas. Tiempo después, a la salida del canadiense Jacques Villeneuve, le entregaron la responsabilidad de reemplazarlo en el Gran Premio de Hungría de la temporada de 2006.

Desde ese entonces, Kubica no ha dejado de sorprender. En su tercer año como piloto de F-1 ha subido cuatro veces al podio y es el líder del campeonato con 42 puntos, por delante del británico Lewis Hamilton (McLaren Mercedes) y del brasileño Felipe Massa (Ferrari), ambos con 38. Un verdadero suceso del ‘Gran Circo’ de la velocidad y un hombre llamado a hacer historia.

¿Qué ha cambiado tanto para que logre estos resultados? ¿El carro o usted?

El carro es similar al del año pasado. Mi problema era que no lograba ponerlo a punto y no podía sacarle nunca el máximo. Esta temporada cambié de ingeniero (el español Antonio Cuquerella ha asumido el puesto), hemos hecho algunas modificaciones y todo ha funcionado mucho mejor.

¿Se siente ya el líder del equipo?

No creo que lo sea ni tengo necesidad. Lo único que me importa es hacer bien mi trabajo, correr todo lo que pueda y tratar de mejorar. Al final, eso es lo que cuenta: mantenerte concentrado en tu trabajo para poder ganar.

Fernando Alonso siempre lo elogia. Asegura que, de la nueva generación, usted es el mejor.

Somos muy amigos y me gusta que diga eso. Le aprecio mucho como piloto y persona. Y sé que cuando dice algo es porque lo piensa realmente. No es alguien que esté pendiente de la imagen, de la mercadotecnia o, simplemente, de quedar bien. Si un bicampeón mundial (2005 y 2006) afirma eso de mí, es para sentirme satisfecho.

Mantienen una buena relación, ¿no es cierto?

Sí. Jugamos a las cartas muchas veces y es el único piloto del paddock con quien nos encontramos incluso fuera de las carreras para ir a cenar o para hablar. Sin embargo, casi nunca hablamos sobre la Fórmula 1 en sí misma.

¿Pueden tenerse amigos en el ‘paddock’?

Es difícil porque te cruzas con mucha gente que da mucho más valor a la competición que a los aspectos humanos. Me siento bien con Fernando y le considero un amigo. Evidentemente, saludo y estoy bien con todo el mundo. Pero sólo con él mantenemos los contactos fuera de los circuitos.


Actualmente Renault va por detrás de BMW y su escudería no acaba de alcanzar a Ferrari...

Comenzamos bien la temporada y en Barcelona parecía que teníamos un ritmo similar al de McLaren. Pero en Turquía algo falló y McLaren se distanció de nosotros y se acercó a Ferrari. Creo que hemos recuperado terreno con algunas modificaciones que hemos hecho en el embrague. Pero lo inamovible es que Ferrari siempre está tres o cuatro décimas por delante de todos.

De vuelta a Canadá, ¿cómo recuerda el accidente que sufrió en Montreal el año pasado?

Me acuerdo de todo. Y constato que cuando entras en un monoplaza ya sabes que estás corriendo un riesgo. En Montreal me tocó a mí. Pero, afortunadamente, la seguridad de los pilotos ha mejorado de forma sustancial en los últimos diez años. Nunca tuve la sensación de que había sido tan impactante. Desde fuera, visto por la televisión, parecía impresionante. Pero yo no lo viví de la misma forma.

Mientras ocurría, no podía hacer nada. Y luego, cuando el coche se paró, moví todas mis extremidades para comprobar que no me había roto nada y me quedé tranquilo. Recuperé la calma y pensé que, a pesar de todo, no me había ocurrido nada.

¿Volver a Montreal le refrescó la memoria?

No. En todo caso, el accidente me habría debido venir a la cabeza cuando volví a competir dos carreras después de aquello. Y no me afectó en absoluto. En Magny Cours incluso me quedé sorprendido porque ni una vez pensé en él. Soy consciente de lo que me ocurrió, pero no ha tenido ninguna repercusión ni en mi forma de conducir ni en mí.

¿Se ha producido una gran explosión en Polonia con su llegada a la Fórmula 1?

Sí. Hace sólo cuatro años, la F-1 era desconocida. Ni siquiera podían verse las carreras por la televisión. Este año el interés todavía ha crecido más porque mis resultados son mejores. Y todo eso ha despertado un movimiento hacia este deporte. Hay muchos niños que quieren pilotar. Pero hay pocos recursos y pocas posibilidades de desarrollo. Nos falta mucha cultura automovilística.

¿Ve posibilidades hoy de luchar con los Ferrari y los McLaren en el Gran Premio de Francia?

En Canadá tuve fortuna. Pero si echamos la vista atrás, en Mónaco, en Turquía... Allí las diferencias eran grandes. Trataremos de aprovechar la penalización a Hamilton y sumar la mayor cantidad de puntos. Pero tengo que mantener los pies en el suelo. Debemos seguir dando pasos para reducir la distancia.

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